El sueño de seguir comiendo

Los alimentos subieron un 3,4 % por encima de la inflación general en 2018. Algunos, como la harina, tuvieron subas brutales de hasta 140 %. Los argentinos y las argentinas dicen, en una abrumadora mayoría, que bajó el consumo de carnes, frutas y verduras. La crisis se sienta a la mesa.

 viernes, 19-octubre-2018

Comprar alimentos se volvió una tarea cuesta arriba.


La inflación descontrolada de este año golpea el bolsillo en sus fibras más sensibles. La suba de los alimentos durante 2018 en nuestro país supera por algunos puntos el nivel de inflación general. Mientras el conjunto de los precios subió un 32,4 % en lo que va del año, los alimentos aumentaron un 35,8 %. Y este dato, ya duro de por sí, se agrava cuando desagregamos por tipo de alimento y vemos que los más básicos tuvieron aumentos mucho mayores.

El que más aumentó fue la harina, con un demencial 140,36 % (afectado por la eliminación de las retenciones al trigo, lo que generó que el precio interno se pliegue al precio internacional, que está en dólares). Los huevos subieron un 74,93 %; el aceite un 64,91 %; derivados de la harina como fideos (+63,35 %) y la harina (+62,87 %) también aumentaron mucho como consecuencia lógica de la suba de su materia prima; el precio del arroz creció un 46,38 %; y en cuanto a carnes el pollo aumentó 42,92 % y la carne picada 41,92%.

El instituto Proyección Ciudadana junto al centro CEPA elaboraron una encuesta para conocer de qué manera estos aumentos variaron los consumos alimenticios los argentinos y argentinas a lo largo del 2018. El 63 % de los encuestados dijeron haber disminuido su consumo de frutas y verduras, mientras que el 54 % aseguró haber bajado la cantidad de carne consumida. Esos fueron los dos rubros más afectados. En Lácteos, por su parte, el 34 % dijo haber reducido la cantidad consumida.

Los números son muy altos y superan a productos imposibles de reemplazar, como medicamentos, donde el 23 % dijo que disminuyó su consumo y el 62 % dijo que consumieron igual cantidad. El consumo de combustibles se mantuvo igual para el 22 %, disminuyó parra el 39 % y hubo un 26 % que dijo no consumir, junto con un 2 % que indicó que aumentó el consumo.

Divididos los encuesados por nivel socioeconómico, se observa una disminución más fuerte en los alimentos básicos por parte de las clases de nivel socioeconómico más bajo. Por su parte, las capas altas redujeron gastos en salidas y recreación, mientras que las personas de clase media admitieron haber bajado mucho el consumo de combustibles.