“El sector empresarial se desentendió de los trabajadores de la cultura”

La gestión de bolsones alimentarios, la solidaridad entre pares y algunas ayudas estatales fueron las herramientas de supervivencia de lxs trabajadorxs de la cultura de Córdoba hasta ahora. La pandemia visibilizó la precariedad laboral del sector que aguarda, con expectativa, la inmunidad de rebaño para volver a trabajar con normalidad.

 Miércoles, 28-julio-2021

Lxs trabajadorxs de la cultura fueron unos de los sectores más perjudicados por la pandemia.


El coronavirus no solo expulsó al público de los espacios culturales, sino también a sus protagonistas. A un año y medio de la pandemia, quienes integran el Frente de Trabajadorxs de la Cultura de Córdoba batallan día a día contra la situación de precariedad laboral que develó la pandemia.

Los diferentes colectivos, asociaciones, movimientos y sindicatos de músicxs, teatristxs, artesanxs y demás artistxs itinerantes redactaron un documento el año pasado solicitando asistencia estatal y programas de apoyo a lxs trabajadorxs. Con bolsones alimentarios, algunas ayudas estatales y, fundamentalmente, la solidaridad entre pares lograron afrontar una realidad que continúa siendo muy difícil.

“Los y las compañeras de los distintos ámbitos nos organizamos tanto para conseguir los bolsones de comida como para la distribución y la logística. Si bien se llevó adelante con la ayuda del Estado, los que garantizamos todo fuimos nosotros”, explicó Toto López, integrante de la organización. “También recurrimos a eventos y rifas para poder asistir económicamente a algunos compañeros y compañeras que estaban en la lona total”, agregó el actor y fundador de Casa Grote.

Además de exigir la declaración de la emergencia cultural, algunxs lograron cobrar el IFE y/o programas nacionales como el Fortalecer Cultura, Sostener Cultura y Cultura Solidaria. “Este año el Ministerio de Desarrollo Social de la Provincia dio una ayuda para monotributistas y otra ayuda que se está empezando a ejecutar ahora para
no-monotributistas. Son ayudas aisladas, que son bienvenidas pero no alcanzan”, detalló María Laura Gallo, miembro del FdTCC y de la agrupación Itinerante.

En medio de este brutal contexto, el actor que faltó a la cita fue el empresariado. “El rol de los empresarios ha sido lamentable. Se desentendió completamente de los y las trabajadores de la cultura que, durante muchos años, estuvieron en negro y precarizados. Entonces, con el cierre de los espectáculos, los principales perjudicados fueron los técnicos, músicos, actores, bailarines, etc. que dependen de las compañías”, alertó Toto López.

Buscarle la vuelta

Con mucha conciencia de la crisis sanitaria pero también de la resistencia que implica la situación, lxs laburantes continúan luchando para subsistir. “Seguimos trabajando virtualmente al interior de los grupos, pero no se genera moneda. Con los streamings son muy pocos o casi ninguno los que pueden generar alguna ganancia”, indicó María Laura Gallo, referente del sector teatral. “Cuando se abren los aforos son muy reducidos y, entre los gastos y lo que hay que dejar en la sala, lo que queda es muy poquito para el grupo”, admitió.

A su vez, con la virtualidad escolar quedó excluida la posibilidad del teatro para las infancias en las escuelas. “Son nuestro mayor circuito y está cerrado desde hace un año y medio para nosotros. Desde la organización hemos realizado una serie de actividades para contener y ayudar a los compañeros/as que se encuentran en situación vulnerable”, señaló.

Sin ton ni son

En el caso de lxs trabajadorxs de la música, el panorama es más diverso. Mientras integrantes de los cuerpos estables provinciales y municipales mantuvieron sus puestos laborales con el consecuente respeto a los acuerdos paritarios, quienes realizan la actividad de manera eventual padecen una situación mucho más difícil.

“Los primeros meses de restricciones fueron muy duros hasta que se pudo volver a trabajar con formatos pequeños y medianos en espacios gastronómicos que son el circuito más grande y cotidiano de muchas personas”, relató Víctor Garay, secretario de Hacienda del Sindicato de Músicos de la Provincia de Córdoba. Si bien las realidades presentan matices – porque la música bailable y el rock no encuentran tantos espacios donde desarrollarse – fueron lxs trabajadores de la industria del cuarteto los que sufrieron el cimbronazo de la pandemia.

“A pesar de haber desarrollado su actividad de manera habitual bajo las órdenes de un dueño de grupo o una patronal, la mayoría no estaba registrado como trabajador en relación de dependencia. Eso impidió que pudieran acceder a las asistencias al empleo que lanzó el Estado Nacional”, lamentó el representante del Sindicato de Músicos de Córdoba. “Esto derivó en juicios laborales que se siguen tramitando exigiendo el reconocimiento de sus derechos por los años prestados, que en algunos casos es de más de 30”, afirmó.

“Esperemos que la gente tome conciencia y se vacune así podemos volver a trabajar”

En noviembre del año pasado, hubo una recuperación en el ámbito del teatro cuando descendió la primera ola. “Veníamos funcionando, ganando terreno y espacio. Fundamentalmente volvimos a expresarnos y tener la función con público. Pero apareció la segunda ola y nuevamente a remarla”, evaluó Toto López.

“El futuro lo vemos como muy incierto. Todo es muy cambiante. Hasta que esto no se resuelva y podamos volver a trabajar, no sabemos qué va a pasar”, consideró María Laura Gallo. “Algunos espacios se están reactivando. Esperemos que la gente tome conciencia, se vacune y podamos lograr la inmunidad de rebaño”, definió.

Desde el sector de lxs trabajadorxs de la música, saben que la masividad de los bailes de cuarteto y de los festivales está muy lejos. Aprovechar el momento para profundizar las batallas ya iniciadas, como el convenio colectivo que contemple todas las ramas y regule la actividad parece ser una buena opción. También concretar un programa de participación de artistas locales en los grandes espectáculos provinciales.

“Esperamos también poder avanzar en mejorar los pagos a personas que se desempeñan de manera eventual en lugares con música en vivo y gastronómicos. Muchas veces van a tocar bajo modalidades como ‘el sobre’ o ‘a la gorra’, o teniendo que vender entradas para poder tocar, siendo que los dueños de esos lugares gastronómicos deberían encontrar la manera de pagar al menos un mínimo a las personas músicas que trabajan en sus locales y les generan ingresos extras”, finalizó Víctor Garay.