La risa es salud

27
octubre
2021

La risa es salud

Ante la constante amenaza de la muerte, irrumpieron los memes. Con su creatividad, favorecieron la aparición de emociones positivas y una mejor capacidad para enfrentar la pandemia.

Damián Fraticelli, semiólogo e investigador de la UBA-UNA, consideró que el humor permitió tomar distancia de la tragedia y aplacar su lógica seria, propagándose rápidamente a través de redes sociales durante las 24 horas los siete días de la semana.

En Argentina, la producción risible estuvo centrada inicialmente en lo cómico – “reírse del otro” – hasta que el virus llegó al país. A partir de ese momento, sobrevino el humor como una forma de reírnos de nosotros mismos al convertirnos también en víctimas de la covid.

Reír para no llorar

La ingrata sorpresa que representó la pandemia para toda la humanidad nos recordó nuestra mortalidad.

En el aislamiento y sumergidos en las pantallas durante largas horas, la producción de memes y videos lograron hacernos reír y olvidarnos – aunque sea por un ratito – del miedo soplándonos en la nuca.

De acuerdo a un estudio de APA, los memes favorecieron la aparición de emociones positivas y ayudaron a sobrellevar la ansiedad y el estrés.

También provocaron sentimientos de mayor seguridad frente a la pandemia y más receptividad a los mensajes subyacentes relacionados con las amenazas para la salud.

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La viralización del humor

Para Sigmund Freud el acto humorístico es liberador y conduce a que el severo superyó rechace la realidad y sirva a una ilusión de manera circunstancial.

Hacia allí estuvo dirigida la producción risible durante la pandemia, que buscó mitigar el dolor y encontrar una hendija por donde se filtre la risa.

Sobre este fenómeno, hablamos con Damián Fraticelli, profesor de Semiótica de Redes en la Carrera de Ciencias de la Comunicación en la UBA e investigador del tema.

“El humor te da un encuadre diferente y te permite tomar distancia del objeto, lo que no significa ausencia de sentimientos sino un aplacamiento de sus lógicas serias”

Damián Fraticelli, Doctor en Ciencias Sociales, Profesor e investigador UBA-UNA.

Frente a la amenaza constante de la muerte y la imposibilidad de dominar la naturaleza, irrumpieron con fuerza los memes y demás formatos de lo risible.

La producción de humor adquirió una escala que no existía previamente.

Se propagó, se hipermediatizó e ingresó a nuestras prácticas sociales.  

En ese sentido, el investigador señaló que el humor en pandemia es incomparable con otro momento histórico. Antes, el broadcast establecía horarios y días para una producción risible que, muchas veces, sufría censuras previas. “Tato Bores se reía de la inflación o de la Dictadura una vez a la semana y en un horario fijo”, recordó.

Ahora las redes sociales escapan a las reglas institucionales. A su vez, quienes despliegan su creatividad en las plataformas, generalmente son fuentes anónimas que consiguen la atención de miles de usuarios que luego compartirán esos contenidos en sus cuentas y en las charlas con sus amigues, compañeres y familiares.

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Memeterapia

En relación a nuestro país, las fábricas virtuales de lo risible atravesaron dos momentos muy diferentes.

Según detalló Fraticelli, se pasó de lo “cómico” al “humor” en función de la cercanía geográfica del virus y la posibilidad real de ser víctimas de la pandemia.

De esa manera, el inicio estuvo marcado por un predominio de “reírse del otro” como una estrategia de cohesión social frente a una amenaza global.

 “Algunos memes bromeaban con la idea de que el virus iba a durar poco porque venía de China y era de mala calidad”

Damián Fraticelli, docente en Semiótica de redes en la UBA.
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El coronavirus no va a durar mucho porque está hecho en China

Pero la perspectiva cambió cuando el virus ingresó al país. A partir de ese momento, predominó el “humor”, o sea, reírnos de nosotros mismos al reconocernos potenciales víctimas de la pandemia.

Aparecen memes sobre la gente desesperada comprando papel higiénico, o Jesús preguntando si bajaba él o subíamos a festejar Pascuas.

De esa manera, Fraticelli explicó que lo “cómico” quedó anclado a colectivos mediáticos  – tuiteros, facebookeros, instagrameros – e identitarios – oficialismo y oposición política – con chistes vinculados a Alberto Fernández y las filminas; o las vacunas y sus efectos, entre otras.

Si bien el investigador no profundizó en las estrategias de producción de humor que llevaron adelante otros países, recordó que en España surgió una cuenta que tuiteaba como si fuera el propio “coronavirus”. “COVID-19 OFICIAL. Soy pandemia. La RAE me hizo mujer”, reza delirante en su breve descripción.

Sin manuales de estilo claros, las plataformas se transformaron en el escenario donde el humor y sus diversos formatos defendieron la alegría como una trinchera y como algo inevitable frente a tanto dolor.

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