El semestre sin fin

El gobierno primero prometió un “segundo semestre” que nunca llegó y después “brotes verdes” que nunca florecieron. Ahora el ministro de Interior, Rogelio Frigerio, habla de seis meses para ver los resultados de la política monetaria del gobierno. Y, como su jefe Macri, justifica el fracaso de la gestión como una etapa para alcanzar el “cambio estructural” que necesita el país.

 lunes, 1-abril-2019


En lo único que ha sido bueno y eficiente el gobierno de Macri es en construir un discurso para negar la realidad y hablar como si viviera en una campaña permanente, sin hacerse cargo que están en el gobierno hace 3 años y medio. En 2016, apenas asumió, planteó que había que esperar “el segundo semestre” para mejorar la situación económica, con la excusa de la “herencia recibida”.

Luego Nicolás Dujovne reemplazó a Alfonso Prat Gay en el ministerio de Hacienda y habló de “brotes verdes” que auguraban un resurgimiento que nunca llegó en 2017. En el cuarto y último año de la gestión, el ministro del Interior, Rogelio Frigerio, pide seis meses para advertir los efectos positivos de una política monetaria que ni con tasas de interés astronómicas puede contener al dólar, y con éste a la inflación.

Para los campeones del eufemismo, la razón de un nuevo gobierno macrista es siempre la misma: la Argentina arrastra problemas “estructurales”, que “no se resuelven en una gestión de gobierno”, y que el esfuerzo que sostiene la ciudadanía a base de desempleo, inflación y pobreza extrema, es necesaria para “sentar las bases” del trillado “cambio estructural”.

“Estamos sentando las bases de ese cambio estructural que necesita Argentina, pero eso tarda, y ese fue nuestro principal error, creer que esos problemas se resuelven en una gestión de gobierno”, dijo Frigerio en diálogo con radio Mitre.

Esa sería la razón del Presupuesto del ajuste, que Frigerio caracterizó como “equilibrado”. Con las fábricas trabajando al 50% de su capacidad instalada, insistió con otra mentira de Macri: la de dejar de ser el granero del mundo y transformar a la Argentina en el “supermercado del mundo”.

Como lo dijo un dirigente agropecuario hace poquito, hasta el momento somos “la góndola” del mundo, con Macri vendiendo limones a cambio de productos manufacturados.