Me gustas cuando enfermas

El economista político Andrea Fumagalli aborda con mucha suspicacia el problema de la producción y distribución de las vacunas contra la covid-19. El pensador italiano apunta a las grandes farmacéuticas y al modelo de negocios basado en una estrategia tanatopolítica, a partir de la cual no siempre es conveniente erradicar completamente una enfermedad.

 miércoles, 12-mayo-2021

El negocio de las vacunas presenta una rentabilidad altísima para el Big Pharma: socialización de los costos de inversión con el fin de favorecer la privatización de las ganancias.


En el medio de la escasez y la demora en la producción y distribución de vacunas en el mundo, aparece la administración de la vida y de la muerte por parte de un sistema capitalista cruel y desalmado.

Para el economista político Andrea Fumagalli, existen dos razones que permiten que las vacunas sean consideradas el instrumento de supervivencia frente a la pandemia y, a la vez, como una herramienta de dominación y control.

En un artículo publicado en Effimera, argumenta que el modelo de negocios de las grandes farmacéuticas se apoya en la tanatopolítica. “Producir vacunas en la cantidad necesaria para erradicar una enfermedad, como sucedió en el decenio pasado con la viruela, no siempre es conveniente”, señala. “En el caso del covid, las mutaciones del virus podrían reiterar la necesidad de vacunación con el tiempo, aumentando las ganancias relativas”, estima.

La segunda razón que esgrime el autor de “Bioeconomía y capitalismo cognitivo” para explicar el problema del abastecimiento y repartimiento de las vacunas contra el coronavirus está relacionada con rol dominante que ejerce la Big Pharma sobre los Estados. Por más que se haya derramado una enorme cantidad de fondos públicos en la investigación y producción de las vacunas, son las empresas privadas las que terminan teniendo la sartén por el mango: deciden el nivel de producción, el precio de venta y la modalidad de producción bajo acuerdos ocultos y no disponibles.

“Es necesario crear una movilización capaz de disputar el monopolio de la distribución de vacunas, con el objetivo de reafirmar que la vacuna es un bien común y que no puede ser una fuente de lucro”, propone. “Ante el peligro de morir, la vacuna gana poder, es un arma de control. Y tenemos que desarrollar el contrapoder”, finaliza.