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Susana Andrada

Docente e Investigadora FCS-UNC

columnista alreves.net.ar

Mañana será ley

 

Ayer fui y volví en colectivo a la vigilia, apenas subí vi al menos 4 pañuelos verdes entre los asientos, llevaba el mío atado al cuello. En cada parada del largo recorrido del 18 subió alguna con su esperanza verde como escarapela abrazada al cuerpo. Otras más anónimas, cuando cruzábamos miradas, devolvían una sonrisa o el comentario de “dónde nos dejará el colectivo si ya cortaron la general paz”, “¿habrá empezado la marcha?”

Apenas bajamos sentimos que en las calles era primavera: miles de pañuelos, miles de mujeres jóvenes celebrando la fuerza de la lucha. También había varones. Jóvenes con pañuelos atados a sus mochilas, levantando carteles. Vi madres caminando con sus hijas o sentadas en el piso compartiendo un mate. Y vi otra intentando cruzar un mar de cuerpos para acercar un sándwich a su hija, que como escolta heroica sostenía una gran bandera. “Está desde muy temprano y no ha comido nada”, comentó la madre que no lograba acercarse. La vianda viajó de mano en mano, intercambiaron besos en el aire y grandes sonrisas. La madre se fue, la joven siguió de pie sosteniendo el estandarte.

Sentí la indignación de las jóvenes cuando algún senador o senadora exponían pobres argumentos, descalificantes palabras, o su arenga sonaba a rezo de novena. Y me estallaban en el pecho sus plazos, dignos y convencidos. Eran miles, sentadas en la calle, paradas en las veredas, apretadas casi como un sólo cuerpo, como un gran abrazo.

Salí casi sin moverme, dejándome llevar por la marea, sólo se podía nadar y seguir el rumbo de la corriente.

Ya de regreso en el 18, ni se podían contar los pañuelos, éramos muchas, éramos muches. Estaba particularmente conmovida con la juventud de las manifestantes, con la presencia numerosa de varones. Miré el celular para saber si algún voto se modificaba, pero no, no iba a ser ley. “Perdemos”, comenté a mi amiga en voz alta y con amargura… Me miraron las jóvenes que estaban paradas al lado nuestro con pañuelos. Entonces corregí: “perdemos la votación” y supe que habíamos ganado, que será ley mañana.