Darío Pignotti

Periodista

columnista alreves.net.ar

La historia de amor de dos neofascistas

 

Más que amor es frenesí. Jair Bolsonaro le dijo “I love you” al oído a Donald Trump en Nueva York ante la mirada de diplomáticos y asesores de ambos gobiernos durante un intervalo de la Asamblea de Naciones Unidas de 2019 en Nueva York.

Ese gesto resume la nueva política externa brasileña y el tipo de la alianza establecida por Bolsonaro con su colega, de quien se declaró un “hincha” el jueves último cuando reiteró que lo apoya en los comicios de este martes frente a Joe Biden.

“Lo que Bolsonaro siente Trump es una pasión”, plantea el geógrafo y cientista social estadounidense Brian Mier, en este diálogo con Página 12.

Fuentes diplomáticas y militares manifestaron preocupación ante el escenario que le espera a Brasilia en caso de que se imponga el demócrata Joe Biden, publicaron este lunes los diarios Folha y Estado de San Pablo. El mandatario puede quedar “más aislado de lo que ya está”, escribió Estado.

Al hacer un proselitismo exagerado por el candidato del Partido Republicano, Bolsonaro se envolvió de cuerpo entero con el trumpismo y al parecer no tiene un Plan B, dice la prensa conservadora.

“Si Trump pierde, Bolsonaro también va a sufrir una derrota que lo desgastará bastante”, analiza Brian Mier, que tiene una columna en la progresista TV 247.

El hipotético traspié en las elecciones estadounidenses puede repercutir, además, en el plano interno ya que el ocupante del Palacio del Planalto se presenta ante su claque más extremista como una versión nativa de su socio mayor.

“Bolsonaro es un émulo de Trump (…), Trump lo convenció de usar la cloroquina contra el coronavirus y Bolsonaro la propagandizó en Brasil “, comenta Mier .

“Si vemos el plano ideológico Trump adopta posiciones de ultraderecha por oportunismo, para agradar a sus electores, al contrario de Bolsonaro que es un neofascista que siempre reivindicó la dictadura. Bolsonaro es aún peor que Trump”.

Con el guiño del gobierno brasileño grupos de ultraderecha portaron banderas norteamericanas y vivaron a Trump en varios actos a favor del golpe de estado convocados meses atrás en Brasilia y volvieron a hacerlo este domingo en San Pablo durante una protesta contra la vacuna china, o “Vachina”.

Los ataques al fármaco Coronavac, del laboratorio chino Sinovac, y la resistencia a aceptar la tecnología de quinta generación de la firma Huawei, son parte del arsenal lanzado por Brasilia contra Beijing, en acuerdo con el gobierno estadounidense que en menos de un mes envió de visita al secretario de Estado Mike Pompeo y al Consejero de Seguridad Nacional, Robert O´Brien. Las conversaciones de funcionarios brasileños con Pompeo fueron clasificadas como secretas y sólo podrán tener publicidad en 2035.

Progresistas con Biden

En el campo opositor a Bolsonaro, los referentes progresistas y de izquierda se posicionaron, en parte, del lado de Joe Biden. No porque se le atribuyan posiciones avanzadas en materia de política externa, sino porque un gobierno del Partido Demócrata difícilmente mantendrá con Bolsonaro un vínculo tan fluido como el que cultiva Trump.

Brian Mier explica que no hay ninguna simpatía desde la izquierda del Partido Demócrata hacia el capitán retirado del Ejército, especialmente por sus políticas ambientalistas, frente a la comunidad LGBT y en materia de derechos humanos. Desde el establishment demócrata, incluyendo a Biden, tampoco se aprueba al ahijado de Trump pero es improbable que si el partido retorna a la Casa Blanca se adopten posiciones francamente rupturista con Brasilia.

Durante uno de los debates televisado con Trump, Biden avisó que podrá aplicar sanciones económicas a Brasil si no pone freno a la devastación de la Amazonia. Una indígena oriunda de la floresta, Alessandra Korap, de la etnia Munduruku, recibió el premio Robert F. Kennedy de los derechos humanos entregado en una ceremonia virtual en la cual se anunció la presencia del ex secretario de Estado John Kerry, un hombre de peso en el equipo de campaña de Biden. Señales que no deben ser subestimadas.

Celso Amorim, canciller durante los dos mandatos de Luiz Inácio Lula da Silva, afirma que será “muy importante para Brasil” una victoria de Biden a la que compara con la elección de Jimmy Carter en los comicios norteamericanos de 1976, durante la dictadura del general Ernesto Geisel. En 1977, durante el primer año de gobierno de su marido, la primera dama Rosalynn Carter viajó a Brasilia donde requirió informaciones sobre muertos y prisioneros políticos, causando la recordada indignación de Geisel.

En 1978 el propio Carter desembarcó en Brasil donde, además de reunirse con las autoridades, conversó reservadamente, con el arzobispo de San Pablo, el cardenal Paulo Evaristo Arns, quien lo puso al corriente de las violaciones a los derechos humanos.

Mier, radicado en San Pablo, coindice con Amorim respecto del apoyo a Biden, “para Brasil no es lo mismo un triunfo demócrata que un triunfo republicano”. “No se puede ser nihilista, no se puede votar en blanco este martes, a pesar de las pequeñas diferencias que existen entre Biden y Trump, Biden es mejor para el pueblo brasileño”.

Mier menciona que con Biden en la Casa Blanca Bolsonaro perderá un aliado importante en su campaña hacia la reelección en 2022, y prevé que los demócratas respaldarán a algún candidato de la derecha clásica no fascista, “seguramente al Partido de la Socialdemocracia Brasileña con quienes tienen muy buenas relaciones desde hace años”.

Plantea que Biden tiene sensibilidad sobre derechos humanos y que en 2014 el entonces vicepresidente norteamericano le entregó a la presidenta, Dilma Rousseff, un dossier con documentos desclasificados destinados a la Comisión de la Verdad sobre la dictadura. Sin embargo, dos años más tarde, el el mismo Biden regresó a Brasilia para reconocer a Michel Temer ungido presidente tras el golpe que derrocó a Rousseff.

“Biden no es más amigo de la izquierda brasileña y latinoamericana que Trump. La diferencia está en que dentro del Partido Demócrata existe un ala izquierda y un grupo de congresistas que responden a ella, y son fuerzas que generan presión. En cambio en el Partido Republicano no hay ningún grupo progresista”, compara.

Publicada en Página 12.