La ficción de las plataformas

Las políticas neoliberales de Mauricio Macri sumado al desempleo y la informalidad en el mercado laboral, propiciaron las condiciones para el desembarco de las plataformas de reparto en nuestro país. Con la promesa de autonomía y flexibilidad horaria, construyeron una ficción que colisiona con la realidad de les trabajadores: más del 80% trabaja 6 o 7 días por semana, con un promedio de 48 horas semanales y perciben ingresos por debajo de la línea de pobreza.

 miércoles, 4-noviembre-2020

Un estudio de la investigadora Julieta Haidar desenmascara el constante monitoreo y control de las plataformas, a cambio de un supuesto "emprendurismo" ficcional.


Surgidas luego de la crisis del 2008, las plataformas de reparto aparecieron como una provechosa oportunidad de inversión para el capital de riesgo. El desembarco en Argentina se produjo en el 2018 durante el gobierno de Mauricio Macri, que propició las condiciones óptimas para las multinacionales como Rappi, Glovo, Pedidos Ya! y UberEats. Las políticas neoliberales, un mercado laboral caracterizado por el desempleo y la informalidad, y la llegada de numerosos grupos de inmigrantes – principalmente venezolanos – con necesidad de trabajo, favorecieron la instalación y expansión de estas empresas.

De acuerdo a un informe del Instituto Gino Germani de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, las plataformas prometen autonomía y flexibilidad, incentivando la figura del “emprendedor” sin relaciones contractuales ni jerárquicas. Sin embargo, ocultan una nueva forma de organizar el trabajo, basada fundamentalmente en “prácticas de supervisión, gobernanza y control sobre los trabajadores llevadas a cabo por algoritmos de software”. Mientras les hacen creer que todo opera de manera “justa” sin intervención empresarial, se desentienden de la seguridad social y pisotean los derechos laborales de miles de personas.

El monitoreo constante del movimiento y el comportamiento de les repartidores; la evaluación permanente del desempeño bajo un sistema de ranking, premios y castigos; la implementación de decisiones arbitrarias y unilaterales; y la poca transparencia de los algoritmos que buscan “acelerar los procesos productivos e incrementar la productividad, fomentar la disciplina y la competencia”, son algunos de los aspectos que conforman la trama de terror que proponen estas multinacionales a sus trabajadores.

De allí se desprende un desfasaje entre las formas cotidianas de trabajo y el imaginario construido: más del 80% de les repartidores trabajan de lunes a lunes, en franjas horarias fijas, con un promedio de 48 horas semanales y por un monto aproximado de 40.228 pesos mensuales incluyendo propinas (sin tener en cuenta gastos fijos como el pago del celular, el monotributo, ni el mantenimiento del vehículo). No obstante, al ser consultados por las valoraciones positivas de su fuente laboral, un 74% señaló “la organización flexible de los horarios”, un 44% la “autonomía/independencia” y un 30% los “ingresos obtenidos”. El viso de realidad apareció en el ítem “remuneración según tu propio esfuerzo”: sólo un 6% lo evaluó como un aspecto positivo.

Consultados por las características de un trabajo “ideal”, un 45% hizo hincapié en el reconocimiento de los derechos laborales y un 36% en “un buen salario”. Sólo un 7% mencionó la autonomía/independencia y la flexibilidad horaria. “Los individuos, aquí repartidores y repartidoras, se ven expuestos a esfuerzos de inducción dirigidos y planificados y a su vez en forma dirigida y planificada se inducen a sí mismos”, remarca el informe a cargo de Julieta Haidar, doctora en Ciencias Sociales e investigadora de Conicet. El estudio se basó en 401 encuestas y entrevistas en profundidad a trabajadoras, trabajadores y activistas, realizadas entre julio y agosto de 2020 en la Ciudad de Buenos Aires.