“Los trabajadores de las aplicaciones no tenemos ningún derecho laboral”

Flexibilización extrema, desprotección legal y el desempleo como única opción empujan a miles de personas a aceptar condiciones inaceptables de trabajo en las aplicaciones de reparto a domicilio. El testimonio de una de sus trabajadoras da cuenta de la precarización disfrazada de modernidad.

 martes, 30-julio-2019

Los trabajadores de las aplicaciones de reparto como Glovo, RAppi o Pedidos Ya denuncian que no tienen ningún derecho laboral contemplado por las aplicaciones que los emplean.


Un repartidor de Glovo fue atropellado mientras llevaba un pedido y cuando avisó al área de soporte lo que había pasado, la respuesta inmediata fue sobre cómo se encontraba el pedido, que mandara una foto para ver cómo había quedado, y ninguna pregunta sobre si necesitaba ayuda o asistencia médica. La situación fue registrada por una periodista de Ámbito Financiero, que se encontraba cerca del lugar del accidente, y replicada hasta volverse viral en las redes sociales.

El repudio fue inmediato y la aplicación debió pedir disculpas públicas y echarle la culpa a la persona que le respondió de esta manera en el chat de soporte al repartidor. Ninguna autocrítica a las políticas internas de la emprea, ninguna aclaración sobre las responsabilidades y obligaciones del empleador, mucho menos de los derechos de quien trabaja para ellos..

Con más de tres mil repartidores estimados en la ciudad de Córdoba, Rappi es otra de las marcas más conocidas de esta nueva modalidad de flexibilización laboral extrema impuesta bajo el manto de la modernización, y desde allí una de sus trabajadoras habló con “Nada del otro mundo” para explicar las condiciones en las que se desempeñan.

“Sinceramente, con mis compañeros y compañeras, cuando nos enteramos del accidente y la respuesta de la empresa, no nos sorprendió. Siempre responden así cada vez que nos pasa algo. Cuando nos tratamos de comunicar con el soporte, que es una línea de atención que supuestamente nos debe dar respuestas cuando tenemos inconvenientes o accidentes en la calle haciendo nuestro trabajo, siempre nos responden así cuando hay accidentes, se manejan de esa forma”, cuenta. “Primero te preguntan por la pizza, o si hay posibilidades, hasta mágicas, de llegar al lugar para entregar el pedido, siempre la prioridad es el beneficio a toda costa de que el pedido llegue, no importa mucho cómo, sabiendo que de esa forma generan ganancias. La prioridad es la ganancia antes que el bienestar del trabajador. Siempre. Es un lema que tienen inculcado cada una de las aplicaciones”, agrega.

De origen colombiano, con inversores de todo el mundo y una valuación en ascenso que llega a los dos mil millones de dólares, Rappi se instaló con el discurso de la velocidad y la confianza y atrae mano de obra con la promesa de ganancias imposibles de lograr. “En la propaganda te dicen que vas a ganar ocho mil pesos semanales, pero no es así”, cuenta la cordobesa. “No tenemos aguinaldo, ni vacaciones, ni ART; ni obra social ni sueldo fijo. Además te tenés que comprar las cosas, las cajas. En Glovo por ejemplo te obligan a pagar por el uso de la aplicación, que son 250 pesos quincenales para poder trabajar. Uno sale y se las rebusca como sea para tratar de llegar a fin de mes, muchas veces no llegamos, pero es lo único que tenemos en el momento. La mayoría de los que trabajamos de esto es porque nos despidieron, o no conseguimos trabajo y necesitamos comer”.

Sin posiblidad de pedir mejores condiciones y mucho menos sindicalizarse, los trabajadores de las aplicaciones tienen además la amenaza de perder lo poco que consiguen con esta forma de trabajo hiperflexible. “Hace poco hubo un caso de tres compañeros que fueron bloqueados por parte de las aplicaciones por tratar de sindicalizarse, y hasta el día de hoy la empresa prefiere no tenerlos dentro de su empresa porque saben que es un riesgo. Todos los trabajadores de las aplicaciones tenemos un enojo terrible por las condiciones en las cuales estamos trabajando, porque básicamente no tenemos ningún tipo de condición ni derecho laboral, y organizarse o luchar por los derechos laborales es un peligro, porque ellos están constantemente atentos a que no pase”, explica.

El mecanismo de las aplicaciones es tan impersonal como siniestro. Los que quieran trabajar con ellos, nunca para ellos, deben acceder a las aplicaciones, algunas mediante un pago, capacitarse en su uso y ponerse a disposición de sus propias reglas. Si no cumplen con alguna de ellas, como por ejemplo hablar mal de la marca, se reservan el derecho de bloquear al repartidor. Un eufemismo para denominar los despidos sin derecho a reclamo. “Desde la computadora de ellos te bloquean a tu celular, entonces no podés trabajar más y no hay ningún tipo de respuesta. Es más, no tienen ni siquiera por qué decirte la razón por la que te bloquean, es la lógica de estas aplicaciones”.