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Desequilibrio mortal

Un estudio publicado en la revista Nature demostró el vínculo entre la destrucción de ecosistemas y las enfermedades originadas en el mundo salvaje. El avance de las fronteras agrícolas y la modificación del uso de suelos por la explotación ganadera son partes de la cadena de efectos que desembocan en potenciales pandemias.

 Jueves, 6-agosto-2020

Los incendios intencionales provocados en el delta del río Paraná comenzaron en febrero y afectaron más de tres mil hectáreas de las denominadas islas. Los pastizales naturales, donde habitan cientos de especies de aves y animales, son incendiados cada año por los terratenientes para colocar ganado.


La conversión en el uso de los suelos para la explotación agrícola y ganadera es el foco de un nuevo estudio científico publicado por la revista Nature y que se dedicó a explorar los vínculos entre las enfermedades que se originan en los animales salvajes y su paso a los humanos, como sucedió con la pandemia de coronavirus, y antes con el HIV, el Sars o el Zika.

Según el trabajo, realizado en unas siete mil comunicades de animales salvajes de seis continentes, demostró que la destrucción o daño de ecosistemas salvajes propician la multiplicación de ratas, murciélagos y otros pequeños animales vectores de patógenos y virus, como el Covid-19, mientras que las enfermedades más letales para el ser humano encuentran un acceso rápido que potencia su dispersión en los conglomerados urbanos.

La conversión de ecosistemas naturales en campos para cultivos o pastoreo, como sucedió en el caso del Delta del río Paraná, afectado por incendios desde febrero pasado y convertido en una emergencia ambiental que está afectando a más de tres mil hectáreas de pastizales en la ribera entrerriana, es el principal factor de riesgo para la dispersión de nuevas pandemias, debido al desequilibrio que provoca entre las especies predadoras, que abandonan esos territorios, y permiten de esta manera la proliferación de ratas, murciélagos y otros animales pequeños que se adaptan fácilmente a entornos urbanos y trasladan los patógenos que luego llegan a los humanos.

El estudio encontró que la presencia de enfermedades zoonóticas aumentaba 2,5 veces en los sitios con ecosistemas degradados, mientras que la proporcion de especies capaces de transportar estos patógenos se incrementaba en un 70% con respecto a los ecosistemas inalterados.

La investigación, desarrollada por un equipo de científicos del Centro para la Investigación de la Biodiversidad y el Medio Ambiente del University College de Londres y del Intituto de Zoología de Londres, mostró que el crecimiento de la población y la destrucción de los ambientes salvajes, conlleva al cambio en las poblaciones de animales e incrementa el riesgo de brotes de enfermedades, con lo cual el control y la asistencia sanitaria deben ser reforzadas en las áreas donde la naturaleza está siendo destruida.

“A medida que las personas convierten un bosque nativo en un campo cultivable, lo que están haciendo de manera inadvertida es generar mayores posibilidades de contacto con animales que llevan enfermedades”, dice David Redding, del Instituto de Zoología de Londres, en una entrevista con el diario The Guardian. “Entonces hay que invertir mucho dinero en hospitales y tratamientos”, agrega, para señalar las contradicciones entre la lógica del crecimiento económico como justificación para la degradación ambiental. “La pandemia de Covid-19 alertó al mundo de la amenaza que representan las enfermedades zoonóticas para los humanos”; agrega Richard Ostfeld, del Cary Institute of Ecosystem Studies en el informe de Nature. “Con este reconocimiento se dispersó una percepción errónea de que la vida salvaje es el origen principal de las enfermedades zoonóticas, pero este estudio presenta una correción importante: la gran amenaza zoonótica aparece donde las áreas naturales están siendo convertidas en pasturas ganaderas, tierras para cultivos y áreas urbanas”, agrega el investigador.