La plaga argentina: los cortes de luz

Para el ingeniero Víctor Bronstein, especialista en energía, la pata que falla del sistema eléctrico argentino y genera cortes de luz es la distribución. “Es un monopolio natural”, subraya. Dice que aunque las inversiones no tienen resultados de un día para el otro el macrismo en tres años no mostró avances y pide que el Estado tenga mayor injerencia en la planificación de las inversiones.

 miércoles, 30-enero-2019

Los cortes de luz en medio de días asfixiantes disparan el malhumor social. Comerciantes, fábricas y empresas ponen el grito en el cielo.


Gran parte del territorio de nuestro país sufre una ola de calor insufrible que se agrava con los reiterados cortes de luz. Pero ¿por qué se corta la luz con tanta frecuencia en la Argentina? “La distribución de energía es un monopolio natural en nuestro país y ahí es donde empiezan los problemas”, dice Víctor Bronstein, ingeniero especialista en energía y director del Centro de Estudios, Energía, Política y Sociedad (CEEPYS).

Si bien aclara que hay “un problema de infraestructura” en Argentina y que cuando la gestión era estatal también había cortes, Bronstein hace un breve repaso de cómo se llegó al escenario actual, donde los cortes de luz generan infinitos padecimientos a la población. En la década del ’90, se estableció una estructura que copió el sistema británico impuesto por Margaret Thatcher. “Se dividieron los tres sectores que componen el sistema eléctrico: generación, transporte y distribución.

“En ese momento, cuando Alfonsín dejó la presidencia, el problema que teníamos era de generación”, repasa Bronstein. Con la llegada del menemismo y su proceso privatizador, la generación creció por la competencia. Se creó Cammesa y las empresas necesitaban hacer una gestión de costos eficiente para poder ofertar más barato. “Eso generó mucha inversión en proyectos de energía térmica. Por eso hay tanto porcentaje de generación a gas en nuestra matriz eléctrica. Y en transporte se creó Transener. Ahí las inversiones, aunque sea más o menos, se hicieron”, recuerda el ingeniero.

Sin embargo, en la distribución, la privatización y reparto de empresas por regiones creó usuarios esclavos. “El usuario no puede irse del sistema, está obligado a contratar a la empresa que le toca por zona geográfica. Eso genera el problema de la calidad del servicio. Lo que se eligió fue poner estándares de calidad y multar a las empresas que no los cumplan. El nivel de multas nunca fue demasiado importante: a la empresa le convenía no invertir porque la multa no era muy alta o la podía discutir a nivel judicial. No motivaba la inversión”, explica el titular del CEEPYS.

En nuestro país, las empresas distribuidoras de energía tienen un sistema que les garantiza la cobertura del costo y una rentabilidad razonable, de entre el 10 % y el 15 %, aproximadamente. Hecha la ley, hecha la trampa: según Bronstein, “por las características del empresariado argentino”, empiezan a verse algunas maniobras para aumentar esa rentabilidad. “Las empresas, al tener garantizado el costo más un plus, no se preocupan por tener costos eficientes. Es más: a veces hacen trampas y algunos proveedores pertenecen al mismo grupo empresario”, remarca. Ahí la ganancia ya supera largamente los montos establecidos, ya que esos proveedores disfrazados también tienen su margen de ganancia, que luego la empresa madre incluye como costos.

Este fue el escenario que generó la falta de inversiones que hoy tienen como consecuencia que, ante una suba de la demanda por altas temperaturas, el sistema colapse y haya cortes. Para Bronstein, “el sistema está en estado crítico en relación al consumo” y “las inversiones no siguieron las necesidades de consumo”, que también cambió por los avances tecnológicos y la proliferación de equipos de aire acondicionado, por dar un ejemplo.

¿Y cómo podría resolverse este problema? Para Bronstein, una solución podría ser “que el Estado tenga más injerencia en las planificaciones de las inversiones empresariales”. Ahora, lo que hace es multar cuando no se cumplen los estándares de calidad, pero no acompaña el proceso. “Hay que repensar la estructura del sector. Aumentaron las tarifas 1500 % y seguimos con los mismos problemas. Es cierto que las inversiones no tienen resultados de un día para el otro, pero ya pasaron tres años (de gestión de Cambiemos)”, concluye Bronstein.