Cerdos sin diamantes

Además de que el 87% de las exportaciones de soja son destinadas a China, ahora el gigante asiático junto al gobierno argentino planea externalizar también la producción de carne porcina a nuestro país, trasladando los riesgos ambientales y sanitarios que implican esos sistemas de producción industriales masivos conocidos como feedlots.

 Martes, 28-julio-2020

Argentina negocia un acuerdo con China para que, además de la exportación de soja, ahora produzcamos carne porcina bajo sistemas industriales que contienen muchos riesgos ambientales y sanitarios.


El debate en torno a si Argentina debe seguir un modelo económico agroexportador y/o industrial, avanza y retrocede dependiendo del momento histórico, las presiones del poder económico, la coyuntura mundial y la voluntad política del gobierno de turno. Frente al evidente industricidio que nos dejó la gestión de Cambiemos – sumada a la crisis provocada por la pandemia – la principal salida parece continuar siendo la primera opción.

A los 9 millones de toneladas de porotos de soja exportados el año pasado a China, ahora el gigante asiático proyecta, junto al gobierno argentino, sumar la producción de algo así como 9 millones de toneladas de carne porcina para abastecer a su país. Lo que es visto como una “gran oportunidad” por los grandes empresarios vinculados al mundo del agronegocio – Biogénesis Bagó, principalmente – , fue rechazado rotundamente por grupos ambientalistas e intelectuales que advierten sobre los graves peligros que traería aparejado esas factorías de cientos de cerdos hacinados: desde problemas en los sistemas inmunológicos de los animales, hasta los riesgos para la salud humana frente a la posible aparición de virus resistentes a los antibióticos.

Por otra parte, otros de los ítems que remarcan los especialistas, es que este acuerdo entre China y Argentina podría ocasionar una mayor exigencia de producción y exportación de soja- ya que la mayoría se destina al engorde de chanchos – profundizando el monocultivo, generando un fuerte impacto ambiental y afectando nuestra soberanía alimentaria. Si bien el comunicado oficial habla de “un proceso prudente, supervisando las buenas prácticas e incorporando tecnología de punta”, para la periodista y autora de “Malcomidos”, Soledad Barruti, “el problema va a saltar igual”. “Hay que abandonar el sistema de producción industrial y pensar otro que no dañe el medio ambiente y mejore las condiciones del sujeto productivo más empobrecido del mundo: el trabajador rural. Es otra deconstrucción que necesitamos hacer de una forma patriarcal de pensar al mundo y a las personas”, expresó a Radio Nacional.