Es verde, no lo dejemos ir

5
noviembre
2021

Es verde, no lo dejemos ir

La producción de hidrógeno verde augura un escenario con menos contaminación, más empleo y con desarrollo científico, tecnológico e industrial.

Sin muchos detalles sobre el proyecto de Fortescue en nuestro país, investigadores y ambientalistas valoraron el anuncio, pero objetaron que el combustible se destine exclusivamente a exportación.

Preservar las cuencas de agua dulce y evitar que nuestro territorio se convierta en una zona de sacrificio para sostener la transición energética de las economías centrales, son algunas de las advertencias de los especialistas.

El hidrógeno ya llegó, hace rato

Aunque no lo veamos, el hidrógeno siempre está. Alrededor del 76% de nuestro universo está compuesto de este elemento.

Debido a su abundancia, es utilizado desde hace mucho tiempo como vector energético en las industrias y en la fabricación de fertilizantes y amoníacos. Pero el proceso que lo origina emite gases de efecto invernadero.

A nivel mundial, el 96% del hidrógeno se produce con métodos contaminantes.

Frente al alerta desatado por el cambio climático y los aprendizajes que dejó la pandemia, apareció la necesidad urgente de modificar la matriz energética en países centrales como Alemania, Estados Unidos, Japón, Corea y China.

Allí es donde entra a jugar el hidrógeno verde: es producido a partir de fuentes de energía renovables como la eólica y la solar.

Casualmente, la millonaria inversión de la empresa australiana Fortescue en nuestro país fue anunciada por el gobierno nacional en el marco de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático en Glasgow.

Además de contribuir a la disminución de gases contaminantes, la noticia promete la generación de puestos de trabajo y el desarrollo científico-tecnológico e industrial del país.

Sin embargo, todavía no se conocen los detalles de un proyecto que, si bien se presenta como muy auspicioso, despierta algunas alarmas.

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No a la zona de sacrificio

Quienes investigan el tema y forman parte de las organizaciones ambientalistas del país, recibieron con muy buenos ojos la iniciativa.

Gabriel Correa, doctor en Filosofía Energética e investigador de Conicet, destacó que nuestro país cuenta con ventajas comparativas al tener un recurso eólico de mucha cantidad y calidad en la Patagonia.

“El sur de Argentina y de Chile tienen los costos de producción más bajos del planeta y eso los vuelve muy atractivos”

Gabriel Correa, investigador de Conicet.

Tanto Correa como el abogado ambientalista Enrique Viale advirtieron acerca del peligro de que el territorio se transforme en un enclave de exportación dedicado exclusivamente a sostener la transición energética de las economías centrales.

“En ese caso, vamos a terminar sacrificando nuestro territorio para que cada estadounidense tenga su Tesla”

Enrique Viale, abogado ambientalista.

La protección del agua, la entrega del total de la producción de hidrógeno verde al resto del mundo y la necesidad de acompañamiento de la ciencia, la tecnología y la industria, son algunos de los puntos a analizar.

De acuerdo a un trabajo realizado por Correa y otros colegas, si reemplazáramos toda la flota de colectivos urbanos del país con hidrógeno verde – unas 25 mil unidades – necesitaríamos el 0,1% de la cuenca del Río Limay.

Por cada kilogramo de hidrógeno, se requieren entre 9 y 15 litros de agua

Ante la posibilidad de recurrir al agua de mar – tal como indicó el representante de la empresa australiana en Argentina, Agustín Pichot – el investigador de Conicet aclaró que eso elevaría muchísimo los costos en virtud del proceso de desalinización.

Incluir el agua dulce como materia prima en la ecuación sería lo conveniente.

En definitiva, las expectativas son buenas siempre y cuando una parte de la producción se quede en el país. Que ingresen divisas por medio de la exportación, pero sin convertirnos en una zona de sacrificio de las principales potencias.

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