Marche un Robin Hood

Un informe económico advierte que en los últimos tres años “la participación de los impuestos que gravan la riqueza y los altos ingresos empeoró drásticamente y se incrementó la imposición al consumo”. El tributarista cordobés Marcos Sequeira dijo que “en general es así” y el economista José María Rinaldi coincidió en que hubo una caída en los ingresos por patrimonio.

 miércoles, 16-enero-2019


Distribuir la riqueza no está ni estuvo nunca en el ideario del macrismo. Y la política fiscal no escapa a esa máxima económica. Según un informe que se conoció hoy, entre 2015 y 2018 creció el peso de los impuestos sobre el consumo que pagan las familias mientras se redujo la participación de los tributos que gravan la riqueza y a los sectores de ingresos altos, consolidando la regresividad de la estructura tributaria argentina.

“La participación de los impuestos que gravan la riqueza y los altos ingresos empeoró drásticamente, pasando de representar el 38% de la recaudación en 2015 a sólo el 30,7% en 2018. Paralelamente, se incrementó la imposición al consumo, que pasó de representar el 46% en 2015 al 55,3% en 2018”, señala el informe de Proyecto Económico, el equipo técnico que conduce la economista y diputada nacional, Fernanda Vallejos.

El trabajo subraya que “desde el año 2015, la administración Cambiemos –con la vuelta a un régimen neoliberal- modificó radicalmente la evolución tributaria anterior, para virar hacia una mayor regresividad”. Y precisa que hay una menor presión tributaria a las empresas a través de una reducción del impuesto a las Ganancias, beneficios a las subsidiarias locales de las multinacionales, y una drástica caída de la incidencia de los impuestos a la propiedad sobre la recaudación total.

Como contrapartida, el macrismo “optó por incrementar la presión fiscal sobre las familias, las pymes, las cooperativas y también eliminó promociones fiscales sectoriales, que en la práctica afectan particularmente a las economías regionales”.

De todas maneras, el informe advierte que esto provocó una caída en los ingresos del Estado: “El costo de una menor recaudación y del peor perfil tributario de la Argentina justificó –en los términos del gobierno- un vertiginoso endeudamiento en divisas, para financiar un déficit fiscal creciente a pesar del ajuste sobre el gasto, para el cual el gobierno no contempla su impacto recesivo sobre la demanda agregada”.

Coincidencia cordobesa

Aunque aclaró que no tener precisiones de los números oficiales, el tributarista Marcos Sequeira coincidió en que la regresividad impositiva se agravó con Cambiemos: “Hubo rebajas en las alícuotas del impuesto a los bienes personales, que también grava manifestaciones de riqueza. Además, se derogó el impuesto a la ganancia mínima presunta que pagaban las empresas por su patrimonio, y se rebajó del 35 al 30% en las alícuotas que tributaban las empresas por ganancias”.

En tanto, el profesor universitario, José María Rinaldi, destacó que “hubo una clara caída en la recaudación por la figura del contribuyente cumplidor de bienes personales”. El otro ingreso fuerte se da a través de Rentas de personas físicas, que según el economista tiene una deformación fuerte: “Más de las dos terceras partes se obtiene en retención en la fuente, esto es en el recibo de sueldo de los empleados y en los pagos de los autónomos. Hay una resolución que establece que todos los honorarios superiores a 10.700 pesos son pasibles de retención del impuesto a las ganancias a una escala progresiva”.

Para alcanzar una justicia distributiva, el equipo de Vallejos propone una reforma “que grave con mayor énfasis a la propiedad, en segundo término a los ingresos y, al mismo tiempo, disminuir el peso de los impuestos al consumo”.