El agua no será para todos

El agua comenzó a cotizar en la bolsa de valores de Wall Street, junto con el oro, el petróleo, la soja y otros recursos a los que se suma a partir de la promesa de su escasez. Se trata de un valor que se aplica a los derechos de uso y que permitirá a municipios, agricultores y empresas adquirir acciones para en un futuro beneficiarse con el préstamo de ese derecho a quien lo necesite.

 Miércoles, 9-diciembre-2020

El agua ya cotiza en Wall Street, donde los inversores ya le pusieron precio a la entrega futura del recurso, al igual que lo tiene el oro, el petróleo, la soja y otras materias primas.


El acceso al agua en el futuro se convirtió en un valor en la bolsa de Wall Street, donde a partir de esa semana comenzó a cotizar la disponibilidad del agua para quienes quieran asegurarse tenerla cuando vayan a necesitarla.

Se trata de un mecanismo que por ahora funcionará en California, donde los incendios devastaron gran parte del territorio y en los que la industria de la agricultura encendió las alarmas para resguardarse en el futuro.

Así, el Nasdaq Veles California Water Index, que comenzó a funcionar en 2018, está conformado a partir de los precios de los derechos de agua en el mercado de futuros para cinco las zonas de California con mayor volumen de transacciones de este tipo. Según la bolsa, esta semana la cotización está en 486,53 dólares por acre pie, equivalente a unos 1,4 millones de litros.

“En teoría, de esta forma lo que estás haciendo es generar incentivos para que la gente sea más eficiente porque los derechos excedentarios de agua los puede llevar al mercado”, dice Gonzalo Delacámara, economista y asesor de Naciones Unidas y el Banco Mundial en una entrevista con diario El País. “Además, esto sirve para garantizar que el agua que haya disponible llegue a priori dónde se necesita y conseguir liquidez en este mercado que eventualmente pueden financiar inversiones de mejora, orientadas a la conservación del recurso”, agrega.

Sin embargo, para Pedro Arrojo, también economista y vocero de la ONU para los derechos humanos, el mecanismo solo puede empeorar el acceso al agua para los sectores más desfavorecidos. “Estos intercambios de concesiones entran en flagrante contradicción con las bases con las que se administra un bien público, más que flexibilizar, esto es el libre mercado que hace negocio con el agua, de repente alguien hace dinero a base de vender un derecho que le ha dado gratis el Estado”, define. “Mira hasta qué punto estas cesiones pueden ser perversas: usuarios de agua en la desembocadura del Guadalquivir, arroceros que normalmente consumen agua que ya ha discurrido por todo el río, le venden los derechos de uso a usuarios del campo de Dalias en Almería, en la cabecera, a través del trasvase Negratín-Almanzora. Es decir, esa agua ya no baja por el Guadalquivir, con lo que supone esto para otros usuarios o los servicios ambientales del río. Pero, claro, el mercado no tiene en cuenta estas cuestiones”, concluye.