El drama de la comida

20
abril
2022

El drama de la comida

A pesar de que Argentina produce alimentos para alrededor de 400 millones de personas, el acceso a la comida sigue siendo un problema para su población.

Mientras los precios internacionales de los commodities continúan subiendo, los empresarios prefieren exportar gran parte de su producción y acoplar esos valores al mercado interno.

Además de las retenciones y los fideicomisos, una empresa estatal de alimentos podría ser una de las alternativas para regular la comercialización y abaratar los costos de la comida.

Causas y consecuencias

Alimentarse no debería ser un problema en un país que fue conocido como el “granero del mundo”.

A pesar de que Argentina produce alimentos para 400 millones de personas, muchas no pueden acceder a un plato de comida diario.

Según la FAO, el 12,6% de la población sufre inseguridad alimentaria grave.

Para conocer cuáles son las causas de esta triste realidad, hablamos con Juan Pablo Costa, investigador del CEPA y especialista en el tema.

De acuerdo a su mirada, las dificultades están estrechamente relacionadas con el carácter de commodities que tienen los alimentos.

El hecho de tener un precio internacional fijado y encontrarse inmersos en un contexto de alza mundial de sus valores – por la fuerte demanda de China, la guerra comercial que mantiene con EEUU el gigante asiático y el conflicto bélico entre Rusia y Ucrania – provoca que un gran volumen de la producción sea destinada a exportación.

A los exportadores les conviene vender afuera antes que adentro del país, lo que termina impactando en los precios del mercado interno que suben hasta equipararse con los valores en dólares.

No es un problema de abastecimiento ni de stock.

Es un problema de precios.

“Los alimentos son de difícil acceso porque son caros”

Juan Pablo Costa, economista político y sociólogo

Otro de los puntos señalados por el economista político está vinculado a los altos niveles de concentración en el sector de la alimentación.

Según un informe realizado por el CEPA, Molinos, Molino Cañuela y Aceitera General Deheza son dueños del 90% del mercado de aceites.

Coca Cola Company, Aguas Danone y Pepsico concentran el 85% de la facturación en bebidas no alcohólicas.

Nestlé, La Virginia y Molinos explican el 87% del mercado del café.

De esta manera, los oligopolios alimenticios argentinos reproducen una serie de comportamientos defensivos y especulativos – remarcar precios, por ejemplo – para aumentar sus ganancias a costa del hambre de casi 6 millones de argentinxs.

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Soluciones argentinas a un problema nacional

Las medidas políticas que se podrían tomar para conseguir que ese 12% de la población argentina pueda acceder a la comida son diversas.

En palabras de Juan Pablo Costa, “hay que hacer un poco de todo”.

Las retenciones son un instrumento esencial porque desacoplan precios y abaratan el costo de la comida de manera automática.

Al cobrar una alícuota extra a los exportadores que luego se distribuye entre las empresas que venden en el mercado interno, los fideicomisos – como se realiza con el aceite y ahora con el trigo – también son mecanismos óptimos para desmontar precios internacionales de los locales.

Otra alternativa consiste en aumentar algunos impuestos de algunas producciones – la soja, por ejemplo – para disminuir su margen de rentabilidad y evitar que desplace otros cultivos.

Con relación a las estrategias para alcanzar la soberanía alimentaria, la Ley de Góndolas – aprobada hace muy poco – habilita la entrada de pymes y cooperativas en los grandes centros de comercialización, mejorando sus condiciones financieras.

Es necesario acompañarla con el fortalecimiento de los créditos blandos a baja tasa de interés para los productores de la economía popular y familiar.

Pero quizás, una de las opciones más interesantes que señaló el investigador del CEPA tenga que ver con algo que viene evaluando el gobierno nacional.

Una empresa estatal de alimentos.

“Generar emprendimientos de comercialización estatales permitiría acopiar en un momento de mucha oferta – el pico de la cosecha –  y luego vender cuando haya baja estacionalidad y los precios se disparen”

Juan Pablo Costa

Sumado a esto, la implementación de mercados centrales en distintos puntos de las ciudades podría reducir la cantidad de intermediarios que hay entre el productor y el consumidor y operar como control de los grandes supermercados.  

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