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Grego Tatián

Periodista

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Instrucciones para manchar una estatua

La relectura histórica del macrismo ensucia permanentemente la historia del General San Martín.

Un 3 de febrero, bajo el cielo argentino y herido sobre el campo de Santa Fe, aquel morochón nacido bajo el nombre de Juan Bautista Cabral pronunció una de las frases más emblemáticas de la historia nacional: “Muero contento, mi General, hemos batido al enemigo”. Ese hombre sencillo, cuyo arrojo salvó la libertad naciente de medio continente, no sabía, por no tener acceso a la clarividencia ni a la futurología, que 202 años después de su muerte gobernarían la Argentina quienes se dedicarían a despreciar sin miramientos la figura del hombre al que acababa de salvar.

El embajador argentino en España, Ramón Puerta, le sumó ayer un capítulo más a esto que ya parece ser una tradición para Cambiemos. Consultado por el diario El País, el embajador lanzó: Dicen que San Martín era español. No estamos en un territorio tan ajeno”. La frase intentaba justificar que la Copa Libertadores haya degenerado en la Copa Conquistadores, llevándola de Buenos Aires a España como si se llevara una joya frágil de la barbarie autóctona a la civilización europea para cuidar que no se rompa.

El 9 de julio de 2016, día del Bicentenario de la Independencia argentina, el presidente Mauricio Macri -cuyo mayor gesto patriótico fue lagrimear mientras el Teatro Colón gritaba “Argentina, Argentina”- dio el puntapié inicial de las profanaciones a la historia argentina. En el acto en Tucumán y en presencia del rey español Juan Carlos, prácticamente pidió perdón por habernos independizado: “Acá es donde un conjunto de ciudadanos se animaron a soñar. Con los gobernadores que estuvimos ahí dentro tratando de pensar y sentir lo que sentirían ellos en ese momento. Claramente, deberían tener angustia de tomar la decisión, querido rey, de separarse de España”. El impacto de la frase incluso relega casi al olvido la horrorosa utilización de los tiempos verbales.

Por si no había quedado claro, en febrero de 2017, Mauricio Macri le entregó la Orden del Libertador General San Martín, distinción máxima posible para un extranjero, a Felipe VI, ya convertido en ese momento en rey de España. Felipe VI, descendiente de Fernando VII, aquel monarca contra el que San Martín arriesgó su vida y libró sus batallas en nuestro suelo. El único antecedente de una imagen así data de la última dictadura cívico militar, cuando el genocida Jorge Rafael Videla le entregó la distinción al rey Juan Carlos.

En agosto de 2017, el Ministerio de Modernización de la ciudad de Buenos Aires hizo un ‘homenaje’ a 167 años de la muerte del General San Martín, y lo calificó en Twitter como “un emprendedor”. Un emprendedor. San Martín, que liberó media América, subido al mismo pedestal que quien se pone una Pyme. La figura mayor de la historia argentina utilizada para reforzar la idea de meritocracia y del esfuerzo individual. Un entrepreneur, en lenguaje macrista.

Por último, difícil olvidar cuando Mauricio Macri, en un almuerzo de agradecimiento a los Granaderos, hizo al General San Martín viajar al pasado luego de su muerte. ¿Imposible? No tanto. “Lo leí, porque me dio curiosidad –les decía Macri a los granaderos en un video que colgó en redes sociales-, porque cuando Rivadavia trajo de vuelta los restos de San Martín, eran sólo siete los que aparecieron con el uniforme a cuidarlo toda la noche”. Difícilmente Rivadavia, uno de los mayores enemigos del Padre de la Patria, pueda haber repatriado sus restos, ya que había tenido la delicadeza de morirse él mismo cinco años antes que San Martín dejara de existir en Boulogne Sur Mer, en Francia.

Cambiemos y el General San Martín, una historia de desencuentros. Cuando el macrismo deje el poder y ya no sea presente sino pasado, la mirada de la historia se volverá hacia atrás y los pondrá a cada uno en su lugar.