“Hace rato que Clarín no es un medio periodístico”

Lo dice Waldemar Iglesias, una de las 46 personas despedidas por el Grupo que había entrado a trabajar en 1996 en la sección deportes y fue echado 24 horas después de haber sido padre. “Clarín es una corporación económica, no para de ganar dinero y a la vez es el medio que más pauta recibe del gobierno nacional”.

 jueves, 18-abril-2019


“Ni siquiera fui notificado de mi despido de manera formal, me enteré a través del chat de m is compañeros de trabajo, 24 horas después de haber sido papá, lo cual fue muy doloroso. La sensación que tengo es de dolor e incertidumbre, no sólo por mí, sino por un montón de personas que se quedan sin trabajo en medios que expulsan con naturalidad”, contó a Nada del Otro Mundo Waldemar Iglesias, uno de los 46 trabajadores de Clarín despedidos por una de las cinco corporaciones de medios más poderosas de América Latina.

Waldemar había ingresado a Clarín en 1996 en el área de deportes, y desde ese lugar cubrió mundiales de fútbol, copas américas, torneos sudamericanos y hasta una final de Champions League entre el Atlético y el Real Madrid. Ninguno de esos antecedentes importa a una empresa que como la definió Waldemar, “hace rato que dejó de ser un medio periodístico para ser una corporación económica”.



Las multimillonarias ganancias de Clarín están a la vista, porque es un holding que cotiza en bolsa, y a pesar de ello es uno de los grupos más beneficiados por el macrismo, ya que sin el blindaje mediático del Grupo difícilmente pudiera sostenerse en el gobierno. “Clarín no para de ganar dinero y es el medio que más pauta recibe del gobierno. Aún así, recorta recursos humanos de un modo bestial”, señaló Iglesias.

Recursos inhumanos

La transformación de medio periodístico a corporación económica se expresa no sólo en las utilidades económicas, también en el trato con sus empleados. “Más allá de los números favorables, Clarín tiene a cargo de recursos humanos un espacio que se llama capital humano, que dirige un ex gerente de una automotriz. Nos tratan como si fuéramos operarios de vehículos, y está muy bien ser operario de vehículos, pero los periodistas y el ámbito periodístico no es eso”, explicó Iglesias.

Para ilustrar estos cambios en el trabajo, contó que “el primer rasgo que mostró esta persona fue el rigor con los horarios, la cuestión de fichar, una cosa ajena al periodismo porque las historias suceden en la calle, no adentro de la redacción. Ahí podemos charlarlas pero las historias suceden afuera”.

Aunque su voluntad es reincorporarse, Waldemar no es optimista: “La opción de trabajar así no es grato, lo que pasó es bestial, roza lo inhumano. El primer llanto que escuché de un niño sucedió en simultáneo con la notificación, no fehaciente, de que no trabajaba más en Clarín. Es un día que no voy a olvidar en varios sentidos, sobre todo porque me sentí dañado, lastimado, golpeado”.