Irse lejos, no volver

La posibilidad de una “nueva normalidad” y las inevitables consecuencias económicas de la pandemia ponen al descubierto las falencias de las grandes ciudades. En búsqueda de ambientes más saludables e impedidos de soportar el costo de los alquileres, la mitad de los porteños manifestó intenciones de irse a vivir a otro lugar y un gran porcentaje indicó que se trasladaría al sistema público de acceso a la salud y a la educación.

 viernes, 24-julio-2020

Según un informe, la mitad de los porteños manifestó intenciones de abandonar la ciudad si tuviera posibilidades.


La disruptiva llegada de la pandemia provocó un sismo, no sólo en los Estados del mundo, sino también en la forma de vida de los habitantes. Así como los gobiernos debieron volcarse hacia políticas intervencionistas en pos de proteger la economía y la salud de sus sociedades, muchas personas experimentan un constante cuestionamiento hacia la vida que llevaban hasta antes del coronavirus, pero también con relación a la “nueva normalidad” que se avecina.

Más allá de cualquier proyección temprana que pueda realizarse, existen algunas ideas que prevalecen en estos escenarios de epidemias o “catástrofes” naturales. Una de las sensaciones que aparecen es la “reacción antiurbana” – según precisa el economista Andrés Asiain – en donde algunos habitantes buscan evitar y alejarse de las grandes ciudades porque, entre otras cosas, asocian estos lugares al peligro por la alta densidad poblacional.

De acuerdo a un informe del Observatorio Gente en Movimiento, el 50% de los porteños manifestó intenciones de irse a vivir a otra localidad, mientras que un 67% afirmó que la cuarentena hubiera sido más llevadera si existieran mayor cantidad de espacios verdes. Este dato se agrega a lo expresado por Es Vicis – una fundación que trabaja para el desarrollo de pueblos rurales y ayuda a familias a establecerse en esos lugares – quienes señalaron que se triplicó la cantidad de personas que los contactan para lograr escapar de las ciudades, en búsqueda de una mayor tranquilidad.

Otras de las epifanías que surgen en estos convulsionados tiempos, está relacionada con el fracaso del neoliberalismo y, por ende, con el rol fundamental del Estado en circunstancias complejas. Muestra de ello es que la mitad de los ciudadanos de CABA que pagan por el acceso a la salud y a la educación, precisaron que se trasladarían al sistema de gestión pública ante las dificultades económicas que está provocando el coronavirus. El informe realizado por el Observatorio también remarcó que más del 60% de los inquilinos aseguró que iba a tener complicaciones para afrontar el alquiler el próximo mes.

“Hay que pensar en una línea progresista de construcción de la nueva normalidad”, sostuvo Andrés Asiain en una columna publicada en Página 12 hace algunas semanas. Algo similar advirtió el Observatorio Gente en Movimiento frente a la posibilidad de que muchas personas terminen optando por el sistema estatal de salud y de educación, provocando un colapso o saturación de los mismos. “Es necesario pensar en políticas públicas que solucionen estas cuestiones y
mejoren la calidad de vida en la Ciudad”, concluyen.