Camilo Ratti

 

columnista alreves.net.ar

Condenados al éxito

Como señaló Raúl Zaffaroni en su reciente paso por Córdoba, la verdadera grieta sigue siendo la polarización Norte-Sur. La discusión es la misma que hace 200 años: Colonialismo o Soberanía. Solo han cambiado los métodos. Ya no hacen falta ejércitos de ocupación, el sometimiento se ejerce a través de la deuda. Y los acreedores no responden a un Estado poderoso, sino a grupos trasnacionales del sistema financiero, que se comió de un solo bocado al productivo.

En todo caso, los popes de la política internacional que aterrizarán a fin de mes en Buenos Aires, ofician de lobistas de esos pulpos que ni billetes utilizan. El capitalismo actual se mueve con números y cifras abstractas que tienen un solo límite: acrecentar las ganancias en el menor tiempo posible del 1% más rico que concentra la riqueza de un 60% de la población mundial, según los últimos datos de las Naciones Unidas.

Donald Trump, Vladimir Putin o Xi Jimping serán los platos fuertes de la próxima cumbre del G20, a realizarse el 30 de noviembre y el 1 de diciembre en la ciudad que el PRO gobierna desde 2007. Frente a esos líderes, Mauricio Macri tiene un solo logro para mostrar en tres años de gestión nacional: la aprobación de un Presupuesto que sólo profundizará la recesión, con un ajuste que en el mejor de los casos será de 400 mil millones de pesos. La condición sine qua non para recibir los 57 mil millones que le prestó el FMI, el pulmotor sin el cual el gobierno no terminaría su mandato.

Todo lo demás es una sucesión de promesas incumplidas por parte del “mejor equipo de los últimos 50 años”, que bien vale la pena recorrer para dimensionar la estafa consumada por los revolucionarios de la alegría.

Lo más fácil no era tan fácil

El miércoles de esta semana el Indec publicó el Índice de Precios al Consumidor de octubre: 5,4%, lo que acumulado llega a una inflación del 39,5% en lo que va del año y de 45,7% si se toman en cuenta los últimos doce meses. La proyección para fin de año es del 50%, y de confirmarse esos pronósitcos el 2018 será el año de mayor inflación desde 1991, cuando Menem y Cavallo pusieron en marcha el Plan de Convertibilidad para contener la híper que se había deglutido a Alfonsín dos años antes.

alta inflacion y desplome salario real.

La alta inflación y la abrupta caída del salario real afecta a trabajadores y jubilados, fundamentalmente.

“La inflación es lo más fácil de solucionar, es la muestra de la incapacidad de un gobierno”, se ufanaba Macri antes de ser Presidente. Uno de los rubros que más impacta en el IPC y en la economía de los más humildes es el precio de los alimentos, ya que muchos están atados a la variación del dólar en un sector concentrado, que traslada al mercado interno los productos que exporta. Sin contar octubre, en 2018 la moneda se devaluó un 118% y el dólar pasó de costar 9 pesos en diciembre del 2015 a 37 la semana que culmina.

Desplome del salario real

Bajar los salarios en dólares era una de las metas de Cambiemos cuando llegó al gobierno, objetivo que se cumplió y no para beneficio de trabajadores y jubilados, precisamente. Mientras en 2015 Argentina se ubicaba como el país con el mejor promedio de Sudamérica medido en billetes verdes, la megadevaluación nos colocó por debajo de Ecuador, Brasil o Chile, naciones que siempre estuvieron por debajo del nuestro.

Lo más grave es la drástica caída del salario real, es decir, la cantidad de bienes y servicios que se podían comprar hace tres años y ahora con un ingreso. Mientras indicadores oficiales ubican esta caída en el 13% del 2016 al 2018, fuentes sindicales advierten una pérdida de poder de compra mucho mayor: 49% entre octubre del 2015 y el mismo mes del 2018. Más allá de estas diferencias, en un dato coinciden todos los análisis: 2018 será el año de mayor caída después del 2002.

la atadura de la deuda.

La dominación del Norte sobre el Sur se ejerce a través de la deuda, y Argentina es el que más se endeudó de los países emergentes.

TN: Todo Negativo

“Lluvia de inversiones”, “trabajo privado de calidad”, “desarrollo industrial” eran los tópicos del discurso presidencial cuando el segundo semestre prometía estar a la vuelta de la esquina y la luz al final del túnel uno de los tantos desvaríos de Gabriela Michetti, que el tiempo se encargaría de transformar en una guillotina para los intereses populares.

Si la única verdad es la realidad, la economía es implacable con Macri y elenco: caída del 4,1% en la construcción, 18,9% en inversiones en lo que va del año, 9,4% en las ventas minoristas, 21.3% en importaciones y 11,5% de caída industrial en el último año.

Aunque los grandes industriales lo bancaron –y lo siguen bancando-, la performance del sector es lapidaria: 11 de los 12 bloques registraron caídas, el 60% de los empresarios cree que la demanda va a seguir bajando y la capacidad instalada del sector que más valor agregado incorpora a la producción ronda el 63%, el más bajo en los últimos 16 años.

Los números son fríos, pero las consecuencias tienen nombre y apellido. Las políticas macristas destruyeron 92.800 puestos de trabajos industriales, que en el universo laboral son los más calificados y perciben los mejores salarios. Precisamente los que el Presidente prometió multiplicar como panes y peces.

Atados de pies y manos

Si el yugo colonial en el siglo XXI se ejerce a través de la deuda, el actual gobierno reforzó las cadenas de la dependencia: 153 mil millones de dólares en tres años. El 92,7% del PBI, cuando en septiembre del 2015 representaba el 41,2%.

“Pesada herencia” es la que deberá afrontar quien gane en octubre del 2019, ya que dos tercios de la deuda la tendrá que pagar quien ¿reemplace? a Mauricio Macri en la Casa Rosada. Según datos oficiales, en 2022 habrá que cancelar deuda por 57 mil millones de dólares, más que las actuales reservas del Banco Central.



La “crisis”, que los medios hegemónicos han transformado en un sujeto sin rostro o una suerte de conspiración mundial en contra de las buenas intenciones de la fórmula Macri-Lagarde, es el resultado de políticas decididas para beneficiar a los poderosos de siempre, tengan o no residencia en el país. Con los datos a la vista, nadie duda que la patria “offshorista” se tragó a la populista-productiva.

Para evitar que ese demonio exprese su descontento contra los titiriteros de arriba a fin de mes, principalmente contra el republicano de armas tomar, la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, propone a los porteños tomarse el finde largo para disfrutar un paisaje mucho más amigable que el de una ciudad militarizada.

No vaya a ser que los poderosos del norte se asusten con las células anarquistas que parecen haberse despertado de una larga siesta de cien años.