Las multiplicadoras del pan

Con gran esfuerzo, las mujeres de los comedores populares de Córdoba garantizan un plato de comida y una copa de leche a muchas familias. En medio de la crisis sanitaria y de un brutal aumento en el precio de los alimentos, tuvieron que reducir los días de entrega de viandas y, en la mayoría de los casos, ponen dinero de su bolsillo para asistir a niñes, embarazadas y adultos mayores.

 miércoles, 2-junio-2021

Quienes están al frente de los comedores populares realizan malabares para poder alimentar a la mayor cantidad de familias posible.


En barcazas y con remos de plástico, las mujeres de los comedores y merenderos populares de Córdoba surfean la enorme ola de la crisis sanitaria, social y económica que castiga a nuestra provincia. A través del ingenio, la generosidad y la larga experiencia en tareas de cuidado, las referentes sociales de los barrios combaten el hambre y la pobreza de cientos de familias.

Con alrededor de 6 mil pesos, Ramona Amaya les prepara la merienda a más de 120 chicos de la Bajada San José. “Cobro la pensión y con la ayuda de mis hijas, compro galletas, yogures, frutas y algunas golosinas”, cuenta quien está al frente del comedor Carita Feliz de la Bajada San José. “Me gustaría dar cena o almuerzo tres veces a la semana, pero no tengo más nada y hace como 4 meses que no nos bajan la mercadería”, se excusa.

La inflación patea para arriba los precios de los alimentos, alejando cada vez más a los sectores vulnerables de un plato de comida y un vaso de leche. “Cuando cobramos el Potenciar Trabajo, ponemos un porcentaje y compramos los productos para preparar y entregar unas 200 raciones”, señala Paola Pérez de La Vaquita en la zona Sur de la ciudad. Además de las donaciones y la ayuda que reciben de la organización social, cada 2 o 3 meses llegan insumos de Nación.

En Ciudad de Mis Sueños, Paola Altamira junto a sus dos hijas sienten los embates de la pandemia: priorizaron la Copa de Leche porque no siempre cuentan con los recursos para preparar almuerzos. Buscar los precios más accesibles en barrios aledaños y disponer del saldo de la Tarjeta Alimentar y las Asignaciones, forman parte de las estrategias de la vecina. “Lo que hago de comer para mis hijos lo hago en gran cantidad para darles de comer a los demás chicos”, relata. “Antes eran 30 niños, ahora vienen casi 50. Y se sumaron embarazadas y adultos mayores”, comenta.

Mientras tanto, en el corredor de Sierras Chicas la red de vecinos/amigos funciona como un verdadero “sostén” a un año y medio de la pandemia. “Está todo muy caro. Tenemos ayuda en los productos secos, pero en lo demás es muy complicado”, indica Carmen Mendoza, integrante de la Red de Comedores de Unquillo. Cada tanto, aparece el aporte del municipio con donaciones de verduras, alitas de pollo y disposición de vehículos para buscar la mercadería. “Nuestra estrategia es hacer comidas rendidoras con guisos y caldos, porque cada día que pasa tenemos menos posibilidad de acceder a los alimentos básicos”, concluyó.