El mejor equipo de las últimas 50 devaluaciones

El gobierno, ahogado por la marea verde, salió a incendiar 500 millones de dólares de las reservas. Una nueva tanda de recursos que pierde la Argentina y engrasa la bicicleta financiera para que ganen los especuladores. El dólar llegó a venderse a $ 42, pero tuvo una leve reacción al anuncio del gobierno y cerró en $ 38,20 en el Banco Nación.

 jueves, 30-agosto-2018

El 'Champions League' Luis Caputo volvió a manotear reservas para contener la cotización. Hoy subastó 330 millones de dólares.


El equipo económico que encabezan Dujovne desde el Ministerio de Hacienda y Caputo desde el Banco Central le tiraron con toda la artillería al dólar para bajar el frenesí alcista y apenas le hicieron algunos rasguños. El dólar llegó a venderse a $ 42 a pesar de que ya el gobierno había anunciado una suba de la tasa de interés al 60 %. Por eso, Caputo volvió a meter la mano en la lata de las reservas y subastó 500 millones de dólares.

Finalmente, se vendieron 330 millones de dólares a un precio promedio de $ 38,71.

El anuncio de la subasta hizo retroceder la cotización, que todavía dio un pasito más atrás cuando se hizo efectiva la venta y cerró a $ 38,20 en el Banco Nación. Una suba meteórica de 10,72 % en un solo día, incluso con el fuerte retroceso del final.

Las medidas que tomó el macrismo para intentar domar el dólar, claro está, no son gratuitas. La suba de la tasa de interés genera un descalabro en la economía y un festival de especulación único en el mundo. La subasta de 500 millones de dólares hace adelgazar las reservas hasta un punto de terapia intensiva económica. Es que, a pesar de que el Banco Central anuncia que el nivel de reservas se ubica en 55.144 millones de dólares, el disponible real es mucho menor y antes de la corrida ya estaba en menos de 20.000 millones de dólares. A eso hay que restarle los 630 millones de dólares que se subastaron entre ayer y hoy.

En la calle, el efecto fue inmediato: se paralizaron las ventas en rubros como construcción, automotores e informática, entre otros. La respuesta ante la consulta fue siempre la misma: “No te puedo vender porque no tengo precio”. Eso anuló en gran medida la posibilidad de adelantar consumo o hacer una rápida inversión como forma de resguardo ante la estampida cambiaria.

Muchas casas de cambio bajaron la persiana en varios momentos del día imposibilitados de ponerle cotización a la divisa y al aguardo de un mínimo piso de estabilidad que nunca llegó.