La salida colectiva

18
noviembre
2021

La salida colectiva

Con un 46% de pobreza en Córdoba, las organizaciones sociales fueron las encargadas de gestionar los alimentos para asistir a las familias durante la pandemia.

De acuerdo a un relevamiento de la UNC, la mayoría de estos colectivos realizaron un enorme esfuerzo para dar respuestas a demandas de trabajo, salud y violencia de género.

Mientras los aportes de la Iglesia y las empresas fueron escasos, el 50% del apoyo que lograron gestionar provino del Estado.

Presente pero insuficiente

La irrupción de la pandemia dejó al descubierto la desigualdad estructural que golpea a los sectores más vulnerables.

A las políticas neoliberales que destruyeron el bolsillo y la calidad de vida de un 35% de la población, se le sumó la brutal crisis sanitaria que provocó una fuerte recesión de la que se está intentando salir lentamente.

En Córdoba, la pobreza ya alcanza al 46% de la sociedad.

Quienes estuvieron presentes acompañando, asistiendo y gestionando recursos fueron las organizaciones sociales. Funcionaron como “sostén de familia”.  

Cualquiera fuese su ámbito de desarrollo, realizaron un esfuerzo descomunal para dar respuestas a diversas demandas vinculadas con alimentación, trabajo, salud y violencia de género.

De acuerdo a un relevamiento que llevaron a cabo desde la Facultad de Ciencias Sociales de la UNC entre julio y agosto del corriente año, casi el 50% de los colectivos recibieron apoyo estatal.

“Nos dimos cuenta que hubo apoyo del Estado pero fue insuficiente”

Alejandra Domínguez, secretaria de Extensión de la FCS de la UNC

El mayor apoyo lo brindó el Estado Nacional con el 23%. En segundo lugar, se ubicó el Provincial con el 16% y le siguió el Municipal con el 9%.

El resto de los recursos los obtuvieron gracias a las redes que tejieron con otras asociaciones y espacios comunitarios, lo que les permitió fortalecer lazos para enfrentar otras situaciones.

En contraste, el apoyo recibido por parte de la Iglesia y de las empresas no superó el 1%.

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Marcha por Pan, Techo y Trabajo. Foto: La Tinta.

Aprender sobre la marcha

Las 44 organizaciones que respondieron al estudio de la FCS confesaron haberse sentido sobrecargadas frente a la urgencia de brindar soluciones a una multiplicidad de necesidades diferentes.

Dedicaron más tiempo a resolver problemas y, a la vez, aprendieron cómo hacerlo.

En esa adquisición de nuevos conocimientos, el mayor esfuerzo se centró en atender cuestiones de alimentación, educación, salud y violencia de género.

El 64% recibió consultas por violencias de género, el 61% sobre alimentación y el 52% de trabajo, economía popular y salud.

Nueve de cada 10 organizaciones se dedicaron a proveer alimentos en comedores y merenderos comunitarios.

También acompañaron la gestión de políticas y programas alimentarios.

En cuanto a las situaciones de violencia de género en los barrios y territorios, las organizaciones acudieron casi por igual al Ministerio de la Mujer como a redes feministas que se encargaron de orientar a les referentes.

También se vieron obligades a diversificar y multiplicar estrategias para garantizar ingresos económicos; obtener recursos para prevenir el contagio de la covid y asistir a las familias aisladas; y proveer métodos anticonceptivos e información vinculada con la Interrupción legal del Embarazo (ILE) y/o la Interrupción Voluntaria del embarazo (IVE).

Dentro del caótico panorama social, registrar las tareas de contención emocional/afectiva fue lo más complejo del informe.

El 76% de las organizaciones que respondieron a tareas de cuidados, reconoció haber ayudado a sostener a las familias en situaciones de crisis.

Sin importar si eran espacios de DDHH, cooperativas de trabajo y/o centros vecinales, los espacios se cargaron sobre la espalda la función ayudar a los sectores populares.

Una tarea invisibilizada y poco valorada que vienen realizando desde mucho antes del coronavirus y que requiere de una fuerte presencia estatal.

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