“La cuarentena fue la gran movilización social de Argentina”

El psicoanalista y escritor Jorge Alemán analiza el impacto de la pandemia a partir de las desorganizaciones que generó en el orden mundial y observa que las instituciones supranacionales quedaron fuera de juego, mientras las ultraderechas toman las calles sin barbijos en nombre de la libertad y la resistencia argentina se manifiesta en no haberse entregado al matadero propuesto al mundo periférico.

 Miércoles, 29-julio-2020

Ante el desastre que dejó la pandemia en España, Jorge Alemán rescata el esfuerzo argentino por preservar la salud en medio de la debacle económica.


Mientras la Organización Mundial de la Salud ajusta la descripción de la pandemia como “una gran ola” y advierte que no se trata de un fenómeno estacional, el mundo se reacomoda alrededor de la denominada “nueva normalidad” y la observación de la crisis sanitaria pone al descubierto el redireccionamiento de las fuerzas sociales, políticas y también económicas. El psicoanalista y escritor Jorge Alemán, radicado en España desde 1976 y referente del movimiento de intelectuales de Comuna Argentina, observa la situación y la define con la sensación de un “fin de época”.

“Nada va a volver a ser como antes y hay una cierta perplejidad ¿cómo está ocurriendo esto?”; se pregunta, en una entrevista con Nada del Otro Mundo. “En occidente, más allá de las diferencias geopolíticas y la vulnerabilidad de los diferentes lugares, el sentimiento es parecido, apareció un límite a la humanidad, no se puede seguir más así y a la vez no se sabe qué hacer con ese límite”.

El desconcierto, sin embargo, no atraviesa para Alemán la posibilidad de un final al capitalismo como sistema dominante de las relaciones. “En todas partes del mundo sigue el proceso de concentración de capital y el capital busca reproducirse a sí mismo, generar nuevos procesos de acumulación inéditos. Eso va a seguir así aunque esté Mad Max en la calle. Un error que cometen algunos sectores de la izquierda es que creen que si esto estallara al modo Mad Max, el capitalismo finalizaría y no, seguiría con los mismos modos de acumulación”, asegura. “Falta que de un momento a otro apareciera alguna suerte de sujeto histórico, con una alianza entre todas las fuerzas del trabajo, los inmigrantes, las feministas, el empresariado, habría que cruzar varios puentes, además debería ser internacional y ser un movimiento de tipo mundial, porque si no se hace lo que se puede, que ya es mucho. No es lo mismo tener un país que cuidó con la cuarentena a la gente o uno que mandó al muere a todo el mundo. Esas diferencias son sustanciales y no las pierdo de vista, pero si estamos hablando de un proceso transformador, es otra cosa”.

En este punto, Alemán subraya la diferencia que marcó la implementación de una cuarentena temprana, estricta y obligatoria en Argentina, a diferencia de lo que sucedía en la región. “Creo que la cuarentena fue la gran movilización social de Argentina, fue un acto de resistencia, fue no entregarse al matadero que se proponía al mundo periférico. Si se mueren dos millones de personas en ARgentina no se le mueve un pelo a nadie de los países centrales. Se murieron 50 mil en Italia, 48 mil en España y no saben bien cómo continuar aquí. No se van a estar preocupando por lo que pasa allá. Ya cerraron las fronteras y se acabó. En ese aspecto valoro muchísimo la gestión de quienes han tratado de proteger a su patria y a los suyos”, dice.

En la dirección contraria, las manifestaciones de grupos de ultraderecha que desafían las restricciones y reclaman “más libertad” en tiempos de pandemia, Alemán pone el foco en el avance de una reacción que distingue del fascismo, como describió en su artículo “La artillería ideológica de las derechas mundiales”; publicado en Página 12 . “La ultraderecha es un nuevo fenómeno que ha borrado las fronteras con las derechas clásicas y conservadoras y se benefician de esta especie de idea delirante que se viene expandiendo de que los políticos están robando y después son los extranjeros, los comunistas, los progresistas. Toman la calle con el reclamod e libertad, no se ponen el barbijo, dicen que te ponen un chip para dominarte, que atrás de esto está Soros, los judíos, en definitiva hay una conezxión entre paranoia, evangelismo y ultraderechas, que no son los fascismos históricos, sino que son una especie de plan b del neoliberalismo. Si funcionan con los partidos democráticos bien, si no tenemos a estos. Por otro lado, estas contradicciones que le vienen al FMI y a algunos millonarios en el mundo, todas las organizaciones mundiales están al límite porque no valen nada, se han revelado como obsoletas y sin ninguna capacidad. Entonces empiezan a tener discursos conciliadores, pero eso no garantiza nada. Lo que están buscando es un lugar. Una de las cosas que ha mostrado esta pandemia es que las organizaciones internacionales supranacionales han quedado afuera del juego”, concluye.