Darío Gomez Pucheta

Dr. en Adm. y Políticas Públicas.

columnista alreves.net.ar

La ignorancia es la fuerza (neoliberal)

 

Han transcurrido 16 meses desde que se declaró la pandemia a nivel mundial. La humanidad paso por un primer momento de impacto ante la inédita situación, respondiendo con solidaridad y la esperanza de aprender a vivir de una manera simple, reduciendo la competencia y la mercantilización de la vida. Sin embargo, con el pasar de los meses las fuerzas del mercado parecen lograr posicionarse y forzar una vuelta a la “normalidad” que durante décadas instauraron con la globalización.

La Cumbre de Líderes Mundiales organizada por Naciones Unidas [1] realizada en abril del corriente año, tuvo como novedad la convocatoria del presidente de los EE UU como unas de las principales economías contaminantes del planeta, el compromiso de reducir la emisión de gases efecto invernadero en un 50-52% respecto al año 2005 y el compromiso de Canadá, Japón, Brasil y la República de Corea en desalentar las emisiones de carbono hasta alcanzar neutralidad en el 2050.

Los Estados Nacionales se encuentran asumiendo compromisos desde sus gobiernos que responden a las demandas sociales, pero sobre todo al impacto que las reacciones de la naturaleza provocan en las dinámicas económicas y sociales, lo que tiene como consecuencia la escasez de maniobras para evitar las crisis sociales, devenidas de la crisis climática y ambiental. El Covid 19 es el más fiel impacto de lo ingobernable que puede ser la naturaleza.

La expansión de la comunicación digital y virtual, representa una materialización forzada de transformación cultural que tiene implicancias en las principales instituciones sociales (particularmente en el mundo occidental) interpelando subjetivamente a la convivencia familiar, el trabajo, el placer, el ocio y la recreación.

Las pantallas hegemonizan nuestras vidas, las cámaras y los micrófonos son portados por cada una de las personas produciendo una compleja red de control y vigilancia, propiedad de unas pocas empresas sin nacionalidad (aunque tienen su origen en Silicon Valley- California) pudiendo influir en elecciones presidenciales [2] y hasta bloquear (o censurar) al mismísimo presidente de los EE UU [3] .

La realidad descripta, se asemeja o supera la literatura distopica del siglo pasado y el cine de los últimos años, en la que se relata y proyecta imaginariamente un futuro caótico, con un planeta con su flora y fauna destruido, gobernado por la robótica e inteligencia artificial.

Como ejemplo, recordemos la novela 1984 de George Orwell, que describe una sociedad policial, en la que el estado ha conseguido un control abrumador sobre los individuo, relatando un gobierno que cuenta con un Ministerio de la Verdad que regulaba el lenguaje de Oceanía (el país ficticio dónde transcurre la historia) producen diarios, libros, películas y las telepantallas por las que hasta se despierta a las personas con mensajes de vos, le indican los ejercicios que deben realizar y son vigilados todo el tiempo; los protagonistas deciden resistir y para poder encontrarse y dialogar sin controles debían buscar inhóspitos espacios donde el “Gran Hermano” no pudiera vigilarles. Un bosque era uno de ellos.

Uno de los eslogan del partido era “la ignorancia es la fuerza” [4] . La semejanza con las ideas neoliberales y las consecuencias prácticas de las acciones que promueve la oposición y sostuvo durante su gobierno son una tétrica coincidencia.

La modificación por Decreto de Necesidad y Urgencia (267/15 ) de la democrática Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual (Ley N°26.522) que fue una construcción de décadas para superar la Ley Nacional de Radiodifusión de la última dictadura cívico militar (Ley/Decreto N° 22.285), con la participación de múltiples espacios sociales, universidades y la aprobación del Congreso Nacional, parece ser la forma en la que el Macrismo instauro su “Ministerio de la Verdad”, que en lo material es la concentración de la comunicación y la construcción cultural en un monopolio empresario del que el partido que gobernó durante cuatro años es su representante.

La consecuencia es un hegemonismo discursivo de construcción de “verdad” en la que las ideas neoliberales son un monocorde y sincronizado relato que defiende las ideas del mercado, asociadas a una supuesta libertad que este garantizaría y un orden en el que se posterga a las amplias mayorías de la población, a la que forzosamente se les impone la “paz social”, siempre que esta nos reclamen por sus derechos.

¿Todavía se puede creer que el mercado garantiza libertad y paz social? ¿Es democrático el mercado? ¿Es posible continuar en esa “normalidad” pre pandémica cuándo el planeta no soporta tanta presión y explotación de recursos? ¿Es todavía creíble hablar de “progreso o desarrollo” cuando la pobreza producto del hegemonismo neoliberal por más de tres décadas (y a pesar de los esfuerzos de los gobiernos por distribuir recursos) alcanzo a 1 de cada 3 latinoamericanos [5] ?

Ignorancia según su definición es el hecho de desconocer algo. El neoliberalismo culturalmente produce desconocimiento y fragmentación de la realidad, que primero desconecta a las personas de la naturaleza en busca del “progreso”; promueve la explotación y extracción de recursos de la naturaleza para el “desarrollo”, pero nunca se explica que este es para algunas personas que viven en algunas ciudades del mundo y que esa región de la que se extraen los recursos en el futuro carecerá de ellos y la intervención del hábitat traerá mayores pérdidas en biodiversidad, condiciones de salud pública y paisaje. Luego, tampoco se cuenta dónde se realiza la producción de bienes con esa materia prima, en qué condiciones y quienes trabajan en la producción. Nuevamente el ciudadano, devenido en consumidor, ignora la explotación de la naturaleza, de las personas y el destino final de los desechos producto del “progreso”.

El neoliberalismo, nos desapropia de la naturaleza en “estado natural” asociándola al atraso, para ofrecernos naturaleza mercantilizada mediante el turismo; nos enfoca en el presente y el “progreso del futuro” negando la historia y las conquistas sociales. Nos vende ciudades globales (París, New York o Berlín) y nos niega Malvinas Argentinas, Famatina o Barrio Ituzaingo.

Promover la ignorancia de los proceso, la historia, el funcionamiento de la naturaleza y nuestra ineludible vinculación con ella parece ser la fuerza que el neoliberalismo emplea para controlar la vida creativa y de resiliencia que el ambiente con nosotres en ella puede producir.

Superar el neoliberalismo, será una tarea superior a la de un partido. Será el cuidado en la que va la vida de millones de personas y el ambiente. La herramienta es conocer, vincular, encontrarse y promover la vida en sus más diversas formas. La tarea comienza por mirar, escuchar y conectarse con la naturaleza y aquellas personas que el neoliberalismo y sus medios propone que ignoremos.

Si el neoliberalismo y su promoción de ignorancia es la fuerza; deberemos tener el valor de conocer, de conocernos; de encontrarnos, de ser creativos, de cuidar la vida en todas sus formas.

Referencias:
1- La Cumbre de líderes sobre el clima en el Día de la Tierra refuerza la ambición climática Ver referencia
2- Así influyeron Cambridge Analytica y Facebook en la victoria de Trump Ver referencia
También ver: Per Sánchez Pineda, Andrés. Facebook y Google ¿Amenazas personalizadas? Influencia del Big Data en la Política y el Marketing Ver referencia
3- Twitter bloqueó a Trump: así se tomó la decisión. Ver referencia
4- Los otros: “la esclavitud es la libertad, la paz es la guerra”. 1984 George Orwell.
5- La pobreza llegó a su nivel más alto en los últimos 12 años, afectando a un 33,7% de la población, es decir, uno de cada tres latinoamericanos lo está pasando muy mal. Ver referencia