El gran financista

Las modificaciones realizadas al programa con el FMI ubican al organismo de crédito casi como un financista de lujo para el macrismo en estas elecciones: el 87,96 % de los desembolsos se harán antes de las elecciones de octubre. Aunque está prohibido por el estatuto del Fondo, el 76 % de lo que ingresó se utilizó para financiar la fuga de capitales.

 lunes, 15-julio-2019

David Lipton será el próximo director gerente, cuando Christine Lagarde le deje su lugar. El programa con Argentina no tendría variaciones por esto.


El oficialismo no solo cuenta para estas elecciones con un formidable blindaje mediático, un cada vez menos oculto brazo judicial –mixturado grotescamente con servicios de inteligencia-, sino que además cuenta con una herramienta fundamental: un financista de campaña que le aportó hasta ahora 39.532 millones de dólares para que la economía no se derrumbe. El FMI es el gran sostén económico artificial del oficialismo.

Gracias a los cambios realizados en el programa stand by en octubre del año pasado, se determinó que el organismo de crédito iba a desembolsar el 87,96 % de los 57 mil millones de dólares antes de las elecciones de octubre. Además, el acuerdo perdía el carácter precautorio y los fondos quedaban en libre disponibilidad para que Mauricio Macri y los suyos puedan llegar sin estallido económico hasta el día de las urnas. Con el programa anterior, tal como estaba diseñado, ‘apenas’ se hubiera desembolsado el 59,2 %, según un informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA).

El monto del acuerdo, el más grande otorgado por la historia del FMI, supera lo otorgado a los siguientes cuatro deudores del Fondo todos sumados. Un formidable aporte de campaña para un macrismo en crisis.

Sin embargo, el FMI está violando su propio estatuto para apoyar a la alianza gobernante. La sección 1 del Art. VI del estatuto del FMI indica en su inciso a que “ningún país miembro podrá utilizar los recursos generales del Fondo para hacer frente a una salida considerable o continua de capital, y el Fondo podrá pedir al país miembro que adopte medidas de control para evitar que los recursos generales del Fondo se destinen a tal fin”. Desde mayo de 2018, el Fondo desembolsó 39.532 millones de dólares y el acumulado de la Formación de Activos Externos del Sector Privado No Financiero -o sea, la fuga de capitales- fue de 27.776 millones de dólares. El 76 % de lo que ingresó por la puerta del FMI se fue por la ventana de la fuga.

“Se trata claramente de un uso irresponsable de los desembolsos toda vez que está en la potestad de las partes solicitar e implementar controles de manera de detener, al menos parcialmente, la fuga de divisas”, sostiene el informe de CEPA.

Además, el programa argentino superó los dos límites de seguridad establecidos por el FMI: que los desembolsos de un programa superen el 145 % de la cuota en un año; o que superen acumulativamente el 435 %. El FMI establece cuatro criterios que deben cumplirse para el acceso excepcional a préstamos que rompan esos límites. Argentina cumple con solo uno de ellos –que el país tenga una crisis en la balanza de pagos- pero no con los demás –que la probabilidad de repago se mantenga alta, que haya perspectiva favorable de volver a los mercados financieros internacionales y que haya apoyo institucional y político para llevar adelante el plan-.

El FMI se jugó una ficha muy fuerte y parece dispuesto a desafiar hasta sus propias reglas para ‘bancar’ la campaña de Mauricio Macri. El poder financiero utiliza su fuerza para poder mantener un gobierno súbdito como el de Macri en un país estratégico como la Argentina.