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Acorralado

Sturzenegger mantuvo la tasa de interés de referencia en 27,25 por ciento. Tras una semana en que tuvo que intervenir vendiendo dólares en el mercado cambiario, el Banco Central está acorralado por el dólar y la inflación. La gestión macrista admite, por primera vez, que en nuestro país esos dos elementos están íntimamente relacionados.

 Miércoles, 14-marzo-2018

El titular del Banco Central envía señales de alarma al resto del equipo económico de Cambiemos.


Febrero no parece haber sido el mes más próspero en las luchas económicas del gobierno. La inflación se aceleró y eso trajo sus consecuencias: el Banco Central anunció que mantendrá la tasa de interés de referencia en 27,25 por ciento. El organismo que conduce Federico Sturzenegger no puede relajar la política monetaria, asediado por la alta expectativa de inflación.

“El Banco Central seguirá monitoreando esta situación, y no relajará su política monetaria hasta que se confirmen señales de desinflación compatibles con el sendero buscado”, dice el comunicado que emitió el BCRA. Ese sendero no es otro que el de acercarse lo más que pueda al 15 por ciento fijado como meta. Sin embargo, en el propio comunicado el Banco Central admite que “la inflación esperada para 2018 aumentó de 19,4% a 19,9% para el nivel general y de 16,9% a 17,1% para el componente núcleo”. Con este comienzo de año en materia inflacionaria, no sorprende.

De todos modos, Sturzenegger y los suyos no dan el brazo a torcer e insisten en que “esa aceleración de precios es temporaria”. Y llegó, como ya nos tienen acostumbrados, la promesa: “Completadas buena parte de las correcciones tarifarias y apaciguada la dinámica cambiaria local, la inflación consolidará su tendencia a la baja“.

El comunicado del BCRA parece un compendio de las excusa de siempre, pero trae una novedad: por primera vez, desde el oficialismo se hace referencia al dólar como variable inflacionaria. El texto asegura que el Banco Central intervino en el mecado porque “una depreciación mayor a la ya ocurrida no estaría justificada” y que, “de no evitarse, tendría el potencial de ralentizar el proceso de desinflación”.

Traducido: el propio BCRA admite que, si no intervenía, el precio del dólar subía mucho sin sentido y que cuando eso pasa se genera inflación.

La intervención en el mercado cambiario, según dice ahora el gobierno, se mantendrá en un “esquema de flotación cambiaria con intervenciones ocasionales”. Esta semana, la realidad le pegó varios cachetazos y tuvo que salir a vender dólares de las reservas. Para colmo de males, después (cuando decidió mantener la tasa) tuvo que admitir lo que ya todos sabemos: el aumento del dólar se traslada a precios.