Cuando el río suena, arena trae

No solo de las exportaciones vive la mal llamada Hidrovía. La arena silícea es otro de los millonarios negocios que acrecientan el interés por el Río Paraná. El “nuevo oro” es requerido para el fracking que utiliza la industria petrolera y la principal empresa que está a cargo de su extracción es Arenas Argentinas del Paraná, perteneciente al Grupo Jan de Nul: la firma belga que concesiona desde hace 25 años la Hidrovía.

 jueves, 20-mayo-2021

En febrero de este año, productores entrerrianos denunciaron que sus campos se estaban inundando por la extracción de arena del Río Paraná con destino a Vaca Muerta.


Si la mal llamada Hidrovía ya es un botín preciado al ser la principal ruta por donde sale el 80% de las exportaciones del país, apareció otro elemento que acrecienta el interés económico sobre el Río Paraná: las arenas silíceas.

El llamado “nuevo oro” es muy requerido en la industria petrolera, puntualmente para la técnica del fracking o fractura hidráulica que permite la estimulación de pozos en yacimientos de hidrocarburos no convencionales. Teniendo en cuenta la gran expectativa que genera a futuro, Vaca Muerta necesitaría alrededor de 8 millones de toneladas de arenas silíceas por año si el proyecto alcanza su máximo desarrollo.

Lo cierto es que el negocio ya está en funcionamiento desde hace unos dos años y la principal empresa que se dedica a la extracción del material es Arenas Argentinas del Paraná, perteneciente al Grupo Jan de Nul: la firma belga que tiene la concesión del dragado y balizamiento de la Hidrovía – junto a Emepa S.A – desde hace 25 años y que ahora mantiene el control del río en virtud de la prórroga de 90 días que resolvió el gobierno nacional.

Según informó Página 12, el 80% del mineral usado en Vaca Muerta proviene del Río Paraná y es Entre Ríos la principal proveedora: ya comercializó un millón y medio de toneladas. Casualmente, fue esa provincia la primera en prohibir el fracking en el año 2017: una práctica fuertemente cuestionada y rechazada por las organizaciones socioambientales a raíz del enorme riesgo de contaminación del agua subterránea y el fuerte consumo de la misma que implica cada perforación.