La libertad de los esclavos modernos

En nombre de la libertad y la modernidad, miles y miles de jóvenes desempleados no tienen otra que terminar haciendo lo mismo que Chaplin en Tiempos modernos, pero arriba de una bici.

 viernes, 8-mayo-2020


Por Cristian Maldonado

Recién hablamos con Romina, una trabajadora de Rappi. Ayer la policía los reprimió cuando protestaban por sus espantosas condiciones laborales. Están en el podio de los trabajadores más precarizados del país. Trabajan sin límites de horas, ni máximos ni mínimos, no tienen salario fijo, ni vacaciones, ni aguinaldo, ni días libres, ni indemnización, ni cobertura de riesgo, aunque están día y noche pedaleando en la calle por 400 pesos diarios. Sí tienen que: poner su bici, poner la mochila, poner el celular, poner los datos del celu y también poner el monotributo. Ahora además ponen de su propio bolsillo los guantes, los barbijos y el alcohol en gel. Un modelo de negocio espectacular, de la bicicleta financiera a la bicicleta de Rappi. Ahora además comparten los pocos pedidos que hay con los montones de repartidores nuevos que se acercan producto de la crisis que la pandemia agudizó. Cuando tienen un accidente en la calle, los jefes no les preguntan cómo están ellos y ellas, les preguntan cómo está la piza que llevaban. Cuando los despiden, ni siquiera les avisan, simplemente los bloquean de la aplicación. Así nomás. Aunque antes de ese despido moderno los motiven diciéndoles “Vos sos tu propio jefe”.

Y no se trata de una cooperativa que estira las monedas hasta convertirlas en alambre, o de una pequeña pyme cansada de administrar miseria, no, de ninguna manera. Rappi es una empresa colombiana que ya a fines de 2018 fue valorada en 1000 millones de dólares, y que después logró que el poderoso grupo japonés SoftBank hiciera una inversión por otros 1000 millones de dólares, en la que se conoce hasta el momento como la mayor inversión de este tipo para una compañía tecnológica latinoamericana. Ahora tiene una valoración que ronda los US$2.500 millones de dólares.

En nombre de la libertad y la modernidad, miles y miles de jóvenes desempleados no tienen otra que terminar haciendo lo mismo que Chaplin en Tiempos modernos, pero arriba de una bici. Y así te modernizan el salario y pulverizan en tiempo récord derechos laborales que costaron más de 200 años de luchas de trabajadores que dejaron sangre, sudor, lágrimas. Aunque para que nadie deje de llamar y sea aún más próspero su modelo de negocios, estas empresas busquen sensibilizarnos emulando a Mascherano con afiches conmovedores en los que nos cuentan que sus trabajadores se convirtieron sencillamente en “Héroes”.

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