Miguel A. Ferreras

 

columnista alreves.net.ar

Cuando volver es cambiar

Escuchar a la Mecha Sosa cantando “Todo Cambia” como telón de fondo de una mesa de Mirta Legrand, con la sonrisa socarrona de una casi centenaria servidora de los poderosos, era un espectáculo difícil de asimilar para muchos, a finales del 2015. Esos efectos se vuelven abrumadoramente en contra cuando el cambiar se asocia con el volver. Un volver que anuncia un revisar para mejorar, no para repetir. Los juegos con palabras y con las expectativas populares tienen sus límites y los han encontrado en estos momentos en Argentina. Cambiar requiere precisar qué, cómo y para qué y volver, requiere aclarar quiénes, para qué y cómo.

El pasado al que no se desea volver

Los signos de escritura como otras formas de registro pueden ser pensados como marcas realizadas para volver sobre ellas. Volver no implica repetir mecánicamente su lectura, sino más bien reinterpretar esos registros, a la luz de la situación y momento en que esto ocurre. Por eso el macrismo no puede evitar que al volver sobre los registros de sus promesas electorales del 2015, sean reinterpretados como el pasado al que no se desea volver: al engaño y las falsas promesas.

Un cambio emblemático

El cambio de personajes de la historia Argentina, por animales en los billetes de nuestra moneda, ilustra uno de los cambios sobre los que debemos volver y reinterpretar. Un personaje para el olvido, que opera a la sazón como jefe de gabinete de Macri, ha reconocido como uno de sus mayores logros simbólicos el cambio realizado en las imágenes de los billetes considerándolo como el cambio “de la muerte por la vida”. Ante tamaña barbaridad que pretende sepultar la historia que nos constituye como nación cabe preguntarse: ¿es que, por caso, San Martín y Belgrano no viven aún en el corazón de cada Argentino y en la misma noción de patria?, ¿los animales que ilustran los actuales billetes, no mueren?, ¿no son acaso incluso exterminados por algunas prácticas humanas que destruyen y degradan el ambiente reduciendo a límites inaceptables la biodiversidad disponible? Los autores desconocen la diferencia entre los límites temporales de la vida de cada individuo, con la continuidad temporal de las especies, olvidando que en la especie humana esta continuidad se da en la historia y en las organizaciones sociales.

Para estos olvidables personajes del macrismo, ¿la “vida” de estos animales estaría reducida a la de mascotas que conservamos en zoológicos, o en otras reservas de millonarios excéntricos, para deleite de los visitantes?, ¿nunca se habrán detenido a pensar que no hay vida sin muerte?, y con mayor razón cuando la vida es entregada para que otros puedan vivir mejor.

Este cambio en los billetes, un medio de intercambio que identifica a una nación, es emblemático de una ideología que concibe como único horizonte la acumulación de poder y de riqueza, y disfrutan de la vida como de un espectáculo que le proporcionan sus propiedades, sin preguntarse por la finitud de la propia, o por el sentido de la historia.

Lenguaje, técnica y política

“El lenguaje es un ordenamiento eficaz de esa enigmática abundancia del mundo. Dicho sea con otras palabras: los sustantivos se los inventamos a la realidad. Palpamos un redondel, vemos un montoncito de luz color de madrugada, un cosquilleo que nos alegra la boca, y mentimos que esas tres cosas heterogéneas son una sola y que se llama naranja.” (Palabrería para versos, 1926, en El tamaño de mi esperanza). Al volver sobre las marcas dejadas por Jorge Luis Borges, que vive aún entre nosotros en el modo de una sentida ausencia, podemos, en diálogo con él, por mucho que les pese a los eliminadores de los próceres en los billetes, interpretarlas en el contexto de estas líneas y decir que: el lenguaje, y los lenguajes en general, pueden ser pensados como modos de reducción de la complejidad del mundo, como técnicas para poder conocerlo e intervenir sobre él. La política es un modo de intervenir en el mundo y en este caso las técnicas utilizadas también pueden ordenarse como técnicas o tecnologies situadas o sitiadoras. Ver mi anterior columna Tecnologias, elecciones y comunicacion

Entre las sitiadoras la técnica de prometer desde una conducción la realización de lo que interpreta que el pueblo requiere, con discursos del tipo: “escuché, entendí y haré…” construye escenarios para el dominio. Son técnicas cerradas en sus propios dispositivos de dominio, diseñadas para condicionar a otros actores. La técnica de borrar la historia en los billetes y reemplazarla por especies animales congeladas en el tiempo, es un caso típico de tecnología sitiadora.

Entre las situadas están las técnicas de interpretar colectiva y participativamente la situación para transformarla en beneficio del pueblo. Son técnicas abiertas que dependen de todes nosotres, que apuestan a la creatividad, participación y capacidad transformadora de un pueblo organizado. Por esta vía encontraremos las precisiones que el volver y cambiar nos demandan.

El lenguaje describe y construye mundos y a las prácticas políticas que los habitan, pero toda práctica humana y los mundos en que habitan exceden, desbordan, al pincel que las delinea.