No es amor, es trabajo

12
noviembre
2021

No es amor, es trabajo

Eso que llaman amor, es trabajo no pago y exige ser conciliado con la vida laboral de las personas.

De los 90 Convenios Colectivos de Trabajo homologados entre el 2018 y el 2021, el 73% incluye alguna disposición que regula el derecho y el acceso a las tareas reproductivas de les trabajadores.

Siete de cada diez normativas apuntan a garantizar el tiempo de cuidado con licencias de maternidad, paternidad y adopción.

Pero todavía falta mucho en materia de asignaciones económicas y servicios que permitan una mejor organización y distribución del trabajo no remunerado.

Hacia la conquista del cuidado

Las demandas del movimiento feminista atraviesan todos los ámbitos. Entre las históricas desigualdades, la mala distribución del trabajo no pago es uno de los grandes reclamos.

Lo que nos fue vendido como “muestras de amor”, en realidad representa el 15,9% del PBI del país.

Ante el piso mínimo que establece la desactualizada Ley de Contrato de Trabajo, son los gremios y sindicatos quienes han buscado ampliar derechos con el objetivo de conciliar la familia con el trabajo.

Según el informe elaborado por el Equipo Latinoamericano de Justicia y Género, de un total de 90 Convenios Colectivos de Trabajo homologados entre 2018-2021, el 73% contiene alguna normativa de ese estilo.

Siete de cada diez incorporaron disposiciones tendientes a regular el tiempo de cuidado. Es decir, licencias por maternidad, paternidad, adopción, parejas del mismo género. También dispensas para cuidado de hije enferme o con discapacidad; reducción de jornada por lactancia; y licencias especiales para fertilización asistida.

Sin embargo, hay un déficit en lo que se refiere a las transferencias económicas y a los servicios de cuidado.

El 22% de los CCT incluye asignaciones, reembolsos, entrega de útiles escolares; mientras que solo el 10% tiene cláusulas que habilitan espacios de cuidado, educación, lactancia y/alimentación, tanto en el lugar de trabajo o por fuera de los mismos.

Gisela Dohm, integrante de ELA, rescató que hubo un cierto avance en la incorporación de los cuidados en la agenda sindical a pesar del déficit existente.

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A seguir participando

Esta semana se renovó la cúpula de la CGT. Sin mayores sorpresas, el triunvirato vuelve a estar ocupado por representantes masculinos.

Si bien esta vez intentaron plasmar el cupo de 30% femenino, las mujeres quedaron relegadas a secretarías y, en muchos casos, compartiendo la titularidad con un hombre.

Casualmente, otro de los puntos centrales del informe del ELA está vinculado con la participación sindical de mujeres en las negociaciones paritarias y, en consecuencia, su posibilidad de incorporar políticas y medidas tendientes a reducir las brechas de género, entre las de cuidado.

Hay un 31% de participación femenina en esas instancias y solo el 15% alcanzó la paridad en los gremios.

Actividades económicas más feminizadas como hoteles, restaurantes, servicios sociales y de salud, y la administración pública registraron porcentajes superiores al 70%.

“Cuando no hay mujeres en los espacios de representación y negociación colectiva, las políticas de cuidado son escasas o inexistentes como es el caso de comercio, industria metalúrgica y transporte”

Gisela Dohm, integrante de ELA

En ese sentido, la investigadora del ELA cuestionó las lógicas institucionales sindicales que operan en contra de la inclusión de las demandas en torno al trabajo no remunerado.

No especificar el mandato de posición en la ley de Cupo Sindical trae como consecuencia la segregación horizontal de las mujeres y su sub-representación.

Además, organizar reuniones paritarias en horarios y espacios a los que no pueden acceder las mujeres expulsa a las trabajadoras y continúa impidiendo una mejor conciliación entre las tareas de cuidado, el mundo laboral y el sindical.

Si tenemos en cuenta que esta foto no abarca a les trabajadores independientes/monotributistes – cuya desprotección es aun mayor en esta materia – la llamada de emergencia al Estado es inminente.

Cocinar, alimentar, limpiar, enseñar y, fundamentalmente, cuidar de otras personas debería poder hacerse bajo la garantía del tiempo, el dinero y los servicios facilitados por el mundo productivo.

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*Por Paula Quinteros

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