“Cuando lo capturan en Bolivia, en su mochila encuentran libros”

A través de un cariñoso recuerdo, un amigo de la infancia y el hermano menor reconstruyen y humanizan a Ernesto Guevara antes de que fuera el Che. A 53 años de su asesinato en Bolivia por orden de la CIA, Carlos “Calica” Ferrer y Juan Martín Guevara evocan a un niño inquieto y travieso que organizaba expediciones en las sierras de Córdoba y que luego se transformó en un joven de lectura voraz, divertido y “molesto”. “El que mejor sacó esa mezcla de soñar y hacer que tenían mis padres, fue Ernesto”, consideró su hermano.

 viernes, 9-octubre-2020

Ávido lector, de carácter divertido y con espíritu combativo: así fue Ernesto Che Guevara hasta el último día de su vida.


Hace 53 años se detenía el sueño de exportar la Revolución Cubana a Sudamérica. Un 8 de octubre de 1967, el Ejército Boliviano capturó a Ernesto Che Guevara y lo asesinó al día siguiente en la localidad de La Higuera por orden de la CIA. “Cuando recibí la noticia, pensé que lo iban a juzgar como habían hecho con Régis Debray y Ciro Bustos”, recuerda Carlos ‘Calica’ Ferrer, amigo de la infancia. “Quisieron aparentar que había muerto en batalla, pero después nos enteramos que lo asesinaron en La Higuera”, agrega durante una entrevista con La 990. “Ese momento significó la derrota del proceso revolucionario y que todavía está pendiente”, reflexiona Juan Martín Guevara, su hermano menor.

Un lector voraz, según rememoran. “Cuando lo capturan en Bolivia y se encuentran con su mochila, tenía libros”, dice su hermano. A través de un recuerdo plagado de cariño y anécdotas, ambos reconstruyen a Ernesto Guevara antes de que se convirtiera en El Che. “¿Nació Che? No. Tenía papá, mamá, tenía hermanos, jugaba a la pelota. Mal, pero jugaba a la pelota”, bromea su hermano. “Era un tipo común, en una familia que no era muy común”, resume. De acuerdo a su relato, vivieron en una familia “nómade, gitana” que se trasladó mucho, con un padre “loco, soñador y nostálgico” y una madre muy lectora y exigente. “Esa mezcla de soñar con cosas y hacerlas, el que mejor la sacó fue Ernesto”, asegura a FM La Barriada.

“Llegó a Alta Gracia en 1932 y el médico que lo atendió era mi padre. Ahí nació nuestra amistad”, narra Carlos “Calica” Ferrer. “Siempre andaba con algún invento para hacer juegos nuevos. Como vivíamos cerca del monte, organizaba expediciones. Era cacique, tenía iniciativas y era muy afectuoso con sus amigos y hermanos”, comenta. “También se mandaba sus barrabasadas y travesuras como cualquiera”, afirma. “Cuando él tenía 20 años, yo tenía cinco. No funcionaba como padre sustituto, sino como un tipo jodón. Venía a buscarte para hacer algo que te guste o para molestarte, pero siempre para jugar”, describe su hermano y asegura que así continuó siendo durante su vida de “revolucionario”.

Que la revolución no te robe el humor

En una relectura de las cartas que El Che enviaba a funcionarios y dirigentes, Juan Martín Guevara conserva respuestas muy ingeniosas. Ante la solicitud del ministro de Economía, Regino Boti, de un aumento de ejemplares de la revista Confederación Médica Panamericana, Ernesto Guevara – ministro de Industria en ese entonces – le confirma que cumplirá con el pedido, pero le advierte que “la revista es una porquería”. “Y mi opinión general, es que las porquerías no cumplen funciones políticas que, probablemente, es lo que usted pretenda”, le retruca.

Otro momento que trae a colación su hermano es cuando le cuestiona la “tirada” de una publicación de psiquiatría a Eduardo Ordaz, director del Hospital de La Habana. “Tengo una curiosidad: ¿cómo pueden imprimirse 6300 ejemplares de una revista especializada cuando ni siquiera hay esa cantidad de médicos en Cuba? Me asalta una duda que lleva mi ánimo a los umbrales de una psicosis neuroeconómica: ¿estarán las ratas usando las revistas para profundizar sus conocimientos psiquiátricos? ¿O tal vez cada enfermo tenga en su cabecera un tomo de la publicación?”, ironiza en la misiva de 1964. “En serio, la revista está buena. La tirada intolerable. Créemelo, porque los locos siempre dicen la verdad”, se despide simpáticamente.

El espíritu divertido y alegre fue algo que mantuvo intacto hasta en situaciones muy difíciles. “En medio de la guerra contra Batista, en una columna venía Camilo Cienfuegos y en otra el Che. Se comunicaban con handi”, cuenta Juan Martín. “He escuchado grabaciones en donde se hacían chistes. Y estaban a los tiros”, señala riéndose. En ese sentido, milita la “desmitificación” del Che. “Hay que humanizarlo para que interpele y busques ser como él”, concluye quien confiesa ser “hermano de sangre de Ernesto” y “compañero de ideas del Che”.