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Raúl Dellatorre

Editor General de Motor Económico

columnista alreves.net.ar

Deuda, una caja sorpresa para abrir con cuidado

El paso del ministro de Finanzas por el Congreso dejó varios elementos de análisis que pasaron desapercibidos detrás del tumultuoso final y huida de Luis Caputo del lugar del encuentro. Las referencias del ministro a la deuda dejó mucha tela para cortar. Entre otras, el cuestionable criterio de que “el nivel de endeudamiento es el reflejo del déficit fiscal, en cinco años eliminaremos el déficit y desaparecerá la necesidad de endeudarse”, con lo cual demostró cierto olvido sobre otros desequilibrios externos que, aun sin déficit, harían imprescindible, con la actual política económica, seguir endeudándose. Los números que ofreció, proyectando la evolución de la deuda hasta más allá de 2021, pretendieron ser la demostración de un programa de “endeudamiento sostenible”, cuando en realidad podrían marcar el camino a una crisis externa, simplemente teniendo en cuenta la inexactitud de ciertos supuestos y unos cuantos “olvidos”.

Datos y omisiones

De acuerdo a los propios datos oficiales, aunque el titular de Finanzas no los presentó de esa forma, la deuda pública total al 31 de diciembre último ascendía a 334.934 millones de dólares. Esta cifra equivale al 59 por ciento del producto bruto. Representaría un aumento del 16 por ciento sobre la cifra de fines de 2016 (288.447 millones), y del 32 por ciento sobre la de diciembre de 2015 (253.989 millones). Lo que sí admitió Caputo es que, en dos años, “la deuda bruta creció 80 mil millones de dólares”, pero “la deuda neta, 64 mil millones”, concepto en el que deja de lado la deuda con organismos del propio Estado (por ejemplo, del Tesoro con el Banco Central o con Anses).

Caputo eligió hablar de deuda neta y no bruta, es decir los compromisos con el sector privado y con organismos internacionales. Al 31 de diciembre pasado, representaban 166.268 millones de dólares, aproximadamente la mitad de la deuda total. Eso es lo que le permite al ministro decir que “la deuda representa el 30 por ciento del PBI” o, más ajustadamente, 29,6 por ciento de un PBI estimado de 562 mil millones de dólares.

Proyecciones

“La deuda es el reflejo del déficit, uno se endeuda porque tiene déficit. Hablar del ritmo de la deuda es decir el ritmo al que baja el déficit”, explicó Caputo pretendiendo ser didáctico. Así, sostuvo que “un déficit primario (volveremos sobre este concepto) de 5,5 puntos del PBI no se baja de un momento para otro, porque tendría un impacto en la gente que menos recursos tiene. Una política gradual quiere decir que vamos a reducir el déficit fiscal en cinco años, un punto por año”.

¿Qué es lo que revela con sus dichos el ministro? En primer lugar, una concepción firme sobre política fiscal: si hay que bajar el gasto o aumentar impuestos, los que van a sufrir son los sectores de menores ingresos. Afectar a los más ricos ni se le cruza por la cabeza, el mensaje es claro: si tiene que bajar el déficit de golpe, los candidatos a pagar las consecuencias son los ubicados desde la mitad de la escala de ingresos para abajo. En esto, no se le puede negar coherencia.

La otra cuestión a revisar es la magnitud del déficit y la baja de un punto por año. El ministro toma el criterio del FMI para describir el déficit y habla de “déficit primario”, no del déficit total. Este último es el que incluye en la cuenta el pago de intereses de la deuda (déficit primario más intereses, igual a déficit fiscal total). ¿Por qué? Porque el criterio que impone el FMI es que el balance primario “debe” dar un resultado favorable (superávit) que permita pagar los intereses. El pago de los intereses es el objetivo, el gasto primario es la variable a ajustar. Toda una definición política a partir de las prioridades.

Deuda e intereses

Pero mientras crece la deuda, crece el monto a pagar de intereses. Esto se ve en la evolución que el propio gobierno reconoce de 2016 en adelante, que sería la siguiente:
El déficit primario se irá reduciendo, año a año, del 4,2 por ciento del PBI (años 2016), al 3,8 por ciento (2017), 3,2 por ciento (2018), 2,2 por ciento (2019), 1,2 por ciento (2020) y 0,2 por ciento del PBI (2021).
El pago de intereses de la deuda pasó de 1,6 punto del PBI (2016) a 2,1 puntos (2017) y en ese mismo nivel se mantendría en los tres años siguientes (2018, 2019 y 2020) para bajar luego a 1,9 puntos del PBI (2021).
De tal modo, el déficit fiscal total resultante pasó de 5,8 puntos del PBI en 2016, a 5,9 puntos en 2017, y bajaría a 5,3 puntos en 2018 si se cumpliera que la proporción de intereses sobre el PBI se mantuviera en el 2,1 por ciento. Lo que queda claro es que, incluso con las cuentas que hace el gobierno, mientras baja el déficit primario, sube el déficit por intereses, en algunos años incluso compensando la primera baja y provocando un aumento en el déficit total. La deuda es siempre la deuda.

Caputo estima que a partir de 2022 la administración nacional podria tener superávit primario y por lo tanto comenzaría a desendeudarse, por esa relación directa y simple que hace entre déficit y deuda. Pero, para que las cuentas le cierren al ministro, necesitaría, en principio, que se le cumplan unas cuantas hipótesis fuertes:
Que el país mantenga un nivel de crecimiento del PBI, año tras año del 3 al 4 por ciento.
Que en el mundo no suban las tasas de interés, para poder mantener estable la relación entre intereses y PBI, como proyecta.
Que la deuda interna de organismos como el Banco Central no terminen en alguna situación explosiva. Las Lebac, por caso, representan una deuda en pesos que paga intereses al año equivalentes a 2,5 puntos del PBI.
Que la inflación interna y las presiones de los lobbies exportadores no empujen para arriba el ritmo de devaluación.
Y, fundamentalmente, que no continúen o desaparezcan mágicamente los otros desequilibrios o déficit del sector externo, que el ministro directamente omitió en su estimación de un “endeudamiento sostenible”.
Así lo sostuvo el ex diputado nacional y titular del Instituto Pensamiento y Políticas Públicas de Unidad Popular, Claudio Lozano. “Si hoy Argentina no tuviese déficit fiscal debería endeudarse igual, porque tiene un déficit monumental en sus cuentas externas: déficit en su balanza comercial, en su balanza de turismo, en el pago en dólares de los intereses de la deuda pública, en la fuga de capitales y en la remisión de utilidades, pago de servicios y royalties. Las exportaciones argentinas solo cubren 6 de cada diez dólares que Argentina necesita. Hay un agujero de casi 40.000 millones de dólares que se cubre con 30.000 millones de nuevo endeudamiento e inversiones de cartera especulativas”.

Papelitos mediante, Caputo ya no estaba ante la comisión bicameral cuando llegaba la hora de aclarar estos temas.

Publicado en Página 12