El suicidio de los inocentes

Sathya Aldana se quitó la vida el año pasado luego de soportar el dolor de haber sido víctima de abusos sexuales por parte de su padre durante 6 años. En un fallo histórico a nivel nacional, la Justicia condenó a Walter Insaurralde a prisión perpetua al haberlo encontrado responsable, no solamente de los abusos contra su hija, sino también de la muerte autoinfligida de la joven.

 miércoles, 7-julio-2021

A más de un año del suicidio de Sathya, la Justicia finalmente condenó a su padre por los abusos sexuales sistemáticos y por su responsabilidad en la muerte autoinfligida de la joven.


Continuar viviendo luego de sufrir durante 6 años abusos sexuales reiterados, sistemáticos y ultrajantes, se asemeja bastante a una pesadilla. Si a eso le agregamos que la víctima tenía tan solo 8 años cuando comenzó el calvario y que el abusador era su padre biológico, el dolor se vuelve insoportable de sobrellevar. Pero “peor es vivirlo”, como escribió Sathya Aldana antes de quitarse la vida en enero del año pasado.

La joven de 19 años había realizado la denuncia contra Walter Insaurralde en el 2017 después de que logró hablar y contar todo durante una clase de ESI (Educación Sexual Integral). Sin embargo, desde ese momento hasta su muerte, no se realizaron las pericias de rigor, no hubo imputación alguna y no se llevó a cabo ningún otro tipo de diligencia probatoria. “El tratamiento que se le ha dado es negligente. Hubo incumplimiento de los deberes de funcionario público en este caso en particular”, remarcó Daniela Morales Leanza, abogada querellante.

El suicidio de Sathya activó la causa y despertó del letargo a los jueces. “Fue la autopsia psicológica la que motivó la elevación a juicio”, explicó la letrada en diálogo con Al Revés. Además de los testimonios de las personas a las cuales la adolescente les contó los vejámenes perpetrados por su padre, otro elemento fundamental fue la historia clínica recuperada del Sanatorio Morra donde fue internada varias veces producto de una profunda depresión, autolesiones e intentos de suicidio.

Con extrema lentitud, la Justicia ordenó la detención de Walter Insaurralde recién a fines de abril de este año: luego de un año y tres meses del suicidio y de casi 4 años de la denuncia de Sathya. El juicio comenzó a principios de junio y el viernes pasado la Cámara Tercera del Crimen – junto a los jurados populares – dictó por unanimidad un fallo histórico a nivel nacional: condenó al victimario a prisión perpetua por haberlo encontrado responsable, no solamente de los abusos, sino también de la muerte autoinfligida de la víctima.

“Se demostró que el suicidio fue consecuencia directa de esos abusos. Los abusos sistemáticos y reiterados sufridos entre los 8 y los 14 años le provocaron un grave daño a la salud mental de la joven”, sostuvo la representante legal de la familia de la víctima.

ESI para hablar

A pesar de las resistencias que suscita en sectores conservadores, la Ley de Educación Sexual Integral en las escuelas es una herramienta necesaria para que niñes y adolescentes puedan relatar situaciones de abuso sexual. De acuerdo a un estudio del Ministerio Público Tutelar de Buenos Aires correspondiente al año 2019, el 80% de los menores de edad fueron capaces de advertir que habían sido víctimas de ese delito luego de una clase de ESI.

Por otro lado, un informe de Unicef referido al suicidio adolescente en la Argentina señala como posibles detonantes la pérdida de una persona de referencia; el desfasaje entre expectativas y logros de tipo educativo, laboral o familiar; y el blanqueamiento y sanción social de situaciones de violencia. Como factores a largo y mediano plazo, nombra los abusos sexuales, la falta de contención familiar, las patologías mentales mal atendidas, el consumo problemático de drogas y el acoso escolar, entre otras variables.