A quién le importa la verdad

La condena a Infobae y TN por difundir una noticia falsa sobre una mujer es una buena noticia. Sin embargo, 1 de cada 10 casos llegan a la justicia, porque es caro y engorroso para muchas personas litigar contra esos gigantes, que priorizan sus intereses comerciales y políticos a la rigurosidad informativa. La indiferencia de una parte importante de la población por la veracidad de los hechos estimula prácticas reñidas con el oficio periodístico.

 domingo, 25-noviembre-2018


Camilo Ratti

Una de las principales razones de que Jair Bolsonaro ganara las elecciones en Brasil fue la sofisticada campaña de noticias falsas (fake news) que llevó a cabo por whatsapp contra el candidato del PT. Dos años antes, Donald Trump se benefició con la misma estrategia para derrotar a Hillary Clinton, y Evo Morales perdió el referéndum para reformar la constitución de su país por el efecto devastador que tuvo en la opinión pública la paternidad de un hijo que nunca tuvo.

En el plano local, no hay ningún analista serio que pueda decir que la feroz campaña del Grupo Clarín a través de Jorge Lanata contra Aníbal Fernández no melló las chances de derrotar a María Eugenia Vidal en las elecciones de 2015 para la gobernación bonaerense. La versión que vinculaba al exjefe de Gabinete de Cristina con el narcotráfico se cae a pedazos tres años después, pero ¿quién te quita lo bailado? podría decir Macri, que se ufana de ser un gran danzarín. El resultado bonaerense fue clave para el triunfo de Cambiemos.

La degradación del periodismo se supera día a día y pasamos de la posverdad a las fake news. La condena judicial a Infobae y a TN por difundir una noticia falsa sobre una mujer de la Villa 31 debería ser una noticia alentadora, salvo porque es la excepción a la regla. “De cada 10 casos de personas que son víctimas de una noticia falsa, 9 desisten de ir a la justicia”, explica a este portal Darío Villarruel, especialista en temas judiciales.

Para el periodista y abogado, hay explicaciones judiciales y periodísticas. Entre las primeras, que para litigar en la justicia hace falta dinero y tiempo. “Las causas pueden demorar años y se necesitan recursos para tasas judiciales, abogados, etc. Mucha gente que me consulta desiste cuando le explico cómo funciona el sistema y el costo que puede tener”, dice Villarruel.

Distinta es la actitud de los funcionarios públicos, políticos o empresarios. Según el entrevistado, la mayoría no inicia causa ni reclama el resarcimiento económico. “A veces ni exigen derecho a réplica, salvo que sean personajes muy poderosos, como pasó la semana pasada con Rosenkratz y el diario Ámbito Financiero. El diario tuvo que cederle la tapa al presidente de la Corte Suprema por una información inexacta, ni siquiera era falsa”.

condenan a infobae y tn por falsa noticia.

La justicia condenó a Infobae y TN por difundir una noticia falsa sobre una mujer y deberán indemnizarla y publicar el fallo en sus medios.

Quien se siente injuriado por una noticia falsa puede recurrir a la justicia y tiene todas las posibilidades de ganarle al medio que la difunde. “En Argentina está el delito de injuria, pero el derecho a réplica no existe en la legislación, es por jurisprudencia, pero acá rompemos todos los límites en cuanto a la deshonra. En Estados Unidos los medios se tienen que cuidar, incluso tienen un seguro por mala información, calumnias o injurias, acá lo patean para adelante, prefieren la tapa aunque sea mentira, porque la condena tardea mucho tiempo”, advierte Villarruel.

Real malicia

La teoría de la real malicia está estipulada en la legislación argentina y el que la sufre tiene muchas chances de demostrarlo en sede judicial y ganar el pleito, como pasó con Infobae y TN. Sin embargo, Villarruel opina que ambos medios van a apelar: “Es un fallo de primera instancia y sentaría jurisprudencia”.

De todas maneras, para esos gigantes mediáticos es más rentable hacer trampa y asumir las consecuencias económicas de una noticia falsa, que preocuparse por la verdad. vSobre todo en el caso del Grupo Clarín, que en boca de uno de sus columnistas estrellas ejerció “un periodismo de guerra” contra el kirchnerismo.

Con un gobierno debilitado por la crisis económica autoinfligida, que habilita a que incluso muchos aliados de peso salgan a pegarle a los tobillos –UIA, el campo, periodistas oficalistas-, empiezan a salir a la luz la falsedad de muchas noticias que influyeron decisivamente en la opinión pública para torcer el resultado electoral en el 2015.

