Adiós al último faro de la rebeldía y la libertad

A los 91 años, falleció Osvaldo Bayer, el escritor, periodista e intelectual anarquista que nos hizo más libres y más sabios.

 lunes, 24-diciembre-2018

La hija del escritor informó la noticia de su muerte por las redes sociales.


Bettina Marengo

Murió Osvaldo Bayer, uno de los principales intelectuales argentinos y una de las mejores plumas de la izquierda de América Latina. Tenía 91 años. Le arrebató 20 años a la vida: allá por 1997, siendo coordinadora de la revista Umbrales del Cispren, dudamos mucho en pedirle una nota sobre el tema “concentración de medios”, porque lo afectaba un cáncer y desde su entorno nos sugirieron que no convenía molestar al maestro, porque se moría.

Osvaldo Bayer fue escritor, anarquista, periodista, sindicalista e investigador crítico de la historia. Militante activo de los derechos humanos y de los derechos de los pueblos originarios. Libertario y ateo, se fue en vísperas de la Navidad, como corresponde a un tipo que miró al mundo al revés y criticó a todos los poderes del mundo.

Fue calificado de “gorila” pero pocos como él se pararon del lado de los trabajadores y de los pobres. “Aunque lo neguemos airados, en el fondo, somos todos peronistas. Hasta los que no lo somos, pero disimulamos para que no nos llamen gorilas”, escribió en el diario Página 12 en 2003, frente al (luego malogrado) ballogate entre Carlos Menem y Nestor Kirchner.

Su libro más conocido, “La Patagonia rebelde”, es la investigación de la matanza de peones en los sucesos de la Semana Trágica, durante la presidencia del radical Hipólito Yrigoyen, de la cual se van a cumplir 100 años en enero. Sin esa obra de cuatro tomos y su develada historia seríamos menos libres.

Escribió también “Los anarquistas expropiadores y otros ensayos”, “Fútbol argentino”, “Rebeldía y esperanza”, “Rainer y Minou” (novela) y el clásico anarquista “Severino Di Giovanni, el idealista de la violencia”.

Perseguido por todas las dictaduras argentinas y especialmente por la última, en los 70 se exilió en Alemania, país al que consideró su segunda nación.

Osvaldo fue un faro de lucidez y cuando hablaba, el resto callaba. Arrastraba fama de chinchudo y de pocas pulgas, pero la única vez que lo entrevisté, en el marco de una actividad que había organizado el Sipos contra la privatización del agua en la ciudad de Córdoba, se dejó preguntar con paciencia y respondió extenso y lleno de acotaciones que bifurcaban temas, mientras se tocaba de a ratos su barba blanca desde siempre. Tenía un manejo del lenguaje tan profundo que podía hablar llano y claro. Algunos dicen que partió un sabio, y es así. Pero sobre todo, se fue un rebelde, un díscolo del poder que abrió surcos en las luchas por la igualdad y la libertad.