Los jóvenes no tienen quien los escuche

En la tierra del Gabo, las generaciones más jóvenes vienen sufriendo muchos años de soledad. Durante estos últimos días, están siendo protagonistas fundamentales de las masivas movilizaciones en Colombia. A través del baile y las protestas, gritan que “existen” y que necesitan ser “escuchados” en un país que los olvida, los estigmatiza, los reprime y los asesina bajo la sombra siniestra del uribismo.

 viernes, 7-mayo-2021

La convulsión social en Colombia ubica a los jóvenes en el centro de la escena: rezagados y violentados desde hace muchos años.


Lo que parecía un paro nacional dentro de “lo convencional” tomó vuelo propio y se extendió durante más de una semana. Colombia asiste al noveno día consecutivo de movilizaciones masivas en todo el territorio, en donde los reclamos sociales y la indignación acumulada por años se mezclan con el baile de les manifestantes y las balas de plomo que disparan policías y civiles sin piedad. Hay más de 30 muertos.

Olvidados y sufriendo muchos años de soledad, les jóvenes cumplen un rol protagónico en las protestas. “Son quienes sienten de manera más honda la falta de futuro”, analiza Marta Renza, escritora colombiana. La angustia se resume en la frase que expresó uno de los chicos al recibir el almuerzo que el Comité de Paro les proporciona: “en estos días he comido mucho más y mejor que en mi casa en los últimos tiempos”.

Para el sociólogo Alexander Gamba Trimiño, hay un porcentaje muy alto de personas de entre 16 y 23 años que viven en los barrios populares de las grandes ciudades, que no tienen acceso a la educación universitaria y que padecen el desempleo. “Más allá de la represión en las manifestaciones, son los que sufren violencia policial sistemática por ser considerados sujetos peligrosos o ‘vándalos’”, explicó. “En la movilización, estos jóvenes han encontrado la oportunidad de decir ‘existimos: ¡escúchennos!’”, opinó el docente de la Universidad Santo Tomás de Bogotá.

La historia los condena

Los más de 50 años de conflicto armado hasta la firma del Acuerdo de Paz entre el gobierno colombiano y las FARC en el año 2016, contribuyeron a construir la imagen de los jóvenes como un “enemigo interno”. “Muchos de los jóvenes oriundos de sectores populares fueron engañados para ser llevados a áreas rurales, donde el Ejército los mataba y los hacía pasar como guerrilleros en combate”, recuerda el especialista. “Se han reportado 6400 falsos positivos, lo que habla de un desprecio profundo por ellos”, evaluó.

El rol que juega desde las sombras el ex presidente Álvaro Uribe es central en la construcción de la versión colombiana de la “teoría de los dos demonios” que ganó mucha fuerza entre los políticos de centroderecha y los medios de comunicación. “Dijo que los jóvenes forman parte de bandas de criminales organizados que mantienen nexos con Venezuela, que quieren desestabilizar el país y que hay que tratarlos como terroristas”, remarcó el investigador.

A pesar de la cruel historia, “estos jóvenes nacieron en la pequeña paz” y tienen “más capacidad para reclamar derechos”, según definió Alexander Gamba. “Con todas las limitaciones propias de esa naciente ciudadanía, es su voz la que hoy se escucha en las calles”, señaló Marta Renza. “El gobierno se aferra con la fuerza militar al poder. Pero quizás estemos asistiendo al violento ocaso del uribismo”, concluyó el sociólogo.