Gisela Veritier

 

columnista alreves.net.ar

Dólar, el auténtico quid de la cuestión

Ya estamos transitando una Depresión. ¿Cuál es la diferencia con la recesión?: que ésta última es una desaceleración de un ciclo económico que se da cuando cae el PBI durante dos trimestres consecutivos, en cambio una depresión viene acompañada de una disminución sostenida de la producción y del consumo con un aumento del desempleo, disminución de la inversión por la restricción de crédito más quiebras y un tipo de cambio volátil con hiperinflación o deflación.

Según las Normas Internacionales de Información Financiera (NIC 29 o IAS 29, Información financiera en economías hiperinflacionarias), un país posee una hiperinflación cuando tenga una inflación proyectada de más de 100% en tres años, situación encuadrada dentro del informe del The Center for Audit Quality (CAQ) “Monitoring Inflation in Certain Countries” en Argentina para 2019.

Este escenario se da dentro de un plan de austeridad acordado con el FMI y basado en 3 ejes: ajuste fiscal, contracción monetaria y flotación cambiaria. Un plan que barre con el consumo y la producción surgido porque (según lo dicho por el mismo Fondo Internacional durante las reuniones mantenidas con referentes de la oposición durante la auditoria previa al desembolso de 10.800 millones de dólares en marzo de 2019) se pidió un plan de estabilización y no un plan de crecimiento y desarrollo a largo plazo.

¿Estabilizar qué? Justamente el dólar: luego de la retracción de capitales internacionales sumado a la peor sequía de los últimos 50 años, más déficit gemelos, más errores propios de la gestión económica del gobierno, se implementó el plan del fondo que llevo a que la industria tenga la peor caída de la actividad desde el 2002 y al peor año desde el 2008 (en el cual se había sumado la crisis global de las subprime con los efectos de la resolución 125).

En los últimos días vimos que el dólar venia bajando sin embargo luego comenzó a subir nuevamente producto de diferentes factores como la duda en la categorización del país como mercado emergente o el dato de alta inflación de enero de 2.9% y cuando se proyecta que en febrero sea de un 3.5%, obligando otra vez al BCRA a intervenir subiendo la tasa de interés (vía licitación de Leliq). Esto muestra la vulnerabilidad a la que sigue sujeta nuestra golpeada economía la cual no resistiría otra corrida cambiaria y donde el trade-off entre tasa de interés y dólar no afloja en la disyuntiva de bajar la tasa lo suficientemente rápido como para que la economía se reactive lo más rápido posible o lo suficientemente lento como para que el dólar no se dispare.

Argentina nuevamente va a tener decrecimiento económico en 2019 (-1.8% según CEPAL y -2.3% según OCDE) donde las palancas de la Demanda Agregada: Consumo, Inversión, Gasto se encuentran contraídas y las Exportaciones no tienen suficiente peso como traccionar una recuperación (salvo que tengamos un contexto internacional altamente favorable, que no es el caso). Vemos así la ausencia de una política de desarrollo con un plan de estabilización surgido producto de muchos errores y con daños que se van a prolongar en el largo plazo.