Miguel A. Ferreras

 

columnista alreves.net.ar

¿Cuál economía poner en marcha?

En estos días de cuarentena se discute en Argentina cuándo y cómo poner en marcha la economía que se ha visto paralizada por la disposición gubernamental del aislamiento social obligatorio, que impone la prohibición de circular a todes aquelles que no participen de prestaciones consideradas esenciales. En esta discusión se intenta presentar a la protección de la salud de todes en contraposición con la economía cuya paralización se considera, con buenas razones, imposible de sostener por mucho tiempo. Se argumenta incluso que dicha paralización terminará afectando a la salud de todes tanto como el coronavirus.

Una economía que enferma

El anterior modo de plantear la situación, que tiene aspectos válidos, oculta otros que nos pueden ayudar a afrontar mejor el proceso de salida de la cuarentena. Se oculta o se olvida que no hay una sola economía, y que la actualmente hegemónica ha producido muchos efectos socialmente nefastos que incluso vienen afectando gravemente la salud de todes desde mucho antes del coronavirus, sin que nos detuviéramos a intentar frenar esas consecuencias con mayor esfuerzo.

Una economía que utiliza técnicas de producción y de distribución de bienes y servicios que concentra fuertemente las riquezas producidas, dejando en el camino a millones de excluidos, fuera del mundo del trabajo y del alcance de sus necesidades básicas. Simultáneamente infringe daños ambientales que se evidencian en una catastrófica pérdida de biodiversidad con el exterminio de miles de especies vivas. Aumenta también la temperatura media del planeta, cambia el clima y hace casi irrespirable el aire de muchas metrópolis, con el consiguiente saldo de enfermedades de diverso tipo.

Podemos entonces decir que es una economía que viene afectando desde hace tiempo y gravemente la salud de todes, a nivel orgánico, psíquico y social, y sobre todo a nivel de los procesos por los cuales cada comunidad busca y lucha por un acceso a condiciones y prestaciones dignas de salud.

¿Existen otras economías posibles?

¿Podemos perder esta oportunidad de pensar y poner en marcha otras economíEs (con “E” que alude y convoca a la diversidad) que no atenten contra la salud de las mayorías y permitan la construcción de espacios de producción e intercambios más justos y solidarios? No se trata de encaminarnos a un idílico comunismo pero sí de dejar TAMBIÉN espacios, que contando con fuertes incentivos del Estado y de diversos actores de la sociedad, comiencen a generar modos innovadores de producción e intercambio, que den prioridad a los bienes y servicios imprescindibles para aquellos que no tienen satisfechas sus necesidades básicas. Habrá que encontrar indicadores que suplanten a los tradicionales del productivismo, porque se trata de construir comunidades con alto nivel de autonomía que produzcan progresivamente los bienes y servicios que se requieren para una vida digna, tal como esa comunidad lo considere.

Es difícil imaginar cómo procesará esta situación la economía hegemónica, pero sería suicida dejar la suerte de la mayoría del pueblo librada a sus posibles enmiendas o supuestas buenas intenciones. La distinción entre prescindible e imprescindible que presenté en una nota anterior (ver https://alreves.net.ar/prescindibles-o-imprescindibles/ ) es una herramienta útil para explorar nuevas posibilidades en el actual contexto.

Un desafío para todes

El desafío es aprender de lo que ya nos ocurrió, por caso con la llamada “revolución verde” que desde mediados del siglo pasado, utilizando criterios e indicadores de evaluación del productivismo capitalista, y la ciencia y tecnología de punta, prometió acabar con el hambre en el mundo. En vez de eso produjo: a) barreras de patentes, para proteger los fertilizantes y plaguicidas que inventaron (agrotóxicos dañosos para la salud y el ambiente); b) disminución de la diversidad de los cultivos; c) concentración de la propiedad de la tierra y de la riqueza; d) desempleo de campesinos que debieron emigrar a las ciudades; e) y por último un corte en la cadena biológica de reproducción de la vida vegetal, al desarrollar semillas genéticamente modificadas, susceptibles de ser patentadas y apropiadas por muy pocos. Cualquier analogía con las promesas realizadas por el neoliberalismo en la Argentina en 2015, que le permitió llegar al gobierno, NO es casualidad.

En oposición a los “paquetes tecnológicos” de los actuales agronegocios, podemos señalar algunos de los cambios que tenemos el desafío de realizar: a) garantizar libre accesibilidad y fácil reproducción de los fertilizantes y plaguicidas agroecológicos compatibles con el sostenimiento de la biodiversidad y la salud de todes; b) asegurar el derecho de acceso al uso gratuito de la tierra de los pequeños productores; c) generar el marco legal que facilite el funcionamiento de organizaciones sociales participativas que gestionen la producción e intercambio de lo producido con criterios de justicia y solidaridad; d) integrar a las organizaciones populares de producción e intercambio con los sectores científicos y tecnológicos que dispone el Estado para asegurar la máxima eficacia y sostenibilidad ambiental y social de los bienes y servicios producidos. Hay que destacar que los aspectos científicos y tecnológicos están ya resueltos en sus aspectos centrales, nos falta sólo la decisión política de dar un marco legal y de apoyos económicos para que TAMBIÉN estos modos de producción e intercambio puedan tener presencia en nuestra patria. No nos queda demasiado tiempo para hacerlo. La soberanía alimentaria, la promoción de la salud y la construcción de hábitats adecuados para estas comunidades es una urgencia y su atención puede ser bisagra para las economíEs de los pueblos.

La opción es: TAMBIÉN

Poner en marcha las áreas paralizadas de la economía hegemónica implica optar por un procedimiento terapéutico que resulta iatrogénico, que produce enfermedad en su intento de curar, se trataría entonces de poner en marcha TAMBIÉN otras ecnomíEs que no sólo no afecten a la salud sino que promuevan el bienestar de las grandes mayorías populares, fortaleciendo sus capacidades organizativas y de innovación colectiva. Existen en nuestro país organizaciones sociales (de la economía popular, la agricultura familiar, de trabajadores de la tierra y organizaciones campesinas) de la pequeña empresa, y capacidades científicas y tecnológicas de libre disponibilidad, que sólo requieren una mayor promoción y apoyo del Estado, de los medios de comunicación y del conjunto del pueblo, para que estos horizontes se hagan realidad.