Horacio Maldonado

Psicólogo. Prof. Facultad de Psicología UNC

columnista alreves.net.ar

El regreso

 

El 2020 fue un año extraordinario en todo sentido. En lo inherente a la educación, la UNESCO informó que, más de 1.500 millones de estudiantes y miles y miles de docentes y personal de apoyo) dejaron de asistir a los establecimientos escolares. Por primera vez, en el último siglo, el sistema educativo planetario clausuró totalmente las puertas de sus edificios, entró en una pausa gigantesca y trasladó su centro de operaciones a ese mix que conforman los hogares y al ciberespacio. Se trata de un acontecimiento mundial sin parangón, que curiosamente, no sucede por sopesadas razones educativas sino por drásticos factores sanitarios. Suceso excepcional en la historia de la civilización, que traerá múltiples consecuencias en todos ordenes, más allá que una formidable cantidad de sujetos pugnen e insistan tercamente en volver a la vieja “normalidad” y hacer ”como si” todo volviese a estar igual, a simular que nada ha ocurrido, Una clara muestra de pensamiento mágico al que se apela para aliviar la angustia que provoca el incierto futuro que se aproxima.

El 2021 no parece un año cualquiera (en realidad, ninguno lo es). En términos educativos, los tiempos del regreso suscitan innumerables incógnitas: cuándo, dónde, cómo, por indicar las más apremiantes.

En esas coordenadas se juegan asuntos que van mucho más allá de lo meramente académico. Se juegan, por ejemplo, asuntos políticos, económicos, sanitarios, psicoeducativos y por supuesto, pedagógicos.

El retorno a las instituciones, a esas históricas instituciones en las que tienen lugar desde la modernidad el aprender y el enseñar, no tiene precedentes importantes, no existe casuística al respecto, excepto la que deviene de algunos países de Europa, donde las experiencias de regreso no resultan homogéneas ni necesariamente válidas.

Esto significa que hay que atreverse a experimentar y construir con la mayor creatividad posible; hay que regresar sin subordinarse a las interesadas presiones políticas o económicas; hay que desplegar los máximos cuidados, analizando paso a paso cada una de las alternativas involucradas en el orden organizacional. Por ejemplo:  ingreso y egreso a los establecimientos, número de alumnos por turno, sistema de control sanitario, disposición de recursos especiales para afrontar la coyuntura, vacunación de lxs docentes y personal de apoyo administrativo, etc. etc.

Los temas estrictamente pedagógicos, paradójicamente, tal vez queden supeditados, en este regreso, a toda esta indispensable ingeniería organizativa que, posiblemente, vivenciemos durante los meses venideros.

Más allá de esta circunstancia coyuntural, tenemos la certidumbre que 2021 será un año de intensos diálogos y debates clave respecto a la educación por venir. A la educación que deseamos y requerimos. A las modalidades que emergerán cuando merme esta pandemia que sigue vigente (y que, ante el menor descuido, puede asolarnos con replicas lamentables). Sin dudas, no es poca cosa lo que está en juego, es la neoeducación la que está en disputa.