Darío Gomez Pucheta

Doctorando en Administración y Políticas Públicas

columnista alreves.net.ar

Amazonas y la invisibilidad de la abundancia

Una de las mayores reservas de biodiversidad del mundo, otra vez se ve gravemente afectada por la acción del hombre. (Foto: Dra. Eugenia Barile)

Los incendios forestales del Amazonas son una catástrofe que parece no ser dimensionada por los gobiernos de la región y mucho menos por el de Brasil.

En el mes de mayo de 2019 tuve la oportunidad de conocer el Amazonas peruano. Describir las vivencias no alcanzaría en esta breve columna. Pero si puedo mencionar mi parecer sobre la vida en el Amazonas, que caracterizo de equilibrio. Aun en tiempos de la revolución digital y telecomunicaciones, las poblaciones de la selva viven en un armonioso equilibrio con la naturaleza, en la que la reciprocidad de estas con la selva da lugar a la regeneración de la vida. El Amazonas les brinda el aire puro, el 20 % del agua dulce del planeta, la más rica diversidad del plantas y animales de todos los tamaños y colores, muchos aun no descubiertos por la ciencia. Sus pobladores toman solo lo necesario, no necesitan acumular, tampoco les serviría por las condiciones climáticas, solo deben considerar la crecida del río en la temporada de lluvias.

Pude compartir algunas noches con miembros de la comunidad Yagua, durmiendo en sus viviendas, compartiendo su cultura, escuchar su lengua y aproximarme a sus valores. La representación televisiva que se construye (y que ellos mismos usufructúan) de que son indios con taparrabos, no es una realidad univoca, ya que la penetración cultural y la inoculación de valores mercantilistas ya esté en muchos de los pobladores de la selva. Son los mismos que migran a las grandes ciudades para acceder a lo que muestran las pantallas como “el progreso y la civilización”. Lo que no es otra cosa que salir de la selva para buscar un trabajo precario, para sufrir la marginalidad en “los ¿paraísos? urbanos del mundo occidental”.

Boaventura de Sousa Santos (1), describe en su libro “Una epistemología del Sur” que el paradigma del mundo europea occidental este en crisis, que la mirada del mundo capitalista que tiene como centros a Europa, EE UU y las extensiones de ese mundo en el resto del planeta, está en crisis. Afirma que lo que los occidentales capitalistas hemos perdido en esa representación del mundo piramidal, en la que el varón blanco europeo se encuentra en el vértice superior; es la capacidad de aprender de las culturas del sur. De ese sur no geográfico que representan todxs lxs pobladores del mundo que no acceden a los niveles de consumo como modo de vida del ese norte asociado al progreso. Se trataría de ese 99% que hablaban los movimientos surgidos en la crisis económica de 2008 como Occupy Wall Street y los Indignados españoles.

La cultura occidental, ha construido una línea que invisibiliza lo que no es igual, lo que no es semejante a la representación del hombre o mujer europea del mundo capitalista; por eso las sociedades indígenas son adjetivadas como: “primitivas”, “bárbaras”, “salvajes” y toda forma descalificativa, que sostenga el status quo de esa pirámide que se construyo a fuerza de colonización, matanzas, evangelización; imperialismo, matanzas, “educación”; globalización, matanzas y penetración cultural.

Los rostros del Amazonas es la de los americanos, tan nativos como la selva que es parte constitutiva y sustento de sus vidas. Esos rostros que para quienes fuimos educados como europeos desterraos producto de las colonizaciones y guerras mundiales, son los rostros de los pobres, los mismos rostros que vemos en las villas de emergencias y barrios urbano marginales de las grandes ciudades, esos rostros del sur político que nos invita a ver Boaventura. Estos en el Amazonas están colmados de la abundancia que les provee la naturaleza con su clima tropical. En ese hábitat no se precisa a acumular, solo se toma lo que se necesita: alimentos, frutas y se preserva el árbol que las provee, el agua se bebe y se usa sin ser contaminada con químicos, los animales se cazan para alimentarse, y se festeja por ello, se celebra que la madre tierra brinde los alimentos.

El planeta esta crujiendo y no es por el consumo de todxs. Sólo el 1% de la población se está quedando con el 82% (2) de la riqueza que produce el planeta. La invitación está hecha, y la necesidad es urgente: ya es hora de que corramos el velo, que miremos al otro lado, desde el norte parece que nos dirigimos “por un único camino posible”; la propuesta del note es por todxs conocida, deberemos deconstruir aprendizajes y la soberbia del citadino cuasi europeo; reconocernos parte de ese sur político que también existe en el norte geográfico, entre los afrodescendientes, los excluidos por la desocupación, les migrantes que mueren en el mar Mediterráneo, las mujeres que construyen una revolución contra la objetivación machista, lxs asiáticos, africanos, sudacas, indios, putos y tortas, todxs somos el sur.

El Amazonas natural es el sur, preservarlo es sostener la vida y es proteger la riqueza y diversidad socioambiental del planeta; es poder ver y cuidar un mundo de abundancia, que nos impiden mirar.

Notas:
1- De Sousa Santos, B. (2009). Una epistemología del Sur. México. Ed. Siglo XXI.
2- “El 1% de los ricos del mundo acumula el 82% de la riqueza global” (y las críticas a estas cifras de Oxfam) Ver informe