“Estamos siendo estafados por los grandes formadores de precios”

El desequilibrio entre recaudación, gasto público, especulación y empobrecimiento social empieza a corregirse, según el economista Horacio Rovelli, con una reforma impositiva que cargue más a los que más tienen.

 jueves, 14-mayo-2020

Según el economista Horacio Rovelli, el impuesto a las grandes fortunas contribuiría, además de solventar los gastos del Estado en tiempos de pandemia, a "pinchar el globo de la especulación".


La urgencia por la pandemia puso a la vista la necesidad de enmendar un desequilibrio largamente postergado: el de la distribución de la riqueza y la reforma tributaria imprescindible en un país que se ubica entre los 10 productores más grandes de alimentos y que hacia el interior registra más de un 40% de población empobrecida. Sobre este tema, el economista y profesor de la Universidad de Buenos Aires, Horacio Rovelli, dialogó en una entrevista con Nada del Otro Mundo y aseguró que la Argentina sigue sometida a un círculo vicioso donde los que más ganan siempre son los que más ganan.

Según explica el economista, en el diseño de las políticas tributarias, “teóricamente tiene que haber cierta proporcionalidad” en la recaudación, entre el impuesto al consumo que es el IVA; el impuesto a la ganancia y el impuesto al patrimonio. “En Argentina, de los impuestos nacionales el impuesto al consumo es el 70%”, dice y agrega que el grueso del sistema impositivo está basado en el consumo y la actividad. “El impuesto al patrimonio es el 1,5% de la recaudación, entre los más importantes el impuesto a la tierra, el inmobiliario rural, es el 0,4% de la recaudación, no pagan nada en donde está la tierra más rica del país”, agrega.

Ese desequilibrio, en tiempos de pandemia, desnuda las profundas desigualdades de la distribución y la carga cada vez más pesada que recae en el Estado. “Con este drama estamos viendo que faltan recursos, entonces el Estado emite dinero, y ese dinero lo consiguen más rápido los sectores más ricos de la sociedad, que aumentan los precios del trigo, la carne, los que tienen la gran producción de alimentos”, dice Rovelli y agrega que “son cuatro o cinco apellidos que acumulan fortunas y compran dólares. Es un círculo perverso que solo se puede romper con los impuestos. Estos recursos extra que tienen y utilizan para hacer daño al país, porque cuando el dólar aumenta los salarios se caen, y ellos suben los precios porque sube el dólar. Esto ya ha pasado otras veces en el país y uno teme siempre los desenlaces que terminan mal”.

En la reacción a cobrarles más a los que más tienen, aparece sin embargo una lógica inexplicable que hace que los que menos tienen, defiendan el derecho de los millonarios a seguir enriqueciéndose sin pagar más que cualquier hijo de vecino. “Hay todo un operativo ideológico para que esto no salte como debería saltar en la población. Estamos siendo estafados por los que aumentan permanentemente los precios, los grandes formadores de precios”, señala. “En Córdoba están los Urquía, que son los de la Aceitera General Deheza. La botellita de litro y medio de aceite la venden a alrededor de dos dólares en el mercado de Amsterdam. Si la venden en blanco le tienen que restar las retenciones, que es menos de 100 pesos. Pero sin embargo acá la venden a casi doscientos pesos, que es el valor del dólar paralelo”, ejemplifica.

El monopolio de un mercado en manos de pocos productores permite que si no se compra al precio que ellos establecen, no venden y se produce el desabastecimiento. “Es un círculo perverso. Los que capitalizan la crisis a su favor, sin importar que están golpeando duramente el bolsillo del trabajador o el desempleado, son ellos. En medio de la crisis ellos tienen la oportunidad de hacer la diferencia, en un marco donde si tenemos la mayor parte de la población parada, el mundo demanda fuertemente alimentos. Y eso ni siquiera se está notando en el mercado”, agrega y pone como dato el registro de la propia Bolsa de Cereales de Rosario, el principal puerto exportador del país, que reconoce que aumentó en los primeros cuatro meses la compra de trigo. “Pero ves lo que dice la cámara de exportadores de cereales y aceites, que habiendo aumentado el dólar un 65% en los primeros cuatro meses del año con respecto a 2019, que pasó de $42,5 a $70 el dólar oficial, ellos dicen que las ventas son 19,3% menos, hay cosas que no son creíbles. Por un lado reconocen una fuerte demanda externa de trigo, de aceite, de carne, pero cuando ves lo que refleja el comercio exterior, no está. Tienen el poder de vender una parte en blanco y otra en negro, y están subfacturando exportaciones, que es el deporte preferido para fugar capitales. Y lo que no pueden subfacturar, lo pisan, retienen exportaciones, y la que tienen concretada la venden subfacturada. El gobierno tiene que poner la lupa ahí”.

La aplicación de un impuesto, que además sería por única vez, para las grandes fortunas, aparece entonces como una cuota mínima necesaria para equilibrar cuentas. “El proyecto que está discutiéndose para entrar en comisión, es un proyecto que no significa mucho para las grandes fortunas, pero sí para el Estado y financia genuinamente los gastos. Ellos reciben esa plata y la fugan, siempre juegan con esta situación, entonces tienen que sacarle impuesto a ellos, que paguen impuesto a las ganancias, a los bienes personales, a las grandes fortunas, que no es nada para ellos y si les extraes riqueza a ellos pinchás un poco el globo de especulación. La diferencia entre el dólar oficial y el blue o el CCL es sideral, es una brecha del 80%. El motivo de esta brecha es que no quieren plata argentina, quieren dólares, y lo único que se logra cuando ellos juegan al dólar es que perdemos todos los que tenemos negocios fijos, porque después vienen con esos dólares y compran todo a la mitad. Son los grandes formadores de precios y además son los grandes exportadores de alimentos”.