Hacerse grande

Quino vivió 88 años y ayer murió en su casa de Mendoza. La despedida conmovió al mundo y replicó en las redes sociales el universo cada vez más vigente de sus personajes.

 jueves, 1-octubre-2020

Joaquín Lavado murió ayer, un día después de que Mafalda cumpliera 56 años.


¿Crecer es hacerse preguntas? podría haberle hecho decir Quino a alguno de sus personajes. Su obra gráfica, humorística, filosófica, profundamente crítica y conmovedora, las contiene en el motor que los activa. Hombrecitos mudos, oprimidos, obedientes y sin embargo atravesados sin clemencia por la certeza de lo que no saben.

Mafalda, la familia, los amigos, un mundo que mira y cuestiona desde la posición demasiado despierta de una nena demasiado preocupada por el poder sobre los impotentes. Desde el origen humilde y popular de una tira para publicitar electrodomésticos, Mafalda apareció por primera vez el 29 de septiembre de 1964 para cumplir la épica de los desangelados en más de 30 países que la adoptaron como si fuera propia, todavía mucho tiempo después de que Quino anunciara que se había quedado sin ideas, en 1973.

Un día antes de dejarle el mundo, Joaquín Lavado celebró los 56 años de Mafalda. En una de sus últimas entrevistas dijo que su personaje hoy estaría preocupada por Trump, que de la muerte lo seducía la posibilidad del suicidio y que la vida, con todos sus dolores, al final, no era para tanto.

88 años después de haber nacido, la vejez lo tenía en una posición incómoda y estaba postrado por un ACV reciente en su casa mendocina de Chacras de Coria. “Paren el mundo que me quiero bajar”. Quino se había hecho grande y el tiempo no tuvo nada que ver con eso. El filo de la lucidez lo ubicó siempre varios escalones por encima de lo que la censura de la dictadura podía alcanzar y desde ahí siguió haciendo las preguntas. Los homenajes en su nombre giran en espiral alrededor de una obra que sigue desnudando al bien, al mal y otras mentiras, mientras la grandeza persiste, como siempre, entre los seres pequeños.

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