Yanina Luponio Sáenz

Docente ADH en Semiología - UNMI4 FCM UNC

columnista alreves.net.ar

ILE, una cuestión de salud mental

 

“Educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir”, el mensaje es claro pero aun existen discursos que se resisten o ponen palos en la rueda a la legalización de la interrupción del embarazo reduciendo una ley de salud pública a una mera práctica médica mecanizada. La realidad es que el aborto es aquello que pretende evitarse, consumir estrategias previas para no tener que sucumbir a la práctica del mismo. Y si debiera realizarse, que este sea en un contexto de cuidado y protección. Esta no es una decisión sencilla de tomar, no es inofensiva para la salud de la persona gestante y mucho menos lo es si debe darse en un marco de violencia explícita, emocional y física, donde corre riesgo la propia vida.

El dualismo filosófico y el paradigma científico occidental (dentro del cual se ha desarrollado el modelo médico hegemónico) son el resultado de la historia de una cultura en particular que no puede disociarse de una historia política y económica que marca la vida de los cuerpos. Existe (porque se ha creado) una moral que construye lo propiamente humano. Esta es la que ha ayudado a separar la razón del cuerpo y a desestimar el segundo por sobre la primera. Vemos en nuestra cotidianeidad como convivimos con y en esta separación y como ella ha propiciado y sostenido en los últimos siglos tantas prácticas de dominación entre seres humanxs, unxs con otrxs , y la naturaleza.

Dentro de este contexto no resulta para nada sorpresivo el bastardeo e ignorancia que ha sufrido la salud mental, no solo dentro del sistema médico y de políticas públicas sino también en el modo en que cada unx define lo que es y sus límites de injerencia, tanto a nivel individual como colectivo. En este sentido, hablar de salud mental en el contexto de la ILE es decisivamente importante, resulta imperioso borrar la barrera que se ha impuesto entre razón –mente y cuerpo para comprender que cualquier vivencia que transite un cuerpo tendrá sus consecuencias a nivel emocional o mental y viceversa.

El derecho a la salud mental es uno por el cual hay que seguir luchando, indagando, tanto a nivel individual como colectivo. En este contexto, darle su lugar, análisis y reconocimiento permite, entre otras cosas, pensar el poder de la retórica médica en la construcción social de cuerpos marginados (ya sean mentales o físicos) y en la vida emocional de lxs gestantes como una manifestación de salud y no como un síntoma de enfermedad. De allí el deber de reconocer el grado de condicionamiento que tiene el contexto legal, político y social en la vivencia de esta experiencia y atender la faceta encarnada de la existencia en los procesos de aborto. La clandestinidad, la posibilidad tangible de muerte, las muertes, la penalización y la condena social no son afines a ninguna pretensión de buena salud mental, ni individual ni colectiva. Hablar de salud mental es hablar de una construcción en comunidad, no hay salud mental si hay estigmatización, no hay salud mental si el derecho no se hace efectivo. Así, queda claro, que no se alude solo a un estado intrapsíquico sino a un ambiente que se construye colectivamente. Los trastornos mentales perinatales son síntomas de trastornos mucho más profundos como lo son el desbarajuste y la disfunción de nuestros entornos humanos que se hacen carne en cuerpos vulnerables y vulnerados; aquí el germen de nuestra responsabilidad política en la construcción de entornos más saludables y dignos.

En un contexto de legalidad la situación es distinta, las consecuencias de la ILE son otras porque la vivencia se enmarca en otro contexto, y esto es importante tanto para los cuerpos gestantes como para el equipo de salud que acompaña el proceso. Sentirse cuidadx significa también que los profesionales puedan contar con un espacio de supervisión personal, un descanso si es necesario, y una estructura de apoyo para, precisamente, poder acompañar con la máxima calidad y entrega estas circunstancias. La legalidad da un marco de cuidado y protección para todxs lxs intervinientes con la propensión de ocasionar el menor grado de daño posible.

 

aborto-prision foto alreves.net.ar

 

La ILE genera un impacto sustancial en la salud de la persona gestante y, sin duda, si queda vedada la posibilidad de elegir sobre el propio cuerpo, las consecuencias sufridas son aún mayores. La experiencia de transitar este proceso no es inocuo, la experiencia encarnada deja marcas para nada inofensivas por tanto, volver al cuerpo puede abrir una puerta interesante, y de más significativa para pensarnos como creadores responsables de la realidad .Este cuerpo no puede reducirse a un objeto, una máquina, un dato biológico o una anatomía sino que es un conjunto de relaciones visibles e invisibles, carnales y psíquicas, de habla o de gestos en donde se expresa quien soy.

Revalorizar el cuerpo y las emociones y el lugar que ocupan en el marco de la ILE abre la puerta a reflexiones importantes que ni empiezan ni acaban en la práctica de la misma ni en las instituciones, mucho menos en situación de ilegalidad, violencia y clandestinidad. Por eso, una vez más en estos días, y en defensa del derecho a la salud, se exige “educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir”.