¿Cuál es la novedad? Que los testimonios frente a las pantallas no se condicen con las declaraciones realizadas en sede judicial. Los propios denunciantes reconocen que fueron operaciones políticas que terminaron resultando decisivas en las pasadas elecciones nacionales. Por nombrar los casos más emblemáticos que desfilaron por el programa de Jorge Lanata –la infantería de Magnetto contra CFK-, está el del financista Federico Elaskar, quien ahora dice haber mentido para perjudicar a la expresidenta. Y aunque hay que esperar la sentencia, la palabra de quien fue partícipe de una promocionada operación mediática se devalúa al ritmo de la moneda argentina. Mañana podría decir lo contrario de lo que ahora afirma.

Lo mismo pasó con Miriam Quiroga, la supuesta exsecretaria de Néstor Kirchner que dijo haber visto bolsos de dinero que luego en la justicia desmintió, como también se comprobó que nunca fue su secretaria. Y el más cinematográfico de todos: el condenado Martín Lanatta (con doble T) protagonista junto a su hermano y Víctor Schillaci de una fuga de película en diciembre del 2015. “Nos usaron para las elecciones, para perjudicar a Aníbal Fernández. Era más peligroso estar en la cárcel que escaparse. Si no me retractaba de las acusaciones me iban a matar”, señaló Lanatta ante el juez Juan José Ruiz. Si es verdad o no lo que dicen los acusados lo determinarán los jueces, pero las consecuencias políticas no tienen vuelta atrás. No hay historia contrafáctica.

acusacion a anibal.

Las acusaciones periodísticas en el programa de Jorge Lanata contra Aníbal Fernández tuvieron un impacto decisivo en las elecciones de 2015.

Ni Ruta ni Cuadernos

Otra denuncia periodística que la justicia acaba de desbaratar es la que vinculaba a Máximo Kirchner y Nilda Garré con supuestas cuentas secretas en el exterior, causa inciada a partir de un artículo del periodista Daniel Santoro, de Clarín, en plena campaña del 2015.

El juez Martínez de Giorgi, que nadie puede señalar como kirchnerista, dictó el sobreseimiento porque “los hechos investigados no se cometieron”. Y aunque el fallo dice que “la formación del proceso no afecta el buen nombre y honor del que hubiere gozado”, para los lectores de Clarín y seguidores del multimedio eso importa poco y nada. Nadie les va a sacar de la cabeza que el mayor de los Kirchner y la exministra de Defensa son corruptos.

Para Villarruel, el caso bautizado mediáticamente como “la Ruta del Dinero K” es el antecedente del de los “Cuadernos de Centeno”. “El chofer nunca fue careado con los acusados, ni siquiera con Baratta, el secretario de De Vido que viajaba en el auto con él. Y el careo es clave para saber si el denunciante miente, porque en el expediente no se puede comprobar la existencia de bolsos, ni si había dinero, o si existió una extorsión de los funcionarios hacia los empresarios implicados. Está claro que hay un laburo de la SIDE sabiendo que algo de todo esto es cierto, pero son indicios, no pruebas. Cuando llegue a juicio oral esta causa va a ser un papelón”.

cuadernos chofer centeno.

La información que sale en los medios sobre la causa de “los Cuadernos” no siempre coinciden con lo que los acusados declaran en la justicia.

La disociación entre la información que circula en los medios y lo que efectivamente dicen los testimonios judiciales en esta causa, llega al absurdo cuando los arrepentidos apelan la decisión de Bonadío. “Si vos apelás, quiere decir que no dijiste lo que supuestamente dicen los medios que dijiste. El chofer confiesa en tribunales datos que no tienen que ver con la asociaicón ilícita, en todo caso está denunciando una coima, pero con ese delito no se llega a Cristina”, explica Villarruel.

Lo mismo pasó con otro casos emblemáticos relacionados a la corrupción política: Amira Yoma fue absuelta por la justicia. O Telleldín, que tiene un juicio millonario contra el Estado por las acusaciones –mediátias y judiciales- que recibió en la causa AMIA y luego fue absuelto.

Noam Chomsky, uno de los más brillantes intelectuales estadounidenses que estudió a los medios durante años, dijo hace poco que “la desilusión con las estructuras institucionales ha conducido a un punto donde la gente ya no cree en los hechos. Si no confías en nadie, por qué tienes que confiar en los hechos. Si nadie hace nada por mí, por qué he de creer en nadie”.