Camilo Ratti

 

columnista alreves.net.ar

Miseria planificada

Por Camilo Ratti

“Ningún trabajador va a pagar ganancias”, prometía Mauricio Macri en 2015 para seducir a un electorado que terminó comprando el buzón amarillo, fastidiado con la gestión de CFK por el impuesto que le mordía parte de su sueldo. Hoy la discusión es mucho más urgente: 6 de cada 10 trabajadores cobran salarios que están por debajo de la línea de la pobreza, según los últimos datos oficiales del Indec. Son 8,3 millones de personas.

A trece días de terminar el tercer trimestre del 2018, el organismo estadístico debe los resultados del semestre completo, cuando se aceleró una megadevaluación a la que que nadie se anima a ponerle fecha de vencimiento.

Entre junio y agosto el dólar casi se duplicó y eso en la Argentina se traslada directo a precios, fundamentalmente en alimentos, combustibles y tarifas, tres de los bienes y servicios esenciales de la canasta básica, que en julio fue de 20.134 pesos, el piso para que una familia tipo (2 adultos y 2 hijos menores de 18 años) supere el umbral de la pobreza.

El jueves pasado el Indec publicó que la inflación de agosto fue del 3,9 %, la más alta del año, y algunas proyecciones privadas indican que la de septiembre podría estar entre el 5 y el 6 %, producto de la crisis cambiaria. Si se analiza que la mayoría de las negociaciones paritarias han conseguido para esta altura del año aumentos que van del 10 y el 15 %, el porcentaje de asalariados que esté por debajo de la línea de la pobreza superará el 60% del primer trimestre del año.

numeros trabajadores pobres.

De pasar a discutir el impuesto a las ganancias a estar por debajo de la línea de la pobreza.

Misión cumplida

Bajar el costo laboral para “aumentar la competitividad” fue uno de los objetivos centrales de un gobierno que ha concentrado la riqueza en forma escandalosa. La transferencia de ingresos de trabajadores y jubilados se da cuando la moneda se devalúa porque pierde poder adquisitivo, y aumentan las ganancias de quienes tienen su renta en dólares: sector financiero, agroexportador, multinacionales alimenticias (que tienen cartelizado el mercado interno y son formadoras de precios, además de exportar parte de su producción) petroleras y mineras, que además fueron beneficias con quitas impositivas.

Según el informe de coyuntura de agosto del Instituto del Trabajo y la Economía de la Fundación Germán Abdala, “las perspectivas para el empleo son sombrías porque el salario real se desploma. Los asalariados privados registrados llevan perdido un 4,6% de su poder de compra en el año, y un 5,5% en comparación con julio del año pasado”. Para este organismo, el retroceso del poder adquisitivo de los laburantes desde que asumió Cambiemos es del 9 %.

En tanto, para el profesor universitario y economista cordobés, Eduardo González Olguín, en casi tres años la pérdida del salario frente a la inflación fue del 8,2 %. “En diciembre del 2015 un salario promedio era de 15.800,97 pesos, y en junio del 2018 de 29.598,12. El salario aumentó un 87,3 % y la inflación 104 %”.

cada vez más desiguales.

Los trabajadores perdieron la mitad de su capacidad adquisitiva medida en dólares y se profundizó entre los más pobres y los más ricos.

En picada

La volatilidad cambiaria y su consiguiente impacto en los precios deja desactualizada cualquier estadística. Sin embargo, los números del primer semestre del año marcan un piso desde el cual calcular la situación de quienes aportan su fuerza de trabajo al funcionamiento económico.

Para el Observatorio del Derecho Social Central de Trabajadores de la Argentina (CTA Autónoma) el ingreso promedio de los ocupados del primer trimestre de 2018 era de 15.807 pesos, y el salario bruto (no de bolsillo) de los trabajadores registrados del sector privado era en marzo de 28.492 pesos, cuando la Canasta Básica para una familia tipo (2 adultos y 2 chicos) era en abril pasado de 28.899 pesos. Es decir que apenas si alcanzaba para cubrir la canasta que se utiliza como parámetro para medir si una familia es pobre o no.

Otro número que mete miedo es el del Salario Mínimo Vital y Móvil, que el gobierno fijó en 10 mil pesos a partir de julio. Según el Observatorio de la CTA, la proporción de ocupados que percibía en la primera mitad del año un ingreso inferior al SMVM era el 35 %, un tercio de los asalariados registrados.

la pobreza incluye a trabajadores formales.

La pobreza no es exclusiva de desocupados y subocupados, también de trabajadores formales.

Más desigualdad

Además de perder poder adquisitivo, hay otro dato alarmante para el sector del trabajo: la diferencia de ingresos entre los hogares más pobres y los más ricos fue del 1.475 %. La desigualdad creció este año a comparación del anterior, y ni una sola de las medidas implementadas y anunciadas por el gobierno van a torcer esa situación. Al revés, el brutal ajuste que negocia con el FMI para terminar su mandato implicará menos recursos para el circuito económico, que impacta en el bolsillo de trabajadores a través de recortes en educación, salud, tarifas y combustibles para el transporte público.

Con una inflación que hasta el propio gobierno reconoce superará el 40% en diciembre, la pobreza en la Argentina ya no es cosa de desocupados, subocupados o trabajadores en negro, como pasó en la dictadura, el menemismo y la primera Alianza. Desde hace tres años también de quienes reciben un recibo de sueldo, cuya porción de la torta no sólo es cada vez más chiquita, sino que ni siquiera están invitados a esta fiesta de ricos y especuladores.