“La crisis industrial es récord, comparable a los peores años de la dictadura”

Federico Reche es especialista en historia y sociología económica y analiza la caída sin red de la actividad industrial, donde no hay un solo sector que no presente números estrepitosos. Sin embargo, aunque todos están mal, advierte que estos momentos son aprovechados por los grandes grupos económicos para concentrar aún más la riqueza, proceso que se agudiza desde los años 70. Las Pymes, que apuestan al mercado interno y generan el 70% del trabajo argentino, las grandes perdedoras.

 viernes, 15-marzo-2019


Por Camilo Ratti

La colonización del Estado por parte de CEOS de grandes corporaciones está haciendo estragos en el aparato industrial argentino, cuyo uso de la capacidad instala es del 55%, la cifra más baja desde el 2002. Pero los números no son sólo números. Son vidas, proyectos, personas de carne y hueso que ven truncados sus sueños y oportunidades.

De los 130 mil empleos registrados que se perdieron en el último año según el Indec, 61 mil corresponden a la industria, el principal sector que redujo su nivel de empleo.

“La caída del 10,8% en 2018 es récord histórico, sólo comparable a los peores años de la dictadura, que fueron 1978 y 1981” explica Federico Reche a este portal. Especialista en historia y sociología económica de la UNC, incluye al macrismo en el podio de los grandes destructores industriales, con objetivos y consecuencias similares al que implementaron el Terrorismo de Estado de la Junta Militar y el Terrorismo de Mercado con Menem y Cavallo: reprimarizar y extranjerizar la economía, concentrar la riqueza y liquidar el fifty-fifty entre el capital y el trabajo.

El Adn neoliberal

“La desindustrialización va del 76 al 2001 y se retoma con Macri, pero la novedad de hoy es que todos los sectores industriales caen y en niveles muy fuertes”, dice el investigador de la UNC. Algunos datos sustentan su afirmación: 15% de uso de la capacidad instalada en el sector automotriz (clave para Córdoba) y poco más del 30 en la textil, que es gran generadora de empleo.

Los efectos de la timba financiera son devastadores: 27% de caída en la actividad textil (con subsectores vinculados a la producción de vestimenta para el mercado interno que llegan al 51 %), maquinarias y equipos 42 % (aparatos de uso doméstico 56%) maquinaria agrícola 90,3%, vehículos 37% y motocicletas 80%. Todos, rubros estratégicos para la industria cordobesa.

Con una tasa de interés de 60 puntos como única política para contener al dólar, la industria argentina es inviable. “Hay una recesión programada por parte del gobierno, alimentada por un círculo vicioso: apertura indiscriminada de importaciones, aumentos brutales de tarifas que impactan en los costos de producción, caída de la demanda por caída de salarios, inflación y corrida del dólar. Esto impacta en una menor recaudación y por ende con más déficit fiscal”. Y un ajuste feroz, claro.

Para completar este combo explosivo, el macrismo firmó con el FMI un acuerdo que aplicó un impuesto a la exportación de bienes industriales. “Si ya era histórica la baja exportación de productos industriales, porque fundamentalmente exportamos materia prima, este impuesto sólo genera más recesión en el sector”, explica Reche.

La consecuencia inmediata es la pérdida de puestos de trabajo: en el complejo manufacturero, uno de los mayores tomadores de empleos, se perdieron en los tres años de Macri 125 mil empleos.

El desmadre se siente, y mucho, en Córdoba, que es con Buenos Aires y Santa Fe el corazón industrial del país. El último relevamiento de la Unión Industrial de Córdoba –que todos los meses mide la actividad industrial y las expectativas- es la prueba de la desazón y el desencanto de un sector que apoyó al gobierno amarillo: en marzo casi el 55% expresó que el nivel de actividad en su empresa disminuyó en relación al año anterior y el 28 % respondió que está estancada.

Concentración y extranjerización

“A río revuelto, ganancia de pescadores” dice el refrán. En estos momentos de crisis, los que pierden en serio son las Pymes, que apuestan al mercado interno, son proveedoras de las grandes empresas y generan el 70% del trabajo nacional. Y los ganadores los pulpos económicos, que además de extranjerizar sus capitales, tienen diversificadas sus inversiones: apuestan a la industria, fundamentalmente a la exportación de alimentos o productos semindustriales, pero también al campo, los servicios y las finanzas.

“Son los grandes los que tienen espalda para aguantar la crisis. La novedad del macrismo es que entregó el Estado a los CEOS y desmanteló toda regulación estatal. Los problemas que existen se dan por los conflictos entre los distintos grupos económicos que coparon el aparato estatal”, señala Reche.

¿Quiénes la vienen levantando en pala? Sí, los amigos de Macri.

Por más que la situación afecte a todo el espectro industrial, siempre hay ganadores. “Algunos se benefician con la concentración económica, porque cuando queda el tendal de empresas que quiebran, los más grandes se quedan con todo el mercado o con una buena parte de él”.

Precisamente, un problema de fondo de la economía argentina es el altísimo nivel de concentración-extranjerización de la economía. “Eso les permite condicionar cada vez con mayor fuerza al Estado y a la política”.

Exactamente lo que viene pasando con toda virulencia y altísima dosis de cinismo presidencial desde el 2015 a la fecha, y es la pregunta central que la ciudadanía debería hacerse antes de entrar al cuarto oscuro, el próximo 27 de octubre. Sobre todo los industriales que hace tres años vienen disparándose en los pies.