El verde no garpa

Quien invirtió en dólares en 2018 se llevó una enorme ganancia y no pagó impuestos sobre la renta financiera. En cambio, alguien que puso pesos en plazo fijo y obtuvo diferencia por debajo de la inflación, paga un 5 %. Especialistas indicaron que “el impuesto a la renta financiera –tal como lo reglamentó el gobierno- trae más inconvenientes que recaudación”.

 martes, 21-mayo-2019

El dólar no obliga al pago de impuestos a la renta financiera, mientras que la moneda nacional si implica el pago de impuestos.


A fin de año, el Gobierno nacional reglamentó el impuesto a la renta financiera y dejó planteado un escenario que favorece la especulación en dólares en detrimento de la inversión financiera en pesos. Aquellos que durante 2018 ahorraron en dólares y se vieron ampliamente favorecidos por la inflación quedaron exentos del pago del impuesto a la renta financiera, mientras que aquellos que ni siquiera alcanzaron un rendimiento igual a la inflación –es decir, a nivel nominal tuvieron aumento pero a nivel real tuvieron una caída- sí deben abonar el gravamen.

Si una persona con 1.000.000 de pesos compró dólares el 1° de enero de 2018 (a $ 18,65) y los tuvo durante todo el año, el 29 de diciembre podía venderlos a $ 36,80, lo que hubiera generado una ganancia de 973.000 pesos (es decir, la plata le rindió en un año un 97,3 %, además de recuperar lo invertido al inicio).

Una nota que publica el periodista Ismael Bermúdez en el diario Clarín recoge la palabra del especialista Marcelo Rodríguez, de MR Consultores, quien aclara que aún sin vender esos dólares esa persona hubiera estado exenta de pagos por la mera tenencia y hasta podría haber esquivado el pago de impuesto sobre bienes personales por el beneficio de contribuyente cumplidor.

En cambio, Rodríguez explica qué hubiera pasado si esa plata se invertía en moneda nacional: “Si hubiera optado por invertir esa suma en un plazo fijo en pesos, obteniendo una renta cercana al 40 % anual, es decir, $4 00.000, estará obligado a ingresar un impuesto de $16.654, correspondiente al 5 % sobre el excedente del mínimo no imponible que ha sido fijado en $ 66.917,91. Y esto a pesar que la renta obtenida no le permitió mantener el capital frente a la inflación, ya que el índice IPC de 2018 fue del 47 %”.

El problema es que las ganancias por revalúo de moneda extranjera durante la tenencia o por la venta de esa divisa no debe tributar. Por lo tanto, al favorecer las inversiones en dólares alimenta la demanda de esa moneda y genera todavía más presión sobre la cotización, ya de por sí altísima.

El rendimiento máximo de las inversiones en plazo fijo fue de 34 %, frente a una brutal inflación de 47 %. Esos tributan. En cambio, los que invirtieron en dólares y casi que duplicaron lo invertido –ganancia de aproximadamente 100 %- y no pagaron el impuesto. El tributarista César Litvin se preguntó: “¿Dónde está la renta? En rigor de verdad hubo una verdadera pérdida de capital. Así a pesar de esa pérdida, igual se paga el impuesto”.

Los especialistas piden que se grave el interés real obtenido en los plazos fijos, de manera que el peso del gravamen no caiga sobre el capital y quede tan atado a los valores de la cotización. Litvin afirma que “en forma categórica, el impuesto a la renta financiera para inversiones en la Argentina trae muchos más inconvenientes que recaudación efectiva”.