Él era un federal

Schiaretti logró un triunfo por un margen histórico. Gana fuerza y peso político, y se proyecta como el punto de apoyo y el gran elector de Alternativa Federal: “Pertenecemos al peronismo federal, democrático y republicano”. Mario Negri a duras penas evitó la doble derrota y terminó segundo. La elección de Mestre fue pobrísima. Aparte de Schiaretti, las únicas sonrisas fueron para Echevarría y García Elorrio.

 lunes, 13-mayo-2019

Schiaretti en el escenario de su bunker junto a Martín Llaryora, quien recuperó la intendencia para el radicalismo.


“Él era un federal, chapa en mano combatía el mal”, canta La Mona Jiménez en “El federal”, el hit que comparte con Bersuit. Es cierto, la letra tiene otro sentido, pero podría traspolarse al gobernador Schiaretti, que ayer se posicionó como el gran elector del peronismo antikirchnerista sacando chapa, tomó distancia de Cristina y de Macri -un poco más de la primera que del segundo- y dio un discurso lleno de contenido como el defensor del verdadero peronismo, de la moderación y de ‘los buenos’. ¿La chapa? La enorme diferencia de más de 36 puntos que obtuvo ayer.

“Córdoba no es una isla ni es el cordobesismo”, descerrajó un triunfante Juan Schiaretti en su discurso de victoria. Al parecer, de la mano de Schiaretti el federalismo se convirtió en la fase final del cordobesismo. Su fase superadora. El gobernador logró la reelección con una abrumadora diferencia: 53,97 % contra apenas 17,78 % de Mario Negri y un pobrísimo 10,94 % de Ramón Mestre. La mayor diferencia en una elección a gobernador en Córdoba se logró con una campaña en la que el triunfador ‘caminó’ la cancha y los demás jugaron para él.

“Somos los que pertenecemos al peronismo federal, democrático y republicano, porque estamos convencidos de que no habrá república en Argentina sin el peronismo y no habrá futuro para el peronismo en Argentina si no es republicano”, fue la definición política más fuerte del gobernador pensando en la proyección de estos resultados. Como si no quedara claro a quién iba dirigido ese mensaje, siguió: “Primero hay que tener equilibrio fiscal. Si los gobiernos no tienen equilibrio fiscal, las sociedades entran en dificultades más tarde o más temprano”. Aunque hasta ahí su discurso estaba en total sintonía con la Rosada, después también hubo palos para Cambiemos, como cuando recordó: “Sólo tomamos créditos para hacer obras públicas”.

Schiaretti se dedicó a repartir críticas –veladas y no tanto- para un lado y otro de la grieta. “No hay derrame del mercado que garanta la justicia social”, avisó en una señal contra el neoliberalismo económico, segundos después de afirmar que su proyecto político expresa “un Estado que no sea una carga para el sector privado”. Además, valoró a los trabajadores de la economía formal pero también a los de la economía popular y mencionó “a los 30 mil desaparecidos”.

“Esta fue una elección municipal y provincial que nada tiene que ver con las próximas elecciones nacionales. Los cordobeses podemos elegir un intendente perteneciente a un partido, un gobernador de otro y un presidente de otro. Es apresurado sacar conclusiones nacionales sobre la base de los resultados de Córdoba”, cerró el ganador. En el búnker, los militantes cantaban canciones contra Macri, a diferencia del Congreso, donde las manos de los legisladores schiarettistas siempre se levantaron a su favor.

Antes, bien temprano, Mestre había sido el primero en salir a reconocer la derrota vía Twitter y en su discurso se dedicó a mandar mensajes hacia Buenos Aires y hacia la interna radical. “Perdimos y perderemos muchas elecciones, pero nunca vamos a perder nuestros principios”, arrancó el intendente capitalino. Luego, lanzó un mensaje que parece dirigido a la convención nacional de la UCR dentro de quince días: “Hay que buscar la unidad nacional para que la celeste y blanca flamee junto a la roja y blanca bien pero bien alta”.

“Existe un solo radicalismo, el que no traiciona principios y el que no abandona conductas”, completó, para ser más explícito. Y se guardó un dardo para la Rosada: “Espero que desde Buenos Aires tomen nota de que profundizar diferencias debilita”.

Un rato más tarde, casi a la misma hora que De la Sota, en un Holiday Inn silencioso y triste, Negri admitió: “No tengo nada que festejar”. Su cara y el clima del bunker reflejaban lo obvio: la derrota había sido demasiado holgada y el golpe se había sentido. “Reconozco errores y aciertos, pero las cosas son así: no se cae el mundo”, atinó a decir a duras penas. Además, buscó despegar a Macri de los números que ingresaban a medida que se cargaban los datos y mostraban que el tropiezo macrista era estrepitoso: “No soy el candidato del Gobierno”.

Las performances de los partidos más pequeños dejaron pocas sonrisas. La cuarta fuerza fue Encuentro Vecinal, encabezada por Aurelio García Elorrio, con 3,72 %, que suma un legislador. El dato a resaltar es el ingreso de Luciana Echevarría a la Legislatura con el MST (1,44 %). Tanto Liliana Olivero -finalizó con 2,60 %, un número bajísimo para ese espacio- como el Partido Humanista (1,19 %), no supieron salir a cazar en el zoológico, con el voto kirchnerista suelto y huérfano.

Schiaretti terminó la elección sonriente, y no es para menos. Inauguró su propio concepto, invirtiendo el de De la Sota: el cordobesismo se convirtió en federalismo. Y, tal como admitió Pichetto en un tuit, Schiaretti se convirtió en “EL” federal.