“No se vende nada, así no se puede seguir”

Como miles de argentinos, Marcelo Brunori es un comerciante de Mendiolaza que cierra su negocio de pastas ante la caída de las ventas, insumos que no dejan de aumentar y tarifas impagables. “Después de la primera corrida del dólar de mayo la gente desapareció, y eso que había logrado armar una masa de clientes importante”, cuenta decepcionado quien sufre en carne propia los desaciertos de una política económica que destruyó el mercado interno y el consumo.

 jueves, 6-septiembre-2018


Por Camilo Ratti

Cuando comenzaba a hacer pie, luego de dos años de mucho esfuerzo para instalar su producto y ganarse la clientela, la macroeconomía macrista trituró sueños y proyectos de Marcelo Brunori, creador de Marchelo, el negocio de pastas y pizzas que cerrará sus puertas a fin de mes en el Talar de Mendiolaza.

La gastronomía es su pasión, siempre lo fue. Antes de las pastas tuvo pizzerías, con amigos y hermanos. Y es posible que la siga ejerciendo, pero de otro modo. Los costos fijos de un negocio son altísimos en un contexto donde el comercio está en terapia intensiva.

En diálogo con este portal, Brunori explica que hace falta tener mucha espalda para sobrevivir a un invierno económico que parece no va a terminar nunca. “La debacle fuerte empezó en mayo, después de la primera corrida cambiaria. La gente desapareció de golpe y nunca más pudimos remontar esa situación”.

Como la inmensa mayoría de pequeños y medianos comercios que van bajando las persianas todos los días, el dueño de Marchelo siente que hizo todo lo posible para no cerrar el proyecto al que apostó capital y experiencia desde febrero del 2016. “Los primeros años fueron de inversión, de ganarnos un lugar en la zona. Si bien yo tenía pensado solo fabricar para salir a vender, el movimiento dio para atender en mostrador”.

La demanda le permitió incorporar jóvenes que ingresaron por el estímulo de los programas de inserción laboral, con turnos de 4 horas, de lunes a viernes. A pesar de que las pastas funcionan mucho mejor con bajas temperaturas, el verano pasado no fue malo. El 2018 arrancó con perspectivas de un crédito para adquirir maquinaria, pero muy rápido las intenciones pasaron al olvido. “Después de que ocurrió la primera corrida del dólar, en mayo, la gente desapareció de golpe. Y de ahí todo fue en picada, incluso con un invierno frío como éste, ideal para un negocio como el mío. Pero no se vendió nada”.

marchelo cierra sus puertas.

Desde mayo, cuando empezó la megadevaluación, las ventas cayeron de manera estrepitosa.

Tarifas imposibles

“La luz está cerrando muchos negocios”, afirma Brunori, para quien la energía eléctrica en su negocio era el principal costo por el uso de freezer, heladeras y maquinas para hacer sorrentinos y ravioles. No así el gas, ya que si bien los incrementos fueron muy importantes, en su caso no tenían mucha incidencia en el producto que elaboraba.

“El otro día fuí a comprar a un mercadito histórico del Talar, que trabaja muy bien y lo atiende toda una familia, y la dueña me dijo que vivía en Epec: la última factura que pagó fue de 30 mil pesos”.

Insumos por las nubes

A la caída en las ventas y las facturas astronómicas, el tercer componente que licuó la rentabilidad son los aumentos de la materia prima. En el caso de Brunori, de la muzzarella y la harina. “La semana pasada me llamó el distribuidor de queso y me dijo que aumentaba un 20 % más. Y la harina tuvo este año 7 u 8 aumentos. Hoy, la bolsa de 50 kilos que costaba hace dos años 300 pesos, está entre 900 y 1000 pesos, una locura”.

Según el entrevistado, antes la harina casi ni se la contabilizaba entre los costos de una pizza o una pasta, por lo poco que incidía en el precio final, pero hoy eso cambió drásticamente. Incluso hubo desabastecimiento, porque los molinos no tenían precio y no entregaban harina. “Tuve varias veces que comprar harina por kilo, lo que te encarece más el producto final”, explica el dueño de Marchelo.

El horizonte no invita a ser optimista, y Brunori lo plantea con absoluta crudeza: “Está difícil la situación, cada quien trata de salvar su pellejo, estamos en medio de la selva donde sólo algunos leones se aseguran tener el estómago lleno y el resto nos convertimos en animales de rapiña e intentamos agarrar lo que podemos”.

Un caso, una historia de las miles que confirman que “la crisis” o la “tormenta”, como la define el Presidente Macri, no son sólo números. Son personas, proyectos que se truncan. La confirmación más cabal de que si la macroeconomía no funciona, no hay esfuerzo ni mérito que alcance.