Macrismo puro y duro

“Nadie puede pretender cobrar más de lo que vale su trabajo”, afirmó el Presidente de un país donde los trabajadores han perdido en los últimos tres años el 50 % del valor real de sus ingresos, es decir, la cantidad de bienes y servicios que pueden adquirir con su salario. El mismo Macri que en 1999 sostenía que “cada uno debe estar dispuesto a cobrar lo mínimo que le corresponde por lo que hace” volvió a pedir más flexibilización laboral en la semana que conmemoró el 17 de octubre.

 domingo, 21-octubre-2018


Por Camilo Ratti

Carlos se levanta a las 6 de la mañana para tomar el colectivo que lo lleve a su trabajo, en la otra punta de la ciudad. Tiene hora y media de viaje. Trabaja 50 horas semanales mínimo en una empresa del grupo Techint, el principal holding multinacional que opera en el país, que solo en el sector gasífero obtuvo ganancias del 425% en 2017.

Sin embargo, el imperio que conduce Paolo Rocca no paga horas extras cuando lo manda de viaje, aunque eso implique para Carlos tiempo al volante en una ruta que lo aleja de su casa dos o tres días. Recibe, por todo concepto, 28 mil pesos de bolsillo, que se suman a los 9 mil de su esposa para alimentar, vestir y educar a sus dos hijos, que apenas si los ve los fines de semana. Lo mínimo que establece la Ley de Contrato de Trabajo 20.744 que Macri quiere triturar para beneficio del sector empresario.

Ni hablemos de esparcimiento y vacaciones, los otros derechos –además de vivienda digna, atención sanitaria y jubilación- que contiene la “ley Centeno”, como se la conoce en homenaje a Norberto Centeno, el abogado laboralista que la redactó en 1974 y terminó sus días secuestrado y asesinado por la dictadura militar en 1977.



Este año, con una inflación que rondará el 50 % según todos los pronósticos, Carlos recibió un aumento del 13% en tres cuotas, que es lo que consiguió Uecara, la rama administrativa del gremio de Uocra, cuyos afiliados la pasan aún peor: los medio oficiales que trabajan en Techint cobran un promedio de 10 mil pesos la quincena –ni siquiera están mensualizados-, y de ese paupérrimo ingreso deben destinar un porcentaje para el Fondo de Desempleo. Traducido: los laburantes se financian su futura indemnización en caso de ser despedidos, algo muy frecuente en el rubro.

“Son los jornalizados, laburan por cuadrillas en las calles. Es gente muy humilde, que viene de barrios muy carenciados, que aceptan todo y es el perfil de trabajadores que busca Techint para ese tipo de tareas”, explica Carlos, testigo de la colonización mental experimentada por los más castigados del modelo en curso. “Más del 80% votó a Macri en el 2015, y si bien no hablan de política, y serían los desclasados para la teoría marxista, hoy reconocen que no llegan a fin de mes”.

Claudia, la esposa de Carlos, es psicóloga y trabaja en un programa de la Provincia, como monotributista. Cobra 14.500 pesos por mes por 30 horas semanales y después de pagar cargas sociales, transporte y comida, entre ella y su marido suman poco más de 37 mil pesos mensuales, 13 mil menos de lo que una familia tipo de clase media necesita para acceder –austeramente- a lo que dice el artículo 116 de la Ley de Contrato de Trabajo. “Estoy buscando una changa los fines de semana para complementar mi sueldo, porque no nos alcanza”, cuenta resignado Carlos a este cronista.

Desplome del salario real

El mismísimo 17 de octubre, una semana antes del tratamiento en el Congreso de la ley de Presupuesto, Macri fue Macri. No hubo –o sí- un Durán Barba que le formateara el libreto en la inauguración del Parque Eólico Manantiales Bahr, en Chubut. “Nadie puede pretender cobrar más de lo que vale su trabajo porque deja a cientos de miles de argentinos sin trabajo”, afirmó el Presidente, rodeado para la foto de trabajadores pauperizados.

La realidad de su gobierno habla por sí sola: en comparación con octubre del 2015, los trabajadores han perdido el 50 % de su salario real, es decir, la cantidad de bienes y servicios que pueden adquirir con su sueldo. Sólo este año, la pérdida del poder adquisitivo de los laburantes se ubicará entre el 12 y el 16%, con claras chances de subir al 20 si no se produce una nueva discusión paritaria, como exigen casi todos los gremios. Por lo pronto, la CGT anunció un paro de 36 horas para noviembre, y ¡con movilización!

caída del salario real.

La consecuencia de la concentración de la riqueza se expresa en la caída del salario real.

“El promedio paritario ha sido este año del 22% y la inflación terminará en un 50%. Los trabajadores no solo que no han podido pelear al capital la discusión por la renta, sino que retroceden casi un 50 % de su valor real”, señala a este portal Eugenio Biafore, reconocido abogado laboralista del fuero cordobés.

Datos del departamento de Estadística de la Facultad de Economía de la Universidad Nacional de Río Cuarto, confirman este desplome: la caída de compra del salario real de un trabajador aceitero, que es de los que menos han perdido en términos generales del conjunto de los trabajadores, lleva una pérdida de más del 49%.

Que un solo ingreso ya no alcanza para “parar la olla” es clarísimo, y así lo muestran los datos del Indec sobre el segundo trimestre del 2018, los últimos publicados: 16% de personas ocupadas que buscan empleo y 11,2% de subocupados. Si se cumpliera lo que dice la ley sobre el Salario Mínimo, Vital y Móvil, los 14 millones de trabajadores deberían cobrar 50 mil pesos. En julio de este año el gobierno lo fijó en 10 mil y aprobó un incremento del 25% en cuotas hasta junio del 2019. Sólo entre julio, agosto y septiembre, la inflación fue del 13,5 % y en octubre el propio gobierno reconoció que rondará el 6%.

macri pide mas flexibilizacion laboral.

El Salario Mínimo, Vital y Móvil está muy lejos de lo que debería garantizar según la Ley de Contrato de Trabajo.

Redistribución 0

“El modelo de estabilización neoliberal de Macri propone que la participación de la clase trabajadora en la renta no supere el 20%. El resto se distribuye entre los distintos componentes del capital, encabezados por el financiero, después el capital extractivo, energía, petróleo, y ahora rezagado el capital interno industrial, que necesita un mercado interno, pero que hoy no tiene la potencia para imponer sus condiciones, como lo hacían en los 70 con las dictaduras”, explica Biafore.

“En el siglo pasado la estabilización de las democracias occidentales pasaba por un trabajo digno, ¿cuál va a ser la de este siglo?”, se pregunta el especialista en derecho laboral. La respuesta no parece estar en el actual presidente argentino, quien en 1999, en la agonía del menemismo que tanto apoyó, pedía lo mismo que pide hoy: “Al no poder devaluar lo que tenemos que hacer es bajar los costos, y los salarios son un costo más. Para poder hacernos competitivos, tenemos que encontrar un encuadramiento ético en el cual cada uno debe estar dispuesto a cobrar lo mínimo que le corresponde por lo que hace”.

Lo decía el hombre que heredó un imperio forjado por su padre, que nunca tuvo que tenderse la cama ni prepararse el desayuno. El primogénito del Grupo que hizo su fortuna a costa del Estado –democrático o dictatorial-, y que hace tres años llegó más rápido de la cuenta al vértice de éste con un objetivo de clase: asegurarse de que el “fifty-fifty” sea cosa de un pasado al que nunca más volver.

Si los trabajadores valen nada, poco o mucho es una decisión política, más que económica